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Una reacción positiva que no desactiva las cuentas pendientes


14 de junio, 2019

Pichetto BOlsa mercado


Por Eric Ritondale 

 

El peso y los activos locales tomaron muy bien la decisión de ampliar la coalición oficialista ahora rebautizada como Juntos por el Cambio. Más que agregar caudal electoral en forma directa, Pichetto le aporta gobernabilidad a un eventual segundo mandato de Macri, al sumar aliados que faciliten la aprobación de leyes y reformas en el Congreso.

 

Una visión más constructiva de un segundo mandato de Macri también favorece un tránsito hasta las elecciones con mayor tranquilidad cambiaria y financiera, lo que a su vez ayuda a moderar la inflación y mejorar sus chances electorales. Este es el primer “circuito de retroalimentación” o “feedback loop” positivo que activó la decisión de Macri. Aunque falta mucho para que madure el fruto. Para que su efecto pueda amplificarse, las encuestas deben ir acompañando a la fórmula oficialista. De no ser así, el entusiasmo del mercado va a durar poco. El tiempo es tirano.

 

Pero un árbol aún de frutos maduros no puede tapar el bosque. Para volver a crecer sin ajustar más el gasto agregado, deben activarse otros “feedback loops” positivos y mucho más potentes que coaliciones extendidas, encuestas y eventualmente un triunfo electoral. Quiero repetirlo. Hará falta mucho más que un resultado electoral para activar los mecanismos que impulsen la confianza y afiancen la incipiente estabilización.

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La posibilidad de volver a crecer en forma más o menos sostenida manteniendo un tipo de cambio real relativamente similar al actual después de las elecciones hoy parece un desafío enorme, que va a requerir retroalimentaciones positivas y más o menos simultáneas entre una mayor confianza y acceso menos racionado al crédito voluntario, exportaciones dinámicas, condiciones financieras internacionales que sigan siendo favorables y avances en la agenda de reformas. Allí se destaca la consolidación fiscal. El próximo gobierno deberá actuar rápido para seguir emitiendo señales de compromiso fiscal de mediano plazo, en acuerdo con el congreso y los gobernadores.

 

Semejante conjunto de retroalimentaciones positivas le darían sustento a una lenta recuperación, que, acompañada de una lenta desinflación, sería entonces mucho más un efecto, que una causa. En otras palabras, me parece un error creer que el “rebote” económico en 2020 está asegurado o a la vuelta de la esquina.

 

Lo bueno es que hay algunas buenas noticias de fondo para apuntalar la confianza después de las elecciones. El ajuste fiscal ya está en marcha y es importante. Lo malo es que las elecciones, la recesión y las dudas de mediano plazo hasta ahora le han impedido cosechar sus frutos, es decir, que el ajuste fiscal en curso se traduzca en una compresión del riesgo país que bajo otras condiciones signifique la vuelta del crédito a tasas aceptables.

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Otro aspecto alentador es que los vencimientos de deuda de los próximos años con el mercado no son abultados. Los servicios de deuda (capital e intereses) en dólares en 2020 rondan el 3% del PIB y una cifra similar en los años posteriores. No son números alarmantes en sí mismos. A veces se trazan paralelismos con los canjes de deuda que realizaron Uruguay en 2003 o Ucrania en 2015, pero en aquellas ocasiones los servicios de deuda antes de los canjes representaban el 7% y el 9% del PIB, respectivamente. Pero la diferencia es todavía mayor si los servicios se comparan contra otras métricas, por ejemplo, contra las reservas brutas la diferencia es cinco veces más grande.

 

Sin el regreso de la confianza y el crédito va a ser difícil salir rápido de la “trampa de austeridad”, y probablemente con el tiempo algunos posibles “atajos” irán tomando entidad. Pero es temprano para apresurarse. Hay espacio para el optimismo, pero para ayudarlo el nuevo gobierno deberá actuar rápido, dando señales de compromiso que sean  contundentes.

 

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