¿Va a crecer la economía en 2020? Fide cree que sí

Entendiendo nuestra brecha de productividad


Más allá de que la prioridad de la política económica hoy transcurra por la renegociación de la deuda y el cortísimo plazo, la economía real podría mostrar cierta recomposición también. Si bien ese no es el escenario base del mercado (el último REM del BCRA apunta a una caída del PIB de 1,5%), desde el thinktank heterodoxo Fundación de Investigaciones para el Desarrollo (Fide) creen que el PIB podría crecer 0,7% en 2020. No es gran cosa y no alcanzará siquiera a hacer sombre a lo perdido en el camino reciente pero, considerando las caídas de 20182019, serían una noticia más que bienvenida.

 

Según Fide, liderada por Mercedes Marcó del Pont (hoy en uso de licencia por su nueva responsabilidad en la AFIP), la clave pasa por el crecimiento del ingreso disponible. “Al focalizarse prioritariamente sobre sectores de la población que exhiben una elevada elasticidad consumo, el sesgo de la política de ingresos contribuye al proceso de recuperación. Sin embargo, en el corto plazo el significativo nivel de endeudamiento que acumulan los hogares condiciona los espacios para que la mejora de ingresos se traslade íntegramente a la ampliación de la capacidad de consumo”, dice su último Informe de Coyuntura, difundido ayer. En esa “política de ingresos” se enmarcan las transferencias del vía la tarjeta AlimentAR, las sumas fijas para jubilados y privados y, en el margen, los créditos blandos de Anses.

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“A partir de este diagnóstico se ratifican nuestras previsiones de crecimiento moderado para el 2020, en torno al 0,7%, en base a una inflación a diciembre en el entorno del 34% y una mejora del salario real de unos 3 puntos”, dice Fide.

 

Hacia adelante, además del escollo de la deuda, queda pendiente una agenda más ambiciosa para alimentar esa incipiente recuperación.

 

“En paralelo a las medidas orientadas a abordar la coyuntura, resulta imprescindible avanzar en una estrategia productiva integral que asuma el desafío de la reindustrialización, achicando brechas de productividad y tecnológicas. Tal cambio estructural supone una condición de borde para romper con los ciclos de arranque y freno que han caracterizado la mayor parte de la política de promoción de la industrialización de la historia económica de Argentina”, dice el trabajo, que pone el acento en un sector clave: el energético.

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“Un punto clave de esta agenda estructural está vinculado al proyecto de desarrollo energético. Es previsible que en las sesiones extraordinarias a celebrarse en el Congreso de la Nación durante febrero el Gobierno busque impulsar el tratamiento del Proyecto de Ley de Hidrocarburos dirigido a promover el desarrollo de las explotaciones no convencionales. Se trata de una cuestión estratégica. La prioridad del autoabastecimiento, la generación de saldos exportables, la disponibilidad de tarifas razonables para el consumo interno o el acceso a una porción mayoritaria de los dólares generados por la exportación constituyen aspectos importantes de esa iniciativa. Pero no menos relevante debería ser en ese debate la oportunidad que se abre para que este sector se transforme en un vector de desarrollo industrial y tecnológico”, remarca Fide.



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