¿Cómo afectará el coronavirus a la economía argentina?

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Por Juan Lecour (*) y Joaquín Pastor (**)

 

Pandemia, cuarentena, distanciamiento social y achatar la curva. Son algunas expresiones que se colaron en las charlas de los argentinos con la aparición del coronavirus y con sus consecuencias: suspensiones de clases, cierres de fronteras, modificaciones en el transporte público, persianas bajas, aislamiento forzado y home-office.

 

Si hace unas semanas alguien hubiera preguntado cuál sería el acontecimiento económico más importante de marzo, entre las primeras respuestas habría estado la propuesta de restructuración de la deuda por parte del Gobierno hacia los acreedores. Hubiera sido difícil imaginar que toda la atención del mundo y de Argentina se centraría en detener la propagación de un virus.

 

Es claro que la difusión de la enfermedad en Argentina (o bien, la mera amenaza de su difusión) va a desacelerar significativamente el nivel de actividad, pero la magnitud del impacto final no va a estar clara al menos durante un tiempo. El objetivo de esta columna es conceptualizar sobre los canales y mecanismos por los cuales se van a hacer visibles las consecuencias del virus en la economía.

 

Lo primero a destacar del coronavirus es que sus efectos en la economía argentina se van a producir (de hecho, ya se están produciendo) en forma de shocks sobre la oferta y sobre la demanda agregada.

 

Efecto sobre la oferta

 

El shock sobre la oferta se da por dos motivos. Uno es que el miedo al contagio y las medidas implementadas por parte Gobierno limitan la capacidad de las personas de concurrir a sus puestos de trabajo, frenando la actividad. La consecuencia inmediata es que la producción se va a ralentizar. Y, mientras más tiempo se tarde en volver a la rutina normal, mayor será el impacto sobre la producción de bienes y servicios.

 

El otro motivo de alteraciones por el lado de la oferta es la disrupción que el virus provoca en las cadenas de suministros. El miedo al desabastecimiento ya encendió alarmas en los consumidores. Y el problema no es sólo interno. ¿Qué sucede con las entregas de materiales importados necesarios para producir en nuestro país? Hay que recordar que cuatro de cada cinco dólares que se importan en Argentina son bienes necesarios para producir (insumos, bienes intermedios, bienes de capital y sus partes y piezas, y combustibles).

 

Efecto sobre la demanda

 

El shock sobre la demanda se produce por al menos tres canales.

 

  1. El primero, y más relevante por su peso relativo, es el efecto sobre las decisiones de consumo e inversión de las personas. Por un lado, la actitud de las familias se vuelve más cautelosa ante eventos de esta naturaleza: el miedo siempre lleva a posponer los gastos “no esenciales” y a enfocarse en los consumos de primera necesidad. Las filas en los supermercados para abastecerse de productos comestibles y de limpieza, y ningún interés en realizar compras de electrodomésticos, es la evidencia de esto. Por otro lado, la novedad de esta crisis es que afecta a los servicios no transables. ¿Conviene ir a la peluquería con el riesgo de contagio de coronavirus o es necesario ir al odontólogo para un chequeo?
  2. El segundo canal por el cual se ve afectada la demanda involucra a las exportaciones. Los precios internacionales de los productos agrícolas, los minerales y el petróleo cayeron fuertemente bajo la expectativa de una desaceleración de la economía mundial. Las monedas de los países latinoamericanos, cuyos términos de intercambio son una función de los precios de estos productos, reaccionaron con fuertes depreciaciones (pérdida de valor frente al dólar). En el acumulado del año, el peso colombiano y el real brasileño cayeron 20%, y el peso chileno un 10%. El valor de la cosecha en Argentina se ve perjudicado y se abre un interrogante sobre las posibilidades de desarrollo de Vaca Muerta en este nuevo escenario.
  3. El tercer canal es el financiero, donde las noticias se reflejan con mayor velocidad. La reacción típica en contextos de alta incertidumbre es la búsqueda de refugio en activos considerados seguros (flight-to-quality), que es la otra cara de la moneda de la depreciación de los tipos de cambio en países emergentes mencionada. El precio de las acciones en el mundo se desplomó por efecto del coronavirus. Desde comienzo de año, el S&P 500 perdió más de 20%. En Argentina, la reacción del índice S&P Merval fue incluso más brusca, con una caída de más de 35% en lo que va del 2020. Estos sucesos se producen en el medio del proceso de renegociación de deuda, punto que merece un breve comentario: caen los incentivos a arreglar el problema para el gobierno, dado que probablemente le costará más acceder al financiamiento incluso si lo resuelve con éxito; sin embargo, una baja de los rendimientos de los activos seguros en el mundo podría inclinar a los acreedores a aceptar una propuesta que sería menos atractiva en condiciones normales, favoreciendo a Argentina.
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La reacción de los políticos hasta el momento

 

Afortunadamente, hubo una respuesta inmediata por parte de los los gobiernos, bancos centrales y las organizaciones internacionales. La Reserva Federal anunció un recorte de la tasa de interés hasta el rango de 0%-0,25% y un programa de compra de activos por US$ 700.000 millones; el Banco Central Europeo anunció estímulos en la forma de recompra de activos y apoyo con préstamos a las entidades bancarias; el Banco de China se preparan para inyectar cerca de US$ 80.000 millones en el sistema bancario.

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Por el lado del gasto y los impuestos, hasta ahora no se conoció una respuesta coordinada y contundente. Un ejemplo de políticas para enfrentar esta situación es la anunciada en Suecia, que incluye el diferimiento del pago de impuestos a las empresas por un año, con un costo estimado en 6 puntos del PIB. Seguramente se conocerán más medidas en los próximos días. Cabe esperar que la respuesta sea vigorosa en los países que tienen espacio para hacerlo, esto es, aquellos que no registran un déficit fiscal elevado o que se encuentran muy endeudados. Sin embargo, en un contexto de alta incertidumbre donde los consumidores mantienen la cautela, el efecto multiplicador de la expansión fiscal probablemente va a ser bajo.

 

¿Qué impacto cabe esperar en el mundo y en Argentina?

 

El impacto final es incierto, pero si hay algo que sabemos es que su magnitud va a ser considerable. La OCDE redujo su pronóstico de crecimiento mundial para 2020 en 0,5 puntos porcentuales (de 2,9% a 2,4%) pero eso puede ser demasiado optimista. Otras fuentes como Bloomberg Economics pronostican cero crecimiento en 2020 en un escenario donde el virus se propaga. En Argentina, las pérdidas se estima que podrían ir desde los 0,5 a los 3 puntos del PIB.

 

Entre sectores, los grandes perdedores de este contexto son (además de los obvios como el turismo, la hotelería, la organización de eventos y reuniones públicas) el comercio minorista, el transporte y la logística, los proveedores de servicios educativos, la industria manufacturera, los productores y exportadores de materias primas y las instituciones financieras, entre otros. Podrían verse beneficiados por esta dinámica los proveedores de soluciones para comunicación remota, los medios online, plataformas de e-commerce, empresas del rubro farmacéutico y de la salud, por ejemplo.

 

Mientras más se tarde en desterrar el virus, mayor será la pérdida económica para los argentinos. Otra buena razón para quedarse en casa.

 

(*) Profesor de Finanzas en UCEMA

(**) Profesor de Macroeconomía en la UBA

 



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