¿Buenos vecinos?

Bolsonaro


Por Emilia Calicibete Analista de LCG

 

Para entender un poco mejor la situación del comercio exterior de Argentina hay que contextualizarse, dar un paso hacia atrás y ver la foto completa. La segunda mitad del 2019 se presenta un tanto compleja para la mayoría de los países de América Latina. El crecimiento regional esperado es de sólo 0,2% en 2019. Cada uno tiene sus problemas y prioridades a resolver, lo que desemboca en niveles de actividad con escaso dinamismo.

 

El caso más relevante para analizar desde la perspectiva de Argentina es el de Brasil.

 

Luego de un desplome de la actividad en el 2015 y 2016, la economía brasileña sigue sin mostrar crecimiento significativo capaz de situar la actividad a niveles del 2014. Todavía mantiene una caída acumulada del 5,4% y, como es de esperarse, eso afecta el canal comercial con países latinos.

 

Además de la categoría de vecino, se le suma a dicho país la de principal socio comercial. Brasil es, y siempre ha sido, el mejor amigo comercial de Argentina. Es por eso que la correlación entre dicha caída de la actividad y el volumen de sus importaciones es alta. Cuando la economía brasileña se reanima, también parece que lo hicieran sus compras a nuestro país. Ambas curvas se mueven a ritmos muy similares.

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Algo parecido, pero a menor nivel, sucede con las exportaciones dirigidas hacia aquí, ya que las curvas se acompañan durante un largo periodo. El hecho de que esa correlación parecería perderse en los últimos dos años se debe a que Argentina se encuentra atravesando una profunda crisis y redujo su importación de productos brasileños. Actualmente se empiezan a ver signos de una relación que intenta recuperarse, aunque todavía son magros.

 

Luego de un desplome de la actividad en el 2015 y 2016, la economía brasileña sigue sin mostrar crecimiento significativo capaz de situar la actividad a niveles del 2014.

 

De todas formas, reaparece una señal de alarma tras el anuncio del Ministerio de Agricultura de Brasil del pasado jueves, que todavía no es oficial. Se habilita un nuevo cupo de toneladas de trigo a ingresar a Brasil y la pérdida que esto representaría para Argentina no es tanto por el lado de cantidades, ya que este nuevo cupo implica un porcentaje cercano al 10%, sino por el lado de los precios.

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Para mantener el nivel de competitividad, Argentina debería bajar sus precios ya que el trigo que ingresará a Brasil tras esta medida será libre de aranceles. Esto implicará que, si el valor del trigo se reduce en el mercado externo, también lo hará en el interno. En fin, el cereal podría llegar a venderse por debajo de su nivel actual. Una luz de atención para el Mercosur en su conjunto.

 

Además, no hay que dejar de recordar que, en pocos días, asumirá Alberto Fernández, quien se muestra decidido a impulsar cambios en el Mercosur, nada atractivos a la vista del presidente brasileño Jair Bolsonaro. Será interesante ver si ambos presidentes podrán ponerse de acuerdo en medidas que favorezcan el crecimiento de la región.

 

Según el relevamiento de expectativas de mercado publicado por el Banco Central de Brasil, el crecimiento de la actividad brasileña para 2019 estaría en torno a 0,92%. Si bien la correlación existente nos indicaría que las candidatas a acompañar esa situación son las importaciones brasileñas, no se descarta que puedan existir factores de otro tipo que puedan llegar a perturbar esa sintonía.






Diario EL ECONOMISTA

jueves 05 de diciembre, 2019
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