Lo que revela y lo que calla la declaración del FMI sobre Argentina

FMI


Por Alan B. Cibils Area de Economía Política de la Universidad Nacional de General Sarmiento

 

El FMI se fundó en la Conferencia de Bretton Woods de 1944 como institución financiera internacional que además tenía, por diseño, un fuerte rol político. La estructura de su directorio, en el que el G7 (y Estados Unidos. dentro de éstos) concentra el poder de decisión, es un indicador claro de cómo las potencias victoriosas de la segunda guerra mundial concebían el nuevo orden resultante.

 

Sin embargo, el rol político del FMI tomó nuevas dimensiones a partir del fin del esquema de Bretton Woods (1971) y, sobre todo, a partir de la crisis de la deuda de 1982 y crecientemente a partir de la década siguiente cuando el FMI devino en instrumento clave de los países centrales para la promoción e implementación de políticas afines a los intereses del capital financiero internacional.

 

Este rol político del FMI quedó clarísimo con el préstamo otorgado al gobierno de Mauricio Macri a mediados de 2018. Frente a una situación de endeudamiento insostenible y virtual cesación de pagos, el FMI decidió “bancar” al gobierno de Macri con un préstamo sin precedentes en la historia de la institución. En este contexto, la reciente “Declaración del equipo técnico del FMI sobre Argentina” (19/2/20), emitido en ocasión de la conclusión de la visita al país de un numeroso equipo técnico del Fondo, es relevante y vale la pena analizarse por lo que revela, pero también, y sobre todo, por lo que calla o esconde.

 

Lo que revela el documento es signficativo, aunque más por lo que esas revelaciones implican que por lo que dicen directamente. En primer lugar el FMI reconoce la “difícil situación económica y social” y los esfuerzos que el Gobierno de Alberto Fernández está haciendo para paliarla. Asimismo, reconoce el “incremento de la pobreza” (la versión en español dice “el problema” de la pobreza) y que la economía requiere esfuerzos para ser estabilizada.

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Es importante que el FMI reconozca explícitamente la crítica situación económica y social en que se encuentra el país. Sin embargo, el gobierno de Alberto Fernández tiene poco más de dos meses en el poder, o sea que los graves problemas sociales y económicos que describe el FMI son herencia del desastroso efecto de las políticas económicas del gobierno de Macri. Políticas que, por otra parte, desde junio de 2018 fueron acordadas con el FMI y financiadas con un préstamo de la institución sin precedentes a nivel mundial.

 

De lo anterior se desprende que el FMI es corresponsable de la desastrosa situación social y económica que Argentina enfrenta hoy y que describe en la declaración. Sin embargo, el Fondo omite por completo asumir responsabilidad alguna.

 

Hay una cuestión aún más grave del comunicado del FMI. El organismo reconoce que “la deuda de Argentina no es sostenible”. Es más, dice que “el superávit primario que se necesitaría para reducir la deuda pública y las necesidades de financiamiento bruto a niveles consistentes con un riesgo de refinanciamiento manejable y un crecimiento del producto potencial satisfactorio no es económicamente ni políticamente factible”.

 

La novedad es que el FMI, por primera vez desde julio de 2018, reconoce que el nivel de endeudamiento argentino no es sostenible ni pagable en las condiciones que pactó el gobierno de Macri. El problema es que el FMI dice explícitamente que considera que el problema de insostenibilidad comienza en julio de 2019 por la depreciación del peso, el aumento del riesgo soberano, la caída de las reservas y la contracción del PIB.

 

Esta lectura del FMI es en el mejor de los casos tendenciosa y en el peor, mentirosa, porque parecería estar implicando que la insostenibilidad de la deuda es producto de la inestabilidad política causada por las PASO que se aproximaban. La coincidencia con el discurso macrista es llamativa (o quizás no tanto).

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Sin embargo, cuando uno lee los documentos del propio Fondo, se ve claramente que el staff del FMI consideraba que la sostenibilidad de la deuda argentina tenía una baja probabilidad desde julio de 2018, o sea desde el primer acuerdo Stand-By. Lo mismo se lee en cada uno de los documentos siguientes publicados tras las revisiones trimestrales del acuerdo.

 

Las condiciones que menciona el FMI como fundamentos para decretar la insostenibilidad de la deuda ya existían en 2018. En otras palabras, fue la insostenibilidad de la deuda argentina la que llevó a Macri al FMI, y fue el FMI el que salvó de la reestructuración y/o el default a Macri cuando ya era obvio para los técnicos de la institución que la deuda no era sostenible.

 

En otras palabras, la decisión del FMI de prestarle al gobierno de Macri fue una jugada netamente política. Jugada que, claramente, le salió mal. El FMI debería explicar por qué le prestó 44.000 millones de dólares a Macri en vez de exigir un “reperfilamiento” de la deuda en 2018. El préstamo del FMI no sólo tornó más insostenible a la deuda argentina, sino que las políticas implementadas como consecuencia del acuerdo llevaron a una crisis social y económica profunda. Esto produjo un gran perjuicio para la Argentina, pero también para los acreedores privados, que ahora deberán aceptar una quita seguramente mayor a la que hubiese sido necesaria hace dos años.

 

En este contexto, parece no sólo pertinente, sino absolutamente necesario, cumplir con el llamado de la vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, a establecer una comisión investigadora del endeudamiento macrista y producir un “Nunca Más” de la deuda. Un capítulo especial deberá dedicarse al FMI, incluyendo una evaluación seria si la deuda con la institución debe ser pagada y, en todo caso, con qué quita y en qué plazos.

 



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