¿China derrotada por el coronavirus?



Por Héctor Rubini Economista de la USAL

 

Este sábado se cumplirán los primeros 60 días del descubrimiento del primer enfermo por el nuevo coronavirus. Al cierre de este artículo se confirmaba la muerte de 564 personas, en su casi totalidad en China. La noticia no sólo viene dada por las características desconocidas del virus, sino por la falta de prevención del gobierno chino, que subestimó el problema y acalló las voces sobre los primeros contagios.

 

La organización Mundial de la Salud también retrasó la declaración de una emergencia mundial por este problema, aparentemente bajo fuerte presión del gobierno chino. Algo que pareció repetirse anteayer cuando el titular de la OMS, el etíope Tedros Ghebreyesus acusó a “algunos países ricos” por falta de información, sin especificar ninguno.

 

El clima de supuesto orden que transmiten las autoridades chinas se contradice, sin embargo, con testimonios que se filtran al exterior sobre escasez de barbijos e insumos médicos, y la marcada censura a toda información que incomode al Partido Comunista y sus funcionarios.

 

El gobierno chino ha puesto su energía en mejorar la infraestructura, y es más que admirable la rapidez para construir un hospital para 1.000 pacientes en Wuhan, pero todavía no está totalmente en condiciones para albergar esa cantidad de personas. Las autoridades de Wuhan y otras ciudades chinas han debido adaptar centros de convenciones y estadios deportivos para internaciones. Las cuarentenas se han extendido a varias ciudades y su efectividad está, como mínimo, en duda. Es una medida prudente, pero extrema y no exenta de una crítica básica: se basa en el supuesto de que el riesgo de contraer o transmitir la infección es el mismo para cualquier persona simplemente por residir en la misma ciudad o región. No necesariamente protege a las personas sanas, y a la larga puede complicar la lucha contra esta nueva enfermedad.

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Mientras tanto, más de 50 millones de habitantes deben permanecer en sus casas, no trabajar, y salir a comprar sólo bienes esenciales. Algo que no puede sostenerse en el tiempo, y que va a tener impacto negativo en la economía china y en sus socios comerciales. En el caso de alimentos y bebidas, la suspensión de actividades de frigoríficos y otros establecimientos afecta no sólo al abastecimiento interno, sino a la demanda de importaciones específicas. En particular, la promisoria exportación de carne bovina de nuestro país enfrenta un horizonte incierto al menos hasta marzo. Chile, a su vez, sufre desde el brote de esta enfermedad una caída entre 50% y 60% de los pedidos desde China de vinos, mariscos y cerezas. Y esto puede continuar.

 

Sin solución a la vista para esta crisis sanitaria, las proyecciones de crecimiento del PIB chino se irán ajustando a la baja. No sería de extrañar que a partir de marzo empiecen a circular proyecciones de crecimiento real del PIB inferiores al 5% para este año. En ese caso, el escenario político interno se le puede complicar seriamente a Xi Jinping. El núcleo de su poder se basa en la descentralización del poder fáctico, que para varias funciones del Estado se ha delegado a funcionarios y cuadros políticos de las administraciones provinciales y municipales. Ahora todos ellos están en el centro de las críticas de los ciudadanos chinos que perciben signos inequívocos de manipulación de las informaciones sobre la situación real en esta crisis sanitaria. De hecho, el pasado sábado: el buscador chino Tencent informó por varios minutos que se registraban a esa fecha 154.023 casos con el nuevo coronavirus, 79.800 sospechosos y 24.589 muertos, mientras que por el sitio QQ el gobierno informaba 14.446 casos, 19.544 sospechosos y 304 fallecimientos. Siendo la tercera vez en pocos días que se filtran cifras diferentes dentro del propio país, es inevitable la duda sobre si el gobierno chino tiene una lista de datos “para informar” y otra que sería la verdadera. De hecho, cuesta entender, el bloqueo de la provincia de Hubei si para 55 millones de habitantes se han registrado oficialmente 19.665 casos (0,04% de la población) y 549 fallecimientos (apenas el 0,001% de la población).

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Xi y su equipo, parecen ahora apostar a manejar la crisis sin cambios, pero llama la atención la reacción virulenta que ha mostrado el gobierno chino hacia terceros países. Anteayer, el embajador chino en Indonesia tuvo el atrevimiento de “advertir” al gobierno indonesio de consecuencias negativas si no levanta las prohibiciones a viajeros y las limitaciones a importaciones provenientes de China. Una indebida amenaza que en la prensa del exterior pasó desapercibida, pero puede marcar el inicio de represalias comerciales o de otro tipo a países que empiecen a tomar cierta distancia de Pekín, y no sólo por el coronavirus.

 

¿Se terminó la tradición de no interferencia en otros países? Habrá que esperar cómo sigue esta historia. Pero es un dato que no puede subestimarse. Especialmente en los países que en las últimas dos décadas han optado por concentrar sus exportaciones en China. Algo coyunturalmente útil para la estabilidad cambiaria y de las cuentas fiscales, pero que en ningún país emergente ha dado lugar, al menos hasta ahora, a ningún proceso de desarrollo económico o modernización autosostenida. Algo que puede restar atractivo al proyecto de la Franja y la Ruta de la Seda, y debilitar la estrategia de Xi Jinping para rivalizar con Estados Unidos y otros países desarrollados.

 



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