Concertar para converger

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Por Guillermo J. Sueldo

 

Concertar significa destinar las acciones humanas hacia entendimientos y acuerdos que determinen un orden de ideas y de acciones. En tanto converger implica además de coincidir, dirigirse hacia algo concreto. Entonces la idea es acordar algo para determinar una dirección. En la situación que vive nuestro país, mantener la cerrazón de no acordar ni converger, ineludiblemente nos llevaría al desastre.

 

Es cierto que las materias a tener en cuenta para ello serán diversas, pero debemos atender las de corto, mediano y largo plazo. Sin duda, una reforma política es importante, permitiendo el acceso plural de más fuerzas políticas derribando esta especie de oligopolio del ejercicio electoral, enriqueciendo el Congreso en la búsqueda de mayor participación para acuerdos y convergencias. En el mediano y largo plazo, tal vez una reforma constitucional, que claramente hoy no es prioridad y Dios nos libre que en estas circunstancias se pretenda.

 

Otro punto a tener en cuenta debe basarse en la articulación de medios para lograr el crecimiento sostenible como paso necesario para el desarrollo productivo y regional; además de la educación, el rol del Estado, la responsabilidad fiscal, el sistema previsional y laboral, la democratización de los sindicatos y la reforma del sistema impositivo.

 

Todo ello debe tener como cimiento un programa acordado que se dirija a colocar a la Argentina hacia el horizonte de los países avanzados en la iniciación de un ciclo virtuoso, saliendo del círculo vicioso de experiencias fallidas.

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Por supuesto, debe desterrarse la idea de imposición y basarse en la elaboración conjunta, tratando de tenerlo armado antes del nuevo período electoral de medio término de 2021. En lo inmediato, se necesita buscar la instalación de un compromiso presente y futuro para la articulación de acuerdos legislativos; y eventualmente de un gobierno de coalición. Pero para ambos casos, se necesita una mayor representatividad política para lo cual es imprescindible una reforma electoral que lo permita.

 

Sin una concertación para converger en un proyecto de Nación que nos contenga sintiéndonos parte de algo en común, aun con matices que son lógicos y enriquecen, no lograremos salir del círculo vicioso de experiencias fallidas.

 

El presente y futuro de la Argentina se juega desde esta nueva década en adelante y el costo de no atender la necesidad de la concertación para la convergencia sería catastrófico. Y no solamente a largo plazo, sino que lamentablemente ello es posible en poco tiempo. Es cierto que no estamos acostumbrados a los acuerdos políticos y nuestra cultura está más arraigada a la imposición de sectores potentes sobre otros, pero al menos recordemos los acuerdos que tuvimos en nuestra propia historia, como los que convergieron en la Constitución Nacional de 1853 y en pleno siglo XX los que tuvieron como objeto la reinstalación de la democracia luego de períodos de facto. Si hoy no se logra, es por mera mezquindad, soberbia e incapacidad de la dirigencia política.

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Las naciones más avanzadas del mundo, son aquellas que han logrado equilibrar intereses evitando el desequilibrio de poder, acordando políticas de Estado para un proyecto común de nación. Al menos sentemos ahora tres bases fundamentales a tener presente.

 

1- El empleo. Porque el trabajo nos mantiene dentro del sistema social y nos hace sentir parte de un proyecto común de sociedad.

 

2- La educación. Porque nos iguala en derechos, nos brinda mejores oportunidades y nos hace mejores personas.

 

3- El respeto por la ley. Porque es la expresión normativa del respeto por el prójimo y nos integra como sociedad en la cultura cívica.

 

Sin una concertación para converger en un proyecto de Nación que nos contenga sintiéndonos parte de algo en común, aun con matices que son lógicos y enriquecen, no lograremos salir del círculo vicioso de experiencias fallidas.



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