Un nuevo Plan Marshall



Por Guillermo J. Sueldo

 

Varias son las tragedias que vivió la humanidad, sean pestes o guerras. En una de ella, la Segunda Guerra Mundial, la destrucción de Europa fue impresionante. Reconstruir lo que la guerra había dejado requería de medidas excepcionales para poder enfrentar la situación y recomponer gran parte de Occidente que había quedado devastado.

 

Así, a partir del término de la guerra se preparó y puso en práctica un plan que se implementó durante cuatro años, por el cual se destinaron miles de millones de dólares destinados a poner en de pie las industrias para dar un fuerte impulso a la productividad y la generación de empleo, entre otras cuestiones políticas.

 

El nombre del plan deviene de quien era entonces Secretario de Estado de Estados Unidos, George Marshall (foto) y diseñado por funcionarios del Departamento de Estado. Marshall lo enunció en un discurso en 1947. El plan no solamente consistía en aporte de divisas sino también en ayuda técnica brindada a los gobiernos receptores y, por supuesto, con estricto control del destino del dinero y toda otra ayuda técnica que formara parte del plan. Recordemos que al término de la guerra Europa quedó devastada, casi sin industrias y con gente que moría de hambre.

 

Existen opiniones encontradas con respecto al Plan Marshall, sus objetivos y resultados, pero fue un instrumento de enorme importancia para la reconstrucción económica, social y política de Occidente. Y tampoco es intención de esta nota hacer una descripción minuciosa de aquel acontecimiento de la Historia, sino tan solo una referencia como instrumento de ejemplo para enfrentar la actual crisis mundial como consecuencia del Covid-19.

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Estamos padeciendo una pandemia cuya enfermedad (coronavirus) posee un altísimo nivel de contagio y ha obligado al aislamiento social y la paralización de la economía a escala mundial. El comercio internacional se encuentra paralizado, se cortó la cadena de pagos de importaciones y exportaciones, como también la misma cadena por comercio interno en las naciones. Múltiples actividades han caído, como también los ahorros de los consumidores que necesitan para subsistir mientras han dejado de generar ingresos y también de poder consumir. Millones de personas no podrán pagar impuestos, alquileres, deudas bancarias, deudas de tarjetas de crédito y se perderán millones de puestos de trabajo en el mundo. Muchas industrias quedarán en graves problemas y otras, directamente irán a la quiebra.

 

En síntesis, las consecuencias económicas serán una verdadera catástrofe reflejada en una bancarrota en cadena de particulares y empresas, pero de escala planetaria y con gobiernos que en algunos casos buscaban antes salir de enormes déficits fiscales y afrontando deudas públicas en algunos casos insostenibles. El cóctel de todo eso casi seguro provocará también una profunda desestabilización social y política.

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Se necesita el flujo de dinero para que pueda haber consumo y también subsidios a empresas y particulares en procura de sus sostenimientos, teniendo en cuenta que el déficit fiscal aumentará en tanto se hagan necesarios aumentar subsidios, imprimir moneda y condonar el cobro de impuestos y otras obligaciones que empresas y particulares no podrán afrontar.

 

Ante el tenebroso panorama, primero debemos comprender una lección que bien vale la pena aprender y es que de nada valen posturas dogmáticas cuando la realidad impacta de tal manera que hace necesario revalorizar el verdadero sentido humano de la vida y, por lo tanto, de la política y la economía. En cuanto al modo de resolver económicamente esta catástrofe internacional, y que además pone en jaque la estabilidad del orden mundial, los liderazgos y hasta el sistema democrático mismo, es imperioso contar con un acuerdo global de ayuda financiera al estilo de un nuevo plan Marshall organizada por organismos internacionales, como la ONU, el FMI, el BM, la Cruz Roja y, por supuesto, los gobiernos y principales potencias del mundo.

 

No cabe en estas circunstancias pretender dirimir ni imponer dominio sobre el mundo, sino actuar con sensatez y generosidad porque, de lo contrario, a la enfermedad Covid 19 en sí misma le seguirá como consecuencia una terrible pandemia de pobreza mundial.



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