El rechazo del lobby verde al acuerdo entre la UE y el Mercosur

Con las importaciones en baja, regreso de superávit comercial es inminente


Por Jorge Riaboi Diplomático y periodista

 

Dos conocidos miembros del Euro-Parlamento que militan en lo que un exCEO del Grupo Nestlé calificaba como religión verde, los legisladores Anna Cavazzini y Yannick Jadot (de la bancada The Greens, European Free Alliance o EFA), lideraron el esfuerzo que generó el “Nuevo Estudio sobre el Mercosur: un mal acuerdo para el Clima y el Medio Ambiente” (en adelante, el informe), texto que circuló con timidez en diciembre. Se trata de una investigación orientada a demostrar que el proyecto de Acuerdo UE-Mercosur, hoy en proceso de barrido técnico y legal, resulta tan perjudicial para el desarrollo sostenible y la agricultura del Viejo Continente, como para la economía industrial y el desarrollo sostenible de la poca capacidad de competir que exhibe el bloque de América del Sur. Si esto último fuese cierto, ¿por qué somos un inaceptable riesgo para la UE?.

 

Las explicaciones del informe despedazan, con bastantes insumos, el borrador del acuerdo birregional adoptado el 29 de junio último entre aplausos y lágrimas emblemáticas. Uno diría que los datos incluidos en el texto suponen el mejor argumento disponible para una reforma como la que parece auspiciar en soledad el naciente Gobierno de Argentina, cuyos detalles no se conocen, pero dan la idea de subestimar el fuerte rechazo que genera tal proyecto en amplios sectores de la propia UE, motivo por el que sería astuto dosificar energías y opiniones a fin de plasmarlas en una contrapropuesta profesional para sacar un buen tratado, no para evitar su concreción. De esto último, de sabotear las cosas, se están encargando fulltime los lobbies agrícolas y políticos de Europa.

 

Va de suyo, que gran parte de la clase política del Viejo Continente resistirá todo lo que pueda la aprobación del presente borrador de acuerdo, y mucho más la idea de renegociar el texto de junio. A esta altura todos deberíamos saber que la integración con el Mercosur nunca fue una causa popular o políticamente correcta en esa región.

 

Al mismo tiempo, al Mercosur también le convendría tener en cuenta que el leit-motiv del enfoque que impulsa la nueva Presidente de la Comisión de la Unión Europea (UE), la doctora Ursula von der Leyen, se apoya en definir y aplicar su proyecto de “Acuerdo Verde” (Green Deal), de modo que la piedra angular del nuevo desarrollo sostenible y del futuro proteccionismo regulatorio que prevalecerá en los próximos cinco años, habrá de teñir de verde a la UE. El Green Deal se insertará en todas las decisiones.

 

El primer registro que deberían computar quienes hoy son los hacedores de política en el Mercosur, es la calidad de los equipos de negociación convocados por el nuevo mando de Bruselas. El gabinete de von der Leyen incluye gente experta, precisa, que sabe a dónde apunta, lo que se extiende a las deliberadas inexactitudes u omisiones comunitarias.

 

Muchos de los argumentos del Informe permiten ver las condiciones y falacias que aceptaron quienes en el MERCOSUR deseaban firmar sí o sí algún texto, sin percatarse que estaban discutiendo las reglas de un contrato OMC plus, no doctrinas eclesiásticas sobre apertura o cierre de mercados. Todos deberíamos entender de una buena vez que la UE no nos abrió la parte sensible de su economía agrícola y en cierto modo le tomó el pelo del principio al fin a los negociadores del Mercosur, algo que sus portavoces suelen reconocer sin complejos. El pasado 16 de enero lo hizo el actual Comisionado de Comercio, Phil Hogan.

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El Informe sostiene que el Acuerdo con el Mercosur no es compatible con el objetivo de neutralizar las emisiones de carbón para el 2050 en la UE debido a que, según del acuerdo, habrán de ser las metas y mecanismos comerciales los que definan el papel de las industrias y la ocupación o desocupación masiva de mano de obra en ambas regiones. La Universidad Metropolitana (UMET), repite el informe, estima que el nuevo contexto comercial podría masticarse, sólo en Argentina, unos 186.000 puestos de trabajo.

 

El texto también recuerda que Brasil y Argentina, especialmente el primero de los países, extendieron a lo bobo su frontera agropecuaria matando parte del patrimonio biodiverso en su región amazónica, fomentando la descontrolada existencia de monocultivos y pasturas, e incendios (lo que en los foros sobre Cambio Climático se califica como un atentado contra el planeta). Con Martín Fraguío, ya aclaramos que eso no es técnicamente exacto. Además, el informe sostiene que Brasil es uno de los dos usuarios más golosos de toda clase de pesticidas. Junto con la de Estados Unidos, la producción agrícola brasileña emplea más de 500 variantes de plaguicidas, un tercio de ellos prohibidos en el Viejo Continente (sin olvidar que su gobierno tiene pendiente la aprobación de otras 530 opciones).

 

Por otra parte, el 70% de tales pesticidas se aplican a Organismos Genéticamente Modificados (OGMs), eventos que hoy son de producción prohibida en gran parte del territorio europeo. El Informe asegura que entre el 25 y 30% de los gases de efecto invernadero surgen de la deforestación. En Brasil el 63% de la deforestación se explota para la criar ganado y el 55% de sus emisiones derivan de los cambios en el uso de la tierra (el famoso ILUC, o Indirect Land Uses Change).

 

El proyecto de acuerdo llevará al aumento de ciertas exportaciones industriales de Europa a Sudamérica (sobre todo de automóviles y autopartes, productos químicos, farmacéuticos y maquinarias, pero sin acuerdos específicos como los que hoy rigen de hecho el intercambio cuotificado y en cierto modo balanceado del Mercosur), contra el supuesto aumento de la exportación de agro-commodities (harina de soja) al Viejo Continente. Brasil (46%), Argentina (43%) y Paraguay (4%) monopolizan el 93% de la oferta sectorial de productos sojeros que importa la UE.

 

A su vez, las exportaciones de automóviles y autopartes europeas obtendrán acceso irrestricto en el Mercosur (abriendo un surco imprevisible para las industrias de Argentina y Brasil, lo que no sería terrible si ambas fueran competitivas), hecho que se traduciría en el posible desmantelamiento de grandes porciones del sector (según el Informe).

 

Las autoridades del Tratado de Asunción se conformaron con cuotas (cuotitas) de carnes rojas, aves, cerdos, azúcar, etanol, arroz y maíz (dulce). Sólo que los greens repiten que aún ese nivel de exportaciones supone una amenaza a la continuidad, sanidad, calidad y equilibrio ecológico de la agricultura y la agroindustria de la UE. Un ejemplo de esta falsedad es la carne vacuna, de la que tanto se habló sin fundamento alguno en nuestro medio, adjudicándose la rebaja a cero de ciertos aranceles al resultado de la negociación, cuando era una obligación incumplida por la UE.

 

En 2018, las cuatro naciones del Mercosur abastecían el 80 % de las importaciones europeas de carne vacuna (270.000 toneladas, según el informe), a la que el acuerdo proveería acceso real de otras 72.000 adicionales (para los cuatro países de América del Sur). Digamos 340.000 tns en total (cuando hoy Argentina sola exporta alrededor de 1.000.000 de toneladas anuales a todo el planeta), contra una oferta regional propia de la UE estimada en 7,5/8 millones de toneladas por año, lo que indica que la grave amenaza al desarrollo agrícola es una gigantesca pavada de Bruselas y el Mercosur sólo llegará a participar en menos del 5% lo que, como enfatiza el texto, no habrá de crecer. ¿No cae esto en la noción de una tomadura de pelo? Los europeos sonríen, miran al techo y lo reconocen. Quienes calificaron de aceptable esta negociación fueron los cuatro gobiernos “principistas” (?) del Mercosur.

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Cabe recordar que en la Ronda Uruguay del GATT (1986-1994) se estableció la obligatoriedad de conceder un acceso mínimo equivalente a por lo menos el 5% del consumo nacional (regional en este caso), de modo que las cifras de importación que puedan surgir del Mercosur en este acuerdo OMC plus, no constituyen una concesión apabullante para el mercado europeo.

 

Otro ejemplo es el etanol, donde el Mercosur obtuvo una cuota de 650.000 toneladas de las que 450.000 estarían destinadas a usos químicos y 200.000 a destinos varios, incluyendo el de biocombustibles para transporte (200.000 toneladas para todos). Ello sin contar la persistente campaña del lobby verde destinada a abolir los biocombustibles de primera generación, cuyas materias primas son, hasta ahora, la soja, el maíz y la caña de azúcar (o sea el etanol de maíz o de caña de azúcar, así como el biodiesel de soja). ¿En serio que esto da idea de apabullante éxito? Los europeos se quejan, además, de que el aumento de las exportaciones mediante la cuota de pollo, básicamente las de Brasil, aumentarán en 6% las emisiones de carbón.

 

El problema no fueron las negociaciones sino la visión de los negociadores.

 

Pero el mismo informe acepta que los intereses europeos contribuyen al negocio de las OGMs, mencionando por su nombre a BASF, a Bayer y a Bayer-Monsanto entre las empresas responsables de la catástrofe climática y ambiental. Doy por conocidos mis puntos de vista sobre el proteccionismo regulatorio, que es uno de los tres problemas centrales y nefastos de los textos adoptados a fines de junio.

 

Otros de los temas que son exaltados como logros comunitarios, y a lo que el Mercsour adhirió sin chistar, teniendo al frente del ministerio a un expresidente de la Sociedad Rural, es la creciente aplicación de las reglas sobre bienestar animal. El ministro de Agricultura francés, Didier Guillaume, anunció en enero quince nuevas medidas para tratar con sensibilidad al ganado que se destina al consumo humano. Y aunque esto aumente los costos de manipulación, producción y transporte en los países que tienen largos trayectos que recorrer desde los campos a las industrias cárnicas donde serán procesados (como sucede en Brasil y Argentina), sería un buen gesto suministrarles ayuda psicológica a las reses para que acepten con dignidad y beatitud su muerte. Nuestros pobres van a saltar de orgullo cuando sepan que la carne está más cara por darle cariño VIP al ganado que ofrenda su vida para preservar heroicamente nuestro colesterol.

 



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