¿El coronavirus puede minar la tregua entre EE.UU. y China?

Trump Xi jinping osaka china eeuu


Por Esteban Actis (*) y Nicolás Creus (**)

 

El 15 de enero pasado, luego de casi dos años de tensión y hostilidad, Estados Unidos y China rubricaron la denominada “Fase 1” del anunciado y anhelado acuerdo comercial. La firma del documento no representó otra cosa más que una necesaria pausa en el marco de una disputa mucho más amplia que tiene como trasfondo la competencia por el liderazgo y el poder global.

 

Los efectos adversos de la disputa sobre la economía internacional, la ralentización del crecimiento chino y el riesgo que entraña en tal contexto su enorme deuda corporativa, la preocupación por los niveles de productividad en EE.UU. y el malestar de importantes firmas multinacionales por la afectación de las cadenas de suministro, confluyeron para que tanto desde Washington como desde Beijing se valorará positivamente la necesidad de lograr un acuerdo, aunque sea de mínima. Vale recordar además que la tregua se inscribió en un contexto político complejo y desafiante tanto para Donald Trump –con la amenaza de juicio político en su contra– como para Xi Jinping –con las protestas en Hong Kong– que también condicionó la predisposición de las partes a acordar.

 

El acuerdo alcanzado generó alivio en los mercados internacionales en tanto que despejó los temores de una recesión global en el corto plazo y brindó algo de certidumbre sobre el principal tema de la agenda internacional. Sin embargo, en el mismo momento en que Trump y Liu He (viceprimer ministro chino) se dieron la mano, en la ciudad Wuhan ya había cientos de infectados por la aparición de un nuevo virus (Coronavirus) de rápida propagación que pronto pondría en alerta a las autoridades del país asiático, y con el correr de los días, al mundo entero. El temor a una propagación a nivel global, con la aparición de infectados en distintos países y la casi paralización de la economía china como consecuencia de las medidas preventivas dispuestas por el gobierno, golpearon duramente a los mercados globales.

Te puede interesar:  La economía de Estados Unidos empieza a sentir el coronavirus

 

El gran interrogante que surge en este contexto es saber si el coronavirus también puede “infectar” la tan difícil tregua alcanzada entre EE.UU. y China. Larry Kudlow, director del Consejo Económico Nacional de la Casa Blanca, advirtió que podrían ocurrir retrasos de parte de China en las compras de productos norteamericanos acordadas en la “Fase 1” como consecuencia del freno económico que supuso el coronavirus.

 

La situación de debilidad circunstancial que atraviesa China, ciertamente puede resultar tentadora para Trump, quien de acuerdo a su estilo negociador podría buscar generar nuevos focos de tensión para negociar concesiones adicionales en el contexto de urgencia de su contraparte. Algunas de las declaraciones y acciones recientes bien pueden enmarcarse en esta lógica. Hace algunos días, el secretario de Comercio de EE.UU., Wilbur Ross, indicó que el coronavirus podría dañar la economía china y ayudar a acelerar el retorno a EE.UU. de empleos que habían sido relocalizados en el país asiático. En el plano de las acciones, para evitar la propagación del virus la Casa Blanca emitió una advertencia de nivel 4 (la más alta), al tiempo que aconsejó a los ciudadanos no viajar a la zona para la cual se emitió la misma, alcanzando en este caso a todo el territorio chino, no solo a la ciudad de Wuhan en donde se originó el virus. En consonancia con esta advertencia, días antes Washington había ordenado la evacuación de todo el personal estadounidense que no desarrollara labores de emergencia y estuviera en Wuhan. Por último, el gobierno norteamericano reforzó las medidas mediante la imposición de un veto a la entrada de extranjeros que hayan viajado a China en los últimos catorce días.

Te puede interesar:  La irrupción del coronavirus y su impacto en Argentina

 

Las citadas medidas causaron malestar en el gobierno chino y fueron catalogadas como una “inapropiada sobrerreacción que poco han ayudado a contener la epidemia”, al tiempo que se acusó a EE.UU. de “sembrar el pánico”. Asimismo, desde el Ministerio de Relaciones Exteriores de China destacaron que “EE.UU. fue el primer país en evacuar el personal del consulado de Wuhan y el primero en imponer prohibiciones de viaje pero sin ofrecer ninguna ayuda sustancial”.

 

Ahora bien, más allá de todo lo referido, no parece sensato para ninguna de las partes poner en riesgo el acuerdo alcanzado que entraría en vigor el 14 de febrero. La reciente confirmación de las autoridades chinas de la eliminación de aranceles de bienes estadounidenses por un valor de US$ 75.000 millones muestra la intención de encapsular las tensiones por el coronavirus. El año electoral que debe transitar Trump y la necesidad de China de ordenar los crecientes desequilibrios de su economía requieren de estabilidad en los mercados e invitan a priorizar un clima de distensión en el vínculo bilateral, el cual de seguro no estará exento de momentos de tensión, aunque estos deberían ser circunstanciales y acotados.

 

(*) Doctor en Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional de Rosario @actis_esteban

(**) Director de Estrategia Global en Terragene @creusnicolas



Lee también: