Burbujas financieras, crisis y coronavirus



Por Diego Piccardo Economista de la Fundación Libertad y Progreso

 

La crisis financiera provocada por el Covid-19 se puede comparar con la última crisis financiera del 2008 y con el crash de la Bolsa de 1987. Sin embargo, presenta algunas diferencias respecto a estas últimas.

 

A diferencia de las otras dos crisis mencionadas, la reciente caída de la bolsa de Nueva York fue mucho más rápida. Al coronavirus solo le bastaron 18 días para destruir el 35% del valor del índice Dow Jones mientras que, en el 87’, no se llegó a esa destrucción y en el 2008 se tardaron 122 días para destruir el 35% del índice y 213 días para rozar la caída del 50%. Si bien aún no llegamos a esa caída, la velocidad del derrumbe del mercado es mayor debido, principalmente, a que la celeridad de circulación de la información y el Big Data permiten a los mercados ajustar las expectativas mucho más rápido que hace unas décadas atrás.

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A pesar de esta diferencia, hay similitudes. Como en las otras crisis financieras, en los mercados bursátiles se venía gestando una burbuja financiera que, en este caso, crecía lenta pero constantemente gracias al accionar de los bancos centrales. Así, la burbuja creció tanto que solo con el primer pinchazo estalló y se desató un pánico generalizado que provocó que los inversores se desprendan de sus activos más riesgosos (acciones y bonos de países emergentes) y se pasen a activos de cobertura (bonos de Estados Unidos y Alemania, por ejemplo).

 

Lo que más inquieta, no solo a los mercados sino a toda la población, es la incertidumbre acerca de qué tan rápido se estabilice la expansión de la enfermedad. En este sentido, no es lo mismo que se normalicen las actividades productivas en dos meses que a fin de año, dado que en este último caso estaríamos frente a una depresión mundial. Lo que se espera como escenario de mayor probabilidad es que el primer trimestre haya una recesión global, como consecuencia del impacto del coronavirus en China (se estima una caída de entre el 2,5% y 4%). Además, se espera que el mundo tenga una caída en la actividad económica en el segundo trimestre, como resultado del impacto del virus en Europa y en EE.UU.

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El caso de China nos hace pensar en un futuro optimista, dado que las medidas estrictas tuvieron un resultado positivo en la detención de los contagios. Si lo mismo comienza a surgir efecto en Europa, especialmente en Italia en donde se descontroló la situación, los ánimos de los inversores van a cambiar y el desplome de los mercados financieros, por lo menos, se detendrá.



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