La frazada corta

Alberto Fernández


Por Julia Segoviano Economista LCG

 

A fines de octubre finalmente se confirmó lo que las PASO habían anticipado y Alberto Fernández se convirtió en el Presidente electo, luego de ganar la contienda electoral en primera vuelta. Si bien el búnker de la fuerza vencedora era fiesta y festejos, también hubo momentos en los que el nuevo mandatario, mediante su discurso, manifestó la compleja situación que deberán administrar.

 

Aunque las intenciones sean las mejores, la economía está atravesando una situación de extrema fragilidad donde el cepo cambiario, riesgos de hiperinflación, reestructuración de deuda y retiro de depósitos son algunas de las cosas que se escucharon y discutieron en las últimas semanas. Se ha alcanzado una situación bastante extrema.

 

Como ya se ha escuchado varias veces, es posible comparar a la economía de un país con una frazada corta, donde al querer cubrirnos la parte superior del cuerpo, terminamos descuidando la zona inferior. Esto es lo que deberá enfrentar el Presidente electo durante al menos su primer año de gestión, debido a las múltiples inconsistencias que surgen al querer lograr al mismo tiempo bajar la inflación, alcanzar superávit primario, aumentar el poder adquisitivo de los salarios y pensiones y mantener competitividad cambiaria.

 

El primer escollo con el que deberá lidiar la nueva administración es la reestructuración de la deuda. Argentina se ha comportado en los últimos años como un deudor muy poco confiable. A cuatro años de haber arreglado con los holdouts, y a quince años de una de las reestructuraciones más conflictivas y agresivas dentro del mercado de bonos internacional, nuevamente hay que sentarse con los acreedores y explicar que no podemos pagar. Es posible que tanto historial de incumplimientos empiece a quitar la paciencia de los que quieren cobrar, y surjan algunas exigencias fuertes como contrapartida. Una de ellas será consolidar el proceso de ajuste fiscal para alcanzar un superávit primario que permita generar excedentes para pagar intereses de deuda. En ese sentido, 2020 no se caracterizará por ser un año con fuerte expansión fiscal.

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Para avanzar con el desendeudamiento es necesario garantizar superávit, lograr que baje el riesgo país para reducir el costo de financiamiento, y lo más importante: volver al sendero del crecimiento. Tratar de alcanzar el superávit implica continuar con el recorte del gasto o aumentar los impuestos. Cualquiera de las dos opciones seguirá contrayendo la economía y los ingresos de la gente, hecho que se contrapone con la necesidad de crecer y de mejorar los ingresos reales de los agentes.

 

El siguiente asunto para considerar son las posibilidades de financiamiento. Si bien es necesario alcanzar el equilibrio fiscal, aún es un misterio la velocidad que elegirá la próxima gestión. Es poco probable que haga recortes muy fuertes en las partidas presupuestarias, dadas las declaraciones de Alberto Fernández sobre devolver un poco de aire a la sociedad. Cuando asuma, a pesar de haberse recortado notoriamente el déficit primario, los números todavía estarán en rojo, razón por la cual deberá elegir como financiarse. Con el mercado de deuda cerrado, sólo le quedarán los impuestos y la emisión, ambas opciones con su correspondiente contracara. El margen para aumentar impuestos, dada la carga tributaria actual, es escaso y la emisión, por su parte, deberá tomarse con cuidado dado el alto escalón inflacionario con que parte el nuevo gobierno.

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Esto último nos lleva a pensar también en la aceleración inflacionaria de los últimos meses. Tratar de bajarla en 2020 implica encontrar algún ancla nominal que la contenga. Podría ser tratar de mantener estable el tipo de cambio, pero aquí nuevamente surge una contradicción, dado que se superpone con el deseo de fomentar las exportaciones y tener un dólar competitivo. En este sentido, el presidente electo ya dejó entrever un poco cuáles son sus planes, y tratará de encarar un acuerdo social transitorio, así como también establecer ciertos controles de precios para cuidar el poder adquisitivo de los que menos tienen.

 

En suma, mejorar los ingresos de la sociedad se contrapone con la necesidad de superávit fiscal exigido por los acreedores, así como también con lograr la desaceleración de la inflación y potenciar las exportaciones. Es claro que no pueden atacarse todos los frentes a la misma vez, sino que habrá que establecer prioridades, y encarar de manera coordinada y optimista todos para el mismo lado.






Diario EL ECONOMISTA

jueves 14 de noviembre, 2019
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