Crisis de las cadenas de valor: el coronavirus profundiza la desglobalización

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Por Pablo Maas

 

Hay una inercia retórica sobre la globalización que se resiste a desaparecer. El discurso del Consenso de Washington, la idea de que “el mundo es plano” y que la globalización es como un fenómeno de la naturaleza contra el cual es inútil toda oposición, persiste en la visión que tienen sobre el estado actual de la economía mundial aun los líderes más inesperados. Es el caso del nuevo presidente argentino Alberto Fernández, quien durante la campaña electoral de 2019 y tras asumir el 10 de diciembre repitió que “la globalización ha venido para quedarse y es irreversible”.

 

En estos días, el estallido del coronavirus está demostrando lo contrario. Los datos muestran que la globalización está crujiendo y que en ciertos aspectos está en retroceso. Gobiernos y empresas occidentales ya consideran medidas y están financiando iniciativas para reducir su extrema dependencia de China y otros proveedores asiáticos y reconstruir redes de proveedores nacionales o regionales, en una reversión del proceso de globalización. Está naciendo la desglobalización.

 

La advertencia de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de que el mundo enfrenta una posible pandemia colapsó los mercados financieros y al precio del petróleo esta semana. Los cierres de fábricas en China y el caos logístico en el que ingresó el comercio internacional hacen temer un fuerte impacto en la actividad económica mundial. Pero las fábricas eventualmente volverán a trabajar y todo volverá a la normalidad, o al menos ese es el mensaje que intentan transmitir las autoridades chinas.

 

Sin embargo, el coronavirus podría tener un impacto bastante mayor. Esta vez es diferente. No se trata solamente de un tropiezo en la larga marcha hacia el progreso y el bienestar. Lo que la propagación de un virus está mostrando ahora es la enorme fragilidad de las llamadas cadenas globales de abastecimiento, que constituyen el núcleo central, el corazón de la globalización. Estas redes de producción y distribución de bienes y servicios, que confían en centenares de proveedores en distintas regiones o países fueron construidas por las empresas multinacionales para maximizar ganancias y minimizar ciertos riesgos económicos como cambios tarifarios, cambiarios o impositivos. Pero no están preparadas para riesgos de nuevo tipo, sanitarias o climáticas, por ejemplo.

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“Las cadenas de abastecimiento no son indestructibles. Si los nuevos costos o riesgos son lo suficientemente altos, toda la estructura se desmantelará”, advierte el economista Tyler Cowen. Y se desmantelará muy rápido, porque cada eslabón necesita del anterior para agregar valor, escribió esta semana en su columna de Bloomberg.

 

Según The Economist, la mayor parte de las multinacionales fueron tomadas por sorpresa por el virus. No es la primera vez que han sufrido shocks a causa de sus proveedores asiáticos. El tsunami que devastó Japón en 2011 o, más recientemente, la guerra comercial entre Estados Unidos y China, expusieron los riesgos que cadenas de abastecimiento demasiado dependientes del gigante asiático. Pero los CEOs de las multinacionales no hicieron nada para evitar nuevos shocks y ahora los mercados están castigando más fuertemente a las firmas estadounidenses más expuestas a China en comparación con sus pares menos expuestos, observa el semanario británico.

 

En ausencia de los empresarios, los gobiernos están empezando a tomar cartas en el asunto. Así como el shock petrolero de 1973 cambió las prioridades de Estados Unidos en materia de abastecimiento de crudo e impulsó a Washington a buscar el autoabastecimiento, esta vez puede ocurrir algo similar. Estados Unidos importa de China e India alrededor del 80% de los insumos que produce su industria farmacéutica y una disrupción severa en la cadena de abastecimiento impondría un riesgo de seguridad nacional a la primera potencia mundial. Amenazas como estas son un incentivo a la sustitución de importaciones. Dice Tyler Cowen: “Por ahora la apuesta es que las cadenas de abastecimiento internacional aguanten y que entreguen los productos. Pero la chance de que no lo hagan está creciendo rápido, en la medida en que la guerra comercial y el coronavirus fortalecen la mano de aquellos que proponen un mayor desmantelamiento de las redes de comercio internacional”.

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Quienes están decididos a sustituir sus importaciones de Asia de un insumo crítico para la industria automotriz que se viene, como las baterías eléctricas, son los europeos. En noviembre pasado, aun antes de la explosión del coronavirus, la Comisión Europea aprobó un subsidio de 3.600 millones de euros para la Alianza Europea para las Baterías (AEB), un consorcio de empresas privadas que incluye a firmas como Total, Renault, Varta, BMW, Solvay y BASF. El presidente francés, Emannuel Macron, describió a la alianza como el “Airbus de las baterías”. El ministro francés de finanzas, Bruno Le Maire, dijo que el proyecto, que ya está abriendo sus primeras fábricas en Francia y Alemania, “prueba que Europa es capaz de construir su soberanía tecnológica y por lo tanto política de cara a China y Estados Unidos”. La AEB, dice su página Web, es una “cadena de valor europea”.

 

Ejemplos como la AEB podrían generalizarse incluso a nivel nacional. Según Any M. Jaffe, una consultora experta del influyente Council on Foreign Relations (CFR) de Estados Unidos, una posible consecuencia no deseada del coronavirus sería un estrechamiento de las cadenas de abastecimiento y el regreso de los “campeones económicos nacionales” en las principales economías del mundo. En un artículo que escribió en el blog del CFR el lunes 24 de febrero, Jaffe observa que ya está muy presente en Estados Unidos el riesgo de depender demasiado de la tecnología china para el despliegue de las redes de telefonía celular de quinta generación (5G) y que incluso el procurador general, William Barr, lanzó la idea de que Washington y sus aliados deberían tomar el control accionario de las firmas europeas Nokia y Ericsson como forma de evitar que la china Huawei llegue a dominar los mercados de 5G. Y concluyó: “si las secuelas económicas del coronavirus paralizan las cadenas de abastecimiento de industrias más cruciales, esperen ver una aceleración de estas tendencias”. “Estas tendencias” son el adiós a la globalización tal cual la conocimos.

 



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