Apoyo a Argentina, que no se traduce en aceptación privada

Guzmán FMI


El Gobierno logró ayer lo que venía buscando: que el FMI declare la deuda “no sostenible” y que recomiende una quita “apreciable” a los acreedores privados. El Gobierno, con Alberto Fernández a la cabeza, se había puesto ese objetivo. El propio Presidente transmitió ese pedido a sus pares que visitó durante el mes de enero. Cerca de Martín Guzmán, que también operó ese pedido, creen que el aval del FMI ayudará a revertir la prédica pro-bonistas de las últimas semanas. Ahora, creen, la visión del FMI ayudará a la torcer la batalla en la madre de todas las batallas: la negociación de la deuda pública bajo Ley Extranjera. Por cierto, eso no implica una vía libre para propuestas agresivas.

 

“Con el comunicado, el FMI abrió la puerta para que Argentina inicie la reestructuración de la deuda, respaldando los pasos que dio el Gobierno desde que asumió. El foco pasará a estar ahora en determinar cuan ‘significativa’ tendrá que ser la ‘contribución’ de los privados y que sucederá con la deuda que tiene Argentina con el FMI”, dijeron desde el Grupo SBS.

 

“El comunicado del FMI era algo que se descontaba. Algunos entienden que la declaración es una ‘jugada de manual’. Con la deuda pública tan elevada, cortado el acceso al financiamiento y con perspectivas macro endebles, el propio reglamento del FMI indica que hay que hacer una reestructuración de los pasivos para evitar un default desordenado”, dice Matías Carugati en diálogo con El Economista.

 

 

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“Sin obviar lo anterior, también puede leerse esta declaración del organismo como un apoyo a la postura oficial. Recordemos que hay un staff técnico, pero el que toma las decisiones es un board donde importa la política. Y si no, recordemos las gestiones de Donald Trump para ayudar a Mauricio Macri en los últimos 2 años. Hay una secuencia de hechos que marcan lo que sería la postura inicial del Gobierno para renegociar con los acreedores privados. Primero, el reperfilamiento compulsivo del Bono Dual, tras el fallido canje y la posterior licitación desierta. Segundo, el discurso de Guzmán en el Congreso diciendo que la deuda no es sostenible y que habrá una reestructuración. Y tercero, el aval del FMI en su comunicado de ayer”, detalla Carugati.

 

“Vemos al Gobierno tratando de fortalecer su posición antes de sentarse a una mesa de negociación donde tiene las ‘cartas marcadas’. La situación es muy distinta a la de 2005, donde el poder relativo estaba del lado de Argentina. Ahora son los acreedores los que pueden esperar, mientras que Argentina precisa resolver este asunto para poder dar vuelta la macro. Por eso conviene seguir con el foco en lo importante: qué es lo que finalmente ofrecerá el Gobierno. Si ‘pide mucho y da poco’ (período de gracia extenso y/o poco o nulo ajuste fiscal) puede tensar la cuerda hasta cortarla y caer en default. Veremos en unas semanas, cuando se haga pública la oferta oficial. Hasta entonces, seguirán las especulaciones. Recién ahí comenzará el partido que importa”, matiza Carugati.

 

 

“Lo veo muy político al comunicado”, dijo Juan Manuel Pazos, Economista Jefe de TPCG, quien minimizó su impacto. “Me parece que hay una expectativa grande del aporte del sector privado a la reducción de la deuda y muy poco del aporte del propio sector público. Es muy difícil que el sector privado acompañe con una quita si Argentina propone mantener un déficit primario hasta 2023, como sugirió Guzmán en el Congreso”, agregó Pazos ante El Economista.

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“Que el FMI declare la deuda no sostenible y diga que los bonistas van a tener que poner el hombro no es una estrategia que incentiva a los fondos a ingresar porque todos compraron bonos a US$ 100. Hay que evitar una colusión muy grande porque, en última instancia, los fondos te sacan los bonos del mercado, la aceptación para el canje se desploma y te vas al default. El hecho de que Guzmán y ahora el FMI hablen todo el tiempo del default debería poner la cesación de pagos sobre la mesa porque si no los fondos se apalancan a tasas bajas, te compran una serie, te sacan del mercado y te vacían en canje”, dice Damián Pierri desde IIEP-Baires.

 

“El comunicado del FMI está alineado con su conducta histórica de pedir ayudas a privados cuando la deuda pública no es sostenible”, dice Martín Vauthier desde EcoGo ante El Economista. “Además, dice que el superávit fiscal exigido para restaurar la sostenibilidad de la deuda sin una operación de administración de pasivos no sería sostenible ni social ni políticamente”, agrega. “Eso es un claro guiño a Guzmán, aunque no creo que lo que diga el FMI incida en la actitud de los privados. Eso estará determinado por el precio esperado de los bonos ofrecidos en el canje. La urgencia no es el FMI sino los privados, con quienes tenemos vencimientos urgentes”, concluye Vauthier.

 



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