Multiplicar los test de coronavirus para salir del encierro



Por Jorge Colina Economista Jefe de Idesa

 

 

Las estrategias para abordar el coronavirus son básicamente dos. Una es la mitigación, que consiste en detectar los enfermos y sus posibles contactos que pueden haber sido contagiados y aislarlos. En general, en 80% de los casos la enfermedad se presenta leve por lo que el aislamiento puede hacerse en la casa. El problema es que la enfermedad es muy contagiosa, entonces, los gobiernos optaron por la segunda alternativa, que es un remedio extremo: confinar a toda la población en sus casas para no contagiarse o eventualmente no contagiar.

 

La solución parece la más segura. En ese sentido, los medios de comunicación son enfáticos y repetitivos en que la gente no salga de su casa, que se queden todos encerrados y las redes sociales son activas con movidas como el #MeQuedoEnCasa. El punto es que no todos se pueden quedar en casa, porque si no trabajan no tiene dinero. Son los informales. El 45% de la fuerza laboral e incluso el 45% aproximadamente también de los jefes de familias sostenes económicos de las familias.

 

El Gobierno, razonablemente, anunció un subsidio de $10.000 para las dos categorías más bajas del Monotributo y aquellos informales que no están en los registros impositivos y de seguridad social que se inscriban en una página oficial. Ayuda, pero no a todos los informales. De hecho, muchos están por encima de las dos primeras categorías del Monotributo y otros tienen algunos activos, como un auto, un taller o una máquina para trabajar, que sin ser vulnerables hoy devinieron en vulnerables por el confinamiento. Muchos de estos no recibirán el beneficio.

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La idea como paliativo es entendible, pero es paliativo. No es una solución.

 

La solución pasa por pensar cómo ir flexibilizando el confinamiento, minimizando los riesgos de contagio.

 

¿Qué se puede hacer para flexibilizar el confinamiento?

 

En primer lugar, hay que seguir el precepto de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que muchos desconocen –y otros desconociéndolo, además, lo niegan– que dice explícitamente: “No es realista ni deseable apuntar al riesgo cero”. La razón es que los efectos colaterales no deseados del intento de lograr el riesgo cero pueden ser muy altos. La OMS recomienda administrar los riesgos, extremando las medidas para minimizarlos pero sabiendo que nunca se van a eliminar.

 

La experiencia internacional con el coronavirus muestra comportamientos muy diferentes. Por caso, Corea tiene 9.000 infectados y su tasa promedio diaria de nuevos casos en las últimas dos semanas fue de apenas 2%. Italia ya va por los 64.000 casos y su tasa de nuevos casos es de 20% diario. España está por los 33.000 casos y su tasa de nuevos casos crece a 36% por día. Hace dos semanas, Corea tenía 8.000 casos e Italia y España estaban muy por debajo de esa cifra.

 

¿Por qué Corea pudo controlar las infecciones? Porque además del aislamiento aplicó una estrategia de test masivos a la población detectando coronavirus. La cantidad de test realizados de Corea para detectar el coronavirus es de 6.150 por millón de habitantes. En Italia la cantidad de test para detectar el coronavirus es de 3.500 por millón de habitantes y en España es de 650 por millón de habitantes.

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La detección del coronavirus por medio del test permitiría flexibilizar el confinamiento porque se tiene conocimiento de quiénes son los infectados –para aislarlos– y liberar a los no infectados. Si no se quiere liberar a todos, es razonable, pero aunque sea se puede liberar a aquellos que sean jefes de familia que se desempeñan en la informalidad y que, por ello, necesitan salir a trabajar.

 

Un ejemplo concreto de cómo esto podría funcionar lo brinda Islandia. Caso muy difundido porque apuntó a realizar tests a toda la población. En Islandia se hicieron el 13 de marzo las primeras 5.571 pruebas, las cuales dieron sólo 48 casos positivos. O sea, 5.523 no están infectados.

 

Con este antecedente, se podría pensar en Argentina en abordar por municipios pequeños y por barrios en ciudades más grandes la realización masiva de test de a 5.571 pruebas. Arrojando 48 negativos, éstos deberían irse a casa a hacer confinamiento y entre los 5.523 negativos, posiblemente no liberar a todos –todavía–, pero por lo menos liberar a los que sean jefes de hogar informales. Instruyéndolos, obviamente, a que extremen las precauciones para evitar el contagio.

 

De esa forma, los informales podrían generar más dinero del que el Estado –debilitado por la crisis económica previa y mucho más por la pandemia actual– les puede llegar a otorgar.

 

En lugar de estar pensando en cómo darle dinero a la gente a la que el confinamiento no le está haciendo bien, hay que pensar en multiplicar los tests para flexibilizar el encierro.

 



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