Sigaut Gravina: “Gobierno y acreedores saben que lo mejor para la economía y sí mismos es evitar el default”

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Entrevista a Lorenzo Sigaut Gravina Socio y Director de Ecolatina Por Alejandro Radonjic

 

En diálogo con El Economista, Lorenzo Sigaut Gravina (Socio y Director de Ecolatina) ofrece su visión macroeconómica sobre el arranque del 2020, el gran desafío por delante (la renegociación de la deuda) y la agenda que debe venir en abril si ese desafío es superado exitosamente.

 

El lunes manifestó que “la inflación se está desacelerando lentamente” y agregó que “si no hay sorpresas, el nivel general (de febrero) debería ubicarse por debajo de 3%”. Es bueno, desde ya, que la inflación descienda, ¿pero no debería ser incluso menor dado los congelamientos de regulados y la quietud del dólar, que ya lleva varios meses?

El congelamiento de precios claves de la economía (tipo de cambio oficial, tarifas de servicios públicos y combustibles) está logrando desacelerar la inflación, pero a un ritmo lento producto de la elevada inercia existente. Para lograr una baja más fuerte de la inflación falta implementar un acuerdo de precios y salarios en el cual las principales firmas y sindicatos del país se comprometan a no remarcar y/o pedir aumentos por un tiempo prudencial. Este instrumento ayudaría a romper la inercia, “desindexar la economía” en palabras del Ejecutivo, permitiendo una baja más pronunciada de la inflación. Lograr esto último es clave, pues cuanto más lenta sea la desaceleración de la suba de precios, mayor será la pérdida de competitividad cambiaria y el gasto en subsidios. Este punto es particularmente relevante ya que Argentina necesita generar elevados superávits gemelos para enfrentar la pesada deuda pública en moneda extranjera.

 

El congelamiento de precios claves de la economía (tipo de cambio oficial, tarifas de servicios públicos y combustibles) está logrando desacelerar la inflación, pero a un ritmo lento producto de la elevada inercia existente.

 

Sus colegas advierten por “el día después”, es decir, con la inflación reprimida. ¿Considera válidas esas advertencias o cree que, en el transcurso del congelamiento, se pueden hacer cosas para bajar la inercia y llegar a ese “día después” en un nivel más nominal más bajo?

Toda estrategia antiinflacionaria que se base en utilizar algún precio relevante de la economía como ancla nominal tiene que tener resuelto el día después, ya que el éxito de este tipo de políticas se define justamente a la salida del congelamiento. Ya sea porque la reestructuración de la deuda se ha vuelto la prioridad absoluta u otros factores, el Ejecutivo no implementó aún un acuerdo generalizado de precios y salarios. Por este motivo, el gobierno se está quedando a mitad de camino en su política anti-inflacionaria: el congelamiento del dólar oficial y los precios regulados no logra bajar significativamente la inflación, lo que se traduce en retraso cambiario y tarifario, desordenando casi lo único que había dejado ordenado la gestión de Mauricio Macri. En definitiva, el Ejecutivo no optó todavía por ninguna de las dos alternativas razonables para enfrentar al actual proceso inflacionario. Por un lado, indexar completamente la economía (sobre todo salarios), para preservar el set de precios relativos heredado a costa de una lenta baja de la elevada inflación existente. O, por el otro, desindexar toda la economía a través de una terapia de shock, que frene la suba de precios acumulando la menor distorsión posible de precios relativos.

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¿Qué pasará con el salario real?

La contracción del salario real en los últimos dos años fue muy elevada (casi 20%), mientras que la productividad laboral no cayó significativamente. Por ende, en la medida que la economía se estabilice, el poder adquisitivo de los trabajadores deberá comenzar a recomponerse. La recuperación sería más intensa si el tipo de cambio y los precios regulados persisten congelados. Sin embargo, en este caso la mejora del salario real no sería sostenible. ¿Cuánto tiempo se puede acumular atraso cambiario y de precios regulados? Incluso si se lograra una reestructuración exitosa, la respuesta continuaría siendo relativamente poco.

 

Toda estrategia antiinflacionaria que se base en utilizar algún precio relevante de la economía como ancla nominal tiene que tener resuelto el día después ya que el éxito de este tipo de políticas se define justamente a la salida del congelamiento.

 

El gran parteaguas del 2020, y quizás de los próximos tiempos, es la renegociación de la deuda pública. Todos los incentivos parecen alineados a hacer una propuesta razonable y aceptable. No sería inteligente “pasarse de rosca” con la quita o coquetear con la autarquía financiera. ¿Qué escenario base manejan en Ecolatina?

Tanto el Gobierno como los acreedores saben que lo mejor para la economía de Argentina (y para sí mismos) es evitar el default de la deuda pública, pero lo que divide las aguas es qué considera cada una de las partes como una propuesta razonable y aceptable de reestructuración. Está claro que en las actuales condiciones la deuda en divisas no es sostenible, pero no hay consenso sobre lo que hay que hacer para que el país pueda pagarla: extender plazos, aplicar una quita de capital, posponer pago de intereses, implementar un período de gracia, etcétera. Esperamos una negociación con mucho tira y afloje (probablemente se posponga los plazos y se mejore la oferta original como sucedió con el frustrado canje de la provincia de Buenos Aires), donde el Ejecutivo consigue descomprimir los servicios de corto plazo de la deuda en moneda dura a cambio de una leve quita sobre los acreedores privados. Asimismo, pese a que los plazos para extender el repago de la deuda con el FMI son más largos (recién a mediados de 2021 hay que comenzar a devolver el capital adeudado), el Fondo terminará otorgando a nuestro país alguna señal favorable para facilitar el canje con privados. En síntesis, en nuestro escenario base el Gobierno de Alberto Fernández va a conseguir valioso tiempo para implementar su política económica. Las autoridades no han revelado aún cual será la estrategia posreestructuración, pero la única forma de ahuyentar definitivamente el fantasma de la cesación de pagos será implementando un plan económico que permita crecer sin resignar los superávits gemelos, algo que sucedió muy pocas veces en la historia argentina.

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Supongamos que las cosas salen bien y en abril hay un nuevo calendario de pagos “sustentable”, como dice el ministro de Economía, Martín Guzmán, y se van reabriendo los mercados voluntarios para el soberano, las empresas y baja la tasa de descuento de los proyectos de inversión. ¿Qué ítems deberían estar en esa nueva agenda para, después de dos años de caída, la economía se ponga a crecer?

Si se logra en abril un nuevo calendario de pagos “sustentable” de la deuda pública, las autoridades tienen que desplegar un plan económico que permita alcanzar un sendero de crecimiento sostenible. Para ello habrá que armonizar las diversas fases de la expansión. Primero, habrá que apuntalar la demanda interna aprovechando la elevada capacidad ociosa existente (etapa de recuperación). Luego habrá que estimular la inversión productiva, con especial énfasis en el sector transable para no volver a chocar con la restricción externa (etapa de crecimiento genuino). El marco actual de la política económica sólo sirve para estabilizar mientras se restructura. Con el horizonte de la deuda pública despejado, el Gobierno deberá consolidar la recuperación para así comenzar a revertir la elevada presión fiscal y la falta de competitividad cambiaria que asfixia al aparato productivo local.

 

 



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