Definiciones: la macro de Macri



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Tras un ajustado triunfo en segunda vuelta, Mauricio Macri fue electo Presidente, iniciando una nueva etapa en la vida política de nuestro país. A pocos días del traspaso formal del poder, los problemas económicos se acumulan, haciendo cada vez más difícil su resolución, especialmente en el frente cambiario, donde se observa un “feriado virtual” de operaciones (sin venta de dólar ahorro, mínima autorización de importaciones y mercado futuro suspendido).

Si bien hay activos disponibles como el endeudamiento externo, el flamante Presidente electo deberá implementar una política económica consistente para revertir una pesada herencia económica minimizando costos políticos y sociales. De hecho, recuperar el normal funcionamiento de la economía abre una muy compleja etapa de transición que exige implementar diversas medidas/cambios que acarrean costos en el corto plazo.

El mayor desafío del equipo económico (compuesto por profesionales destacados) para 2016 es implementar un plan consistente que permita: 1) unificar el mercado cambiario; 2) contener el traslado a precios del salto del dólar oficial, y 3) recomponer la confianza y el clima inversor. Si el país sale bien de la cirugía necesaria para extirpar el cepo, logra contener la inflación y muestra señales de una política económica consistente, hay un pronóstico de rápida recuperación y crecimiento para Argentina. Pero, si la intervención inicial no es exitosa, vendrán mayores complicaciones económicas y políticas que pueden derivar en una situación crítica.

Apenas asuma, el primer desafío que deberá enfrentar Macri será ratificar o aplacar las crecientes expectativas de devaluación.Para minimizar el riesgo de una salida traumática del cepo (con sus potenciales costos asociados) se necesita primero recuperar el poder de fuego (reservas) del BCRA para poder intervenir en el mercado de cambios. En este sentido, será clave no sólo el flujo de divisas que consiga Macri en los primeros días de gestión (mediante organismos internacionales, la reinserción del país en el mercado financiero y/o un blanqueo de capitales), sino también las medidas que se utilicen para evitar una avalancha de pesos yendo a comprar dólares. Para ello será clave aplicar una política monetaria astringente (suba de tasas/encajes), liberar las restricciones a la compra de divisas en etapas (gradualmente) y recomponer la confianza.

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Sin embargo, la promesa electoral de Macri de remover el cepo y/o unificar el mercado cambiario el 11 de diciembre acortó los tiempos de definición. Desde la primera vuelta, la liquidación de agrodólares se contrajo significativamente (en noviembre se liquidaron poco más de US$ 100 M semanales, cuando en dicho mes se suelen liquidar casi US$ 400 M) a la espera de un triunfo de Cambiemos, que además de bajar retenciones (como también prometió Scioli), implicaba un sinceramiento del dólar oficial.

La respuesta del BCRA al derrumbe del ingreso de divisas comerciales fue ajustar aún más el cepo para morigerar la caída de reservas internacionales. El problema de esta estrategia es que, al potenciar el estrangulamiento externo, se está resintiendo el nivel de actividad. Sin importaciones, no sólo se frena el proceso productivo sino que también se generan tensiones inflacionarias adicionales por falta de insumos.

Es lógico y aconsejable que el flamante equipo económico se tome unos días para conocer el verdadero estado de las cuentas públicas y tratar de conseguir financiamiento externo. Pero esta decisión implica una carrera contrarreloj: cada semana que pasa el estrangulamiento externo profundiza la caída de la actividad y las presiones cambiarias e inflacionarias.

El segundo desafío que impone la normalización de la economía es contener la aceleración de la inflación tras la devaluación del dólar oficial. A nuestro entender la unificación cambiaria tendría un impacto significativo en los precios de bienes y servicios transables. De hecho, el relajamiento de los controles de precios y las elevadas expectativas de devaluación ya están acelerando la inflación (+2,6% en noviembre).

Para morigerar el traslado a precios de la devaluación será clave administrar el valor del dólar oficial en torno a una meta, y luego implementar un acuerdo tripartito entre el Gobierno, los empresarios y los sindicatos. No es recomendable la alternativa de dejar flotar libremente el peso por la posibilidad de un over-shooting del tipo de cambio oficial (dada la abultada masa de pesos que circula en la economía) que genere presiones inflacionarias adicionales. Incluso, si el valor del dólar oficial luego del pico desciende a valores similares al techo de la flotación administrada, la suba de precios acumulada sería mayor por la inflexibilidad de los precios a la baja. Además, una mayor inflación en los primeros meses del año afecta las negociaciones paritarias forzando mayores incrementos nominales de salarios, que generan impactos adicionales de precios como producto del mayor costo laboral de las empresas.Por último, el tercer desafío de la transición hacia un normal funcionamiento de la economía es avanzar en una agenda para mejorar el clima de negocios, restituir la confianza y apuntalar la inversión. Si el próximo Gobierno corrige precios relativos y establece reglas de juego claras para el sector privado, sanea las instituciones (por caso, Indec y BCRA) y recompone las relaciones con el mundo (cerrando el conflicto con holdouts), habrá sentado las bases para un nuevo proceso virtuoso de crecimiento e inversión en nuestro país.

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Lamentablemente, incluso si los tres desafíos se superan satisfactoriamente, ordenar la macroeconomía implica en el corto plazo enfrentar un escenario recesivo con aceleración de la inflación (especialmente en el primer semestre de 2016). Las buenas noticias llegarían recién a fines del año, cuando la mayoría de las restricciones que frenan a la economía argentina hayan sido removidas.

Como se desprende de la historia económica argentina, en los últimos cinco episodios de eliminación de restricciones cambiarias, la recuperación de la actividad y el boom inversor no se observó en el año del desmantelamiento de los controles sino en años posteriores.

Conclusión, no sabemos a ciencia cierta cuán veloz o traumática será la transición hacia una economía más equilibrada pero una vez que se cierre esa etapa, se va a dar inicio a un nuevo ciclo de crecimiento basado en la inversión. El sector público va a tener un rol específico en esta estrategia: una de las apuestas del gobierno de Macri es implementar un ambicioso plan de infraestructura costeado con financiamiento externo.