Lo más sensato: esperar



Por Alejandro Radonjic

 

“Ajuste light, canje hard. A ajustarse los cinturones…”, tuiteó el CEO de Analytica, Rodrigo Alvarez, mientras el ministro de Economía, Martín Guzmán, hablaba ante el Congreso. Compartieron el diagnóstico varios de sus colegas. “Parece que Guzmán también es gradualista”, comentó otro en alusión a la inconveniente poca exigencia fiscal de su plan, que consiste en llegar a un superávit primario…recién en 2023. Nadie pedía (o no todos, cuanto menos) una austeridad draconiana que desplome la demanda aún más, pero 2023 parece demasiado. “Lo dejabas un rato más y defaulteaba directamente”, dijo, medio en broma (o sea medio en serio), un consultor ante El Economista.

 

La otra cuestión que no cayó bien es la contracara: la dureza insinuada de la quita a los acreedores. Guzmán no dio números de “haircut”, pero todos intuyeron que será alto (quizás, incluso, mayor a 20% o 30%) porque, de lo contrario, el ajuste fiscal debería ser mayor para, como dice y repite el ministro, hacer sustentable la deuda pública. El mismo lo dijo. “Habrá frustración entre los acreedores”, señaló ayer en el recinto. “Si no muestra esfuerzo de su lado, del otro lado tampoco podés esperar buena voluntad”, explicaba ese mismo consultor ante El Economista, que anticipaba que, así planteado, “no iba a salir bien el canje”.

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No es un tema menor, por motivos obvios. Si ese es el desenlace final, la tasa da salida de Argentina (“exit yield”, en la jerga) no será baja (incluso puede llegar a subir) y el país coqueteará con la autarquía financiera, el fondeo heterodoxo o ambas. No sería la mejor opción bajo ningún concepto.

 

No sólo falta la oferta financiera sino que, además, la información del otro actor (el inasible mercado) es acotada y dispersa.

 

Pero, más allá del pesimismo (el bien fundado o secular que ya hemos desarrollado los argentinos a la hora de proyectar la economía), hay motivos para, cuanto menos, abrir un compás de espera. Es sencillo: falta demasiada información. Es una negociación compleja en extremo o, como está en boga decir hoy, una partida de póker donde se buscan generar percepciones falsas y modelar las conductas de los otros. Guzmán dista de ser un arribista a estas cuestiones, aunque sea, eso sí, la primera vez que está en la cancha y no en la biblioteca.

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Los diputados de JxC parecían querer los detalles de la oferta financiera como si fueran tenedores de deuda o quisieran diseñarla desde el Congreso. No es su rol ni lo más conveniente para los intereses del país.

 

 

Según el cronograma oficial, que se viene respetando, eso será en treinta días, a comienzos de marzo. No solo falta la oferta sino que, además, la información del otro actor (el inasible mercado) es acotada y dispersa.

 

Hasta ahora, hubo traspiés en la estrategia oficial, cambios en el discurso, hay pocos que entienden el rumbo y el optimismo es bajo. Lo positivo es que falta poco, quizás no tan poco como piensan en el Mecon, para saber de qué lado cae la moneda.

 



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