Movilidad y economía durante el coronavirus: la otra cara de la moneda



Por Marina Azzimonti Stony Brook University y NBER

 

En mi última columna de El Economista, discutí los beneficios de “aplanar la curva” del Covid-19 para no saturar sistemas de salud. Es apropiado continuar la conversación hablando un poco más sobre los costos que imponen las medidas de cuarentena. En esta columna, me voy a centrar en el efecto de dichas medidas en la movilidad de los argentinos.

 

Comencemos por resumir las medidas de cuarentena que tomó Argentina. Las clases universitarias presenciales fueron canceladas el 14 de marzo, mientras que el 15 de marzo se cerraron las escuelas. El 16 se cierran las fronteras y el 17 se limita el uso de transporte público. El 19 de marzo, se declara el aislamiento preventivo y obligatorio, de facto limitando la movilidad de todos sus habitantes. Se estipula, según el Gobierno, que “deberán abstenerse de concurrir a sus lugares de trabajo y no podrán circular por rutas, vías y espacios públicos…desplazamientos mínimos e indispensables para aprovisionarse de artículos de limpieza, medicamentos y alimentos…. se suspende la apertura de locales, centros comerciales, establecimientos mayoristas y minoristas, y cualquier otro lugar que requiera la presencia de personas”.

 

Estas medidas son similares a los que se tomaron en España, Italia, Estados Unidos y, eventualmente, Gran Bretaña. Su objetivo principal es reducir la tasa de contagios. En muchos países las medidas fueron exitosas, pero implicaron incurrir en costos económicos significativos. La razón principal es que el virus circula por las mismas “redes sociales” que la economía. Este concepto fue analizado, en el pasado, por Alessandra Fogli y Laura Veldkamp en su trabajo “Gérmenes, Redes Sociales, y Crecimiento”. La idea central en este trabajo es que las enfermedades se transmiten por contacto humano, y para erradicarlas hay que limitar el contacto. Pero “romper” esas conexiones implica destruir posibilidades de producción. Para que oferta y demanda se igualen, muchas veces el consumidor tiene que acudir a una tienda a recibir el producto del intermediario. La producción de bienes e insumos necesita, muchas veces, trabajo de equipo. Hay pocas ocupaciones que pueden realizarse desde casa en aislamiento total (en Estados Unidos se estima que como máximo el 34% de los trabajos pueden hacerse remotamente). Es más, los productores y comerciantes son muchas veces padres y madres. Si las escuelas se cierran, es difícil para al menos uno de los integrantes de la familia poder acudir a trabajar.

 

 

¿Como afectaron las medidas de cuarentena a la movilidad y, por ende, a la economía? Los efectos de dichas medidas pueden verse claramente gracias a los datos sobre “movilidad comunitaria” que recolectó la empresa Google usando Google Maps y otras aplicaciones similares. Se agregaron datos individuales para 131 países desde el 29 de febrero al 11 de abril. La Ilustración 1 muestra la reducción en movilidad para la provincia de Buenos Aires entre el Día 1 (29 de febrero) y el Día 43 (11 de abril, últimos datos disponibles). Hay cuatro categorías, que describo en más detalle a continuación.

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La primera es supermercados y farmacias, que incluye negocios de diverso tamaño (minimercados y quioscos, por ejemplo) que proveen artículos de limpieza, medicamentos y alimentos. Podemos ver que al principio de la muestra, la movilidad oscila alrededor del cero (que equivale al promedio habitual para estas fechas), pero disminuye casi 50% el Día 21.

 

Este corresponde al 20 de marzo, día después de declararse la cuarentena total. La movilidad se mantiene a la mitad de su nivel habitual durante el resto de la muestra. También es interesante notar dos picos importantes.

 

 

El primero, que ocurre el 15 de marzo -día en que se cierran las escuelas-, la movilidad sube al 69%. El segundo ocurre el día 19 de marzo, cuando se declara la cuarentena total. El aumento ese día fue solo del 26%. Al recibir noticias de reducción de movilidad, la gente reaccionó aumentando sus provisiones de comida y medicamentos.

 

Este comportamiento es similar al que se observó en Nueva York, como podemos ver en la Ilustración 2 (panel izquierdo). Se nota que las medidas en Estados Unidos se tomaron de forma gradual, dada la descentralización de su sistema político, y es por ello por lo que no observamos una caída tan pronunciada en un solo día. La reducción en la actividad en supermercados y farmacias es también menor a la que observamos en Argentina.

 

En otras provincias argentinas, el comportamiento es similar al de Buenos Aires, como vemos en el panel derecho de la Ilustración 2.

 

La segunda categoría que quiero explorar es la de ventas minoristas y recreación. En esta categoría encontramos una estimación del tráfico (a pie) en negocios de venta minorista (pero no de alimentos), incluyendo bares, restaurantes, hoteles, etcétera. En la Ilustración 1 podemos ver que la caída en esta categoría actividad es muchísimo más pronunciada (en rojo), que en supermercados (azul) para la provincia de Buenos Aires. El día 21, disminuye 89% y se mantiene en estos niveles hasta el final de la muestra. En comparación, la caída máxima en Nueva York fue del 60% durante ese mismo período. La reducción en Buenos Aires es un poco mayor a la de otras provincias de gran densidad de población, como Santa Fe, Córdoba y Mendoza, que bajan en promedio 81%, 83% y 78%, respectivamente, a partir del día 21. Provincias de menor densidad tienen caídas significativamente menores. Por ejemplo, en Catamarca y La Rioja, la reducción no supera el 70%. La reducción de movilidad para esta categoría en Nueva York, para las mismas fechas, fue de solo el 56%. Los valores mas altos se observan en Buenos Aires (con un promedio del -89%)

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La tercera categoría es lugar de trabajo, que detecta el tráfico al lugar típico de trabajo de individuos con telefonía celular. En toto el país esta la movilidad de los trabajadores disminuye 57% a partir del 20 de marzo (similar a los valores observados en Nueva York), mientras que en Buenos Aires baja aproximadamente 77%, casi dos desviaciones estándar respecto los valores en el resto del país.

 

Finalmente, la reducción en transporte en Buenos Aires (de 81%) fue similar a la del resto del país (79%). Provincias turísticas como Misiones, donde se observó por encima del 90%, sufrieron las reducciones más acentuadas.

 

Analizando estas tendencias, podemos concluir que la caída en la actividad, medida por movilidad de sus habitantes a distintos puntos de interés económicos, ha sido enorme. Por un lado, ello indica que las medidas de cuarentena han sido muy efectivas (más aún que las implementadas en Nueva York), y es quizás la razón por la cual los casos y muertes asociados al Coronavirus no han explotado de la misma manera en Argentina. Por otro lado, indican que la contracción económica de la Argentina puede ser mucho mayor.

 

 

El gran desafío en los próximos meses consiste, a nivel mundial, en diseñar un sistema que permita relajar la cuarentena, pero manteniendo a la enfermedad contenida. ¿Es necesario que la cuarentena sea total? ¿Podríamos considerar permitir cierta actividad económica siempre que involucre ocupaciones de poco contacto físico? Científicos y economistas en el Estados Unidos están trabajando para estimar que tipo de ocupaciones requieren el menor contacto físico, y que tipo de apertura parcial con medidas de distanciamiento menos extremas son posibles. El primer experimento son ciertos estados de Estados Unidos, que ya comenzaron a relajar medidas de distanciamiento social.

 

En mi próxima, columna podré describir su efectividad en más detalle.



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