Efectos del coronavirus sobre el comercio exterior de Argentina

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Por Julia Segoviano Economista de LCG

 

El coronavirus excedió la frontera de China rápidamente. En un mundo globalizado, con una enorme interrelación entre naciones, y una producción que se desarrolla a través de cadenas de valor integradas entre distintos países, no es sorprendente que cualquier evento que cause una disrupción en Asia, pueda llegar rápidamente a América. Sobre todo, si el principal país afectado (China) representa el 17% del PIB global. En este sentido, las medidas que tomó el país asiático para tratar de frenar el contagio, como el cierre transitorio de fábricas y la interrupción del transporte público, se hicieron sentir en el resto del globo.

 

Más allá de la exponencial expansión del virus en otros países que también está causando múltiples trastornos al sistema global, con cada vez más países afectados y más casos de contagios, Argentina comienza a verse también perjudicada a través del canal comercial, dada la importancia de China dentro de las exportaciones e importaciones locales. Inicialmente, el virus generó la necesidad de reemplazar los insumos importados para producir, ya que China comenzaba a desacelerar su producción para contener los contagios. Sin embargo, el conflicto luego escaló y la desaceleración de la actividad comenzó a repercutir cada vez más en la demanda global. La caída de la demanda afectó al precio de las commodities, que se encuentran dentro de los principales productos exportados por Argentina. De esta manera, las exportaciones argentinas se ven perjudicadas tanto vía precios como vía cantidades. Si uno de los principales socios comerciales deja de comprar, el volumen exportado también disminuirá.

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Si consideramos el destino de los principales complejos exportadores, las ventas externas de carne y cuero bovino son las que mayor participación tienen de países que encabezan la lista de contagiados. Sólo China tiene 59% de participación, y si se incluye a la Unión Europea, la participación asciende a 74%. A este complejo le sigue el del maní, por la importante participación de la Unión Europea, y se ubican también por arriba del 50% de participación el complejo pesquero, el limón y la soja.

 

En la medida que los países afectados disminuyan notoriamente su producción, seguirán trasladando el impacto al resto de naciones que comercian con ellos, y por supuesto Argentina no se quedará afuera.

 

A la compleja situación comercial que podría desatar el avance del virus, se suma el impacto, ya palpable, en el precio del petróleo, que desde que comenzó el año cayó 48%. El conflicto desatado entre Rusia y Arabia Saudita por desacuerdos respecto al recorte de la producción de petróleo significó la decisión del país árabe de inundar el mercado y hacer caer más aún la cotización del barril. Por supuesto que la consecuencia tuvo escala global y afectará en términos de ingresos a los países productores de petróleo.

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En el caso de Argentina, las provincias que cobran regalías también podrían verse perjudicadas, pero el mayor impacto vendrá por el lado de Vaca Muerta, por la falta de rentabilidad que significa un precio del barril a US$ 30. Si el conflicto no se resuelve rápidamente para que el precio retome los niveles previos, el coronavirus habrá perjudicado también las inversiones y la reactivación de la cuenca hidrocarburífera neuquina, cuyo potencial tantas veces ilusionó a los gobiernos. No es factible predecir el curso de los acontecimientos cuando el mundo se encuentra en una situación tan incierta y vertiginosa. Sin embargo, ya son visibles las consecuencias financieras y reales que desató la irrupción del coronavirus en China, que suma un nuevo condimento a la tendencia de caída del comercio global.



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