Lohlé: “La región debería repensarse, salir de esta especie de guerra fría que se ha recreado”



Entrevista a Juan Pablo Lohlé Exembajador argentino en Brasil Por Néstor Leone 

 

“La región debería repensarse a sí misma, saliendo de esta especie de guerra fría que se ha recreado en América Latina. Esto es un atraso tanto para la izquierda como para la derecha”, señala Juan Pablo Lohlé, exembajador argentino ante Brasil, España y la Organización de Estados Americanos. Y agrega: “Abogo por una reunión regional en la cual se fijen parámetros nuevos, modernos, que no signifiquen un perjuicio para nuestros pueblos, porque en vez de integrarnos al mundo nos estamos desintegrando hacia dentro y desconectando respecto del mundo que viene”.

 

En esta entrevista con El Economista, el director del Centro de Estudios Políticos Estratégicos Internacionales (CEPEI) analiza la relación entre Argentina y Brasil y el posible cambio en política exterior de un gobierno de Alberto Fernández y el Frente de Todos. “Por primera vez tenemos un escenario de mucha diferencia entre el potencial gobierno argentino y el brasileño, pero también es un desafío de los dos países para adecuarse a circunstancias distintas”, señala al respecto.

 

No parece ser amigable la bienvenida que Jair Bolsonaro pretende ofrecerle a Alberto Fernández. A su vez, el candidato del Frente de Todos hizo claros gestos de diferenciación claros, por ejemplo, visitando a Lula en la cárcel de Curitiba. ¿Son sobreactuaciones o indicadores de cómo será la relación entre ambos, de repetirse el resultado de las PASO?

Efectivamente, no han sido amigables, tanto uno como el otro. Pero son intereses nacionales los que están en juego y eso es probable que modere, una vez definida la elección, la relación entre los presidentes. Por lo menos, creo que sería lo adecuado. Porque Argentina y Brasil, más allá de los presidentes, representan gran parte de la geografía y del comercio de América del Sur. Y hay una tradición que hay que mantener, por más que los presidentes sean de signo contrario y que piensen diferente.

 

En ese sentido, ¿cuánto puede influir esto en términos comerciales? ¿Cuánto puede haber de inmodificable y cuánto de variable en la relación?

Lo ideal, en esta situación, es separar la política de la economía, porque esa fricción no es conveniente para ninguno de los dos países. Tomemos, por ejemplo, el acuerdo automotriz. Es un acuerdo comercial que funciona normalmente bien. Con algunas recaídas, porque los mercados no están muy activos. Pero cuando los mercados crecen también aumenta la producción y las ventas en común. Este es un buen punto de partida: separar los intereses económicos de los políticos.

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Hay una tradición que se debe que mantener, por más que los presidentes sean de signo contrario y que piensen diferente.

 

¿Qué puede pasar con el Mercosur, que parece haber quedado en un segundo plano, y qué con el acuerdo en común con la Unión Europea?

La presidencia del Mercosur ahora la tiene Brasil. Y, efectivamente, no ha habido mucha actividad en el bloque regional. Tenemos pendiente el acuerdo con Europa, además, que incluye los intereses de ambos países. Que no haya acuerdo en este punto, sí sería un problema, porque Brasil, Paraguay y Uruguay ya han conversado entre sí y la Argentina aún no lo ha hecho porque está pendiente nuestra elección. Una vez elegido el nuevo gobierno tendremos que ponernos en marcha para acordar sobre cómo seguir.

 

A Mauricio Macri le tocó gobernar con dos mandatarios ideológicamente más afines como Michel Temer y ahora Bolsonaro. Por lo menos, en términos relativos. La relación no tuvo contratiempos, pero da la sensación de que tampoco hubo avances sustanciales. ¿Comparte?

Hubo más avances en los acuerdos políticos que en los comerciales, pero eso tiene que ver también con la situación económica de Brasil, que estuvo cuatro años en recesión. Ahora tiene una tendencia a recuperar el crecimiento que, se estima, estará en 2%. Hicieron la reforma laboral, están aprobando la reforma de la previdencia, que es la jubilatoria, y tienen pendiente la reforma tributaria. Si estas tres cosas marchan de manera complementaria, la previsión de Brasil es de crecimiento. Además, tienen US$ 380 mil millones de reservas y prevén inversiones por US$ 86 mil millones. Y si Brasil tiende a mejorar, eso va a beneficiar naturalmente a la Argentina. La relación no tuvo tantos contratiempos, es cierto, porque tampoco hubo demasiada actividad. En el mejor año de la relación, allá por 2010, llegamos a casi US$ 40 mil millones de comercio y hoy estamos rondando los US$ 25 mil millones. Es decir, que hemos reducido sustancialmente la relación comercial, pero por causas económicas: las recesiones en los dos países.

 

Una posición realista respecto a Brasil es que los intereses nacionales estén por encima de cualquier otro interés.

 

En términos más amplios, lejos parecen haber quedado las aspiraciones del Planalto de hacerse fuerte a partir del BRICS. Teniendo en cuenta que es nuestro principal socio comercial y que es de alguna manera la locomotora de la región, ¿qué futuro avizora para Brasil?

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El crecimiento en Brasil es necesario, porque está con un alto nivel de desempleo que contamina todas las relaciones sociales. La desocupación está hoy en 12%. Si esto se revierte va a beneficiar a la Argentina y a la región. Esperemos, también, que Argentina tenga una posición realista con Brasil. Es decir, que los intereses nacionales estén por encima de cualquier otro interés. Es cierto también que por primera vez tenemos un escenario de mucha diferencia entre el potencial gobierno argentino y el brasileño, pero también es un ejercicio de los dos países para adecuarse a circunstancias distintas. Respecto al BRICS, hay una reunión en Brasilia convocada por Bolsonaro. Es un indicador de que Bolsonaro tampoco tiene fronteras ideológicas a la hora de asociarse con otros países.

 

Alberto Fernández está decidido a alejarse del Grupo de Lima y mira con mayor interés la posición del México de López Obrador o del Uruguay del Frente Amplio. Por lo menos, en el caso Venezuela. Pero también respecto de otros procesos de crisis, como la de estos días en Ecuador. ¿Puede haber un cambio de eje posible en nuestra política exterior?

Obviamente, si gana Fernández va a haber un cambio en la política exterior. Venezuela será, también, un antes y un después. Y ahí juega un papel fundamental el informe Bachelet, que denuncia las violaciones a los derechos humanos en ese país a través de Naciones Unidas. Que Fernández cambie de posición y se alíe con México y Uruguay, creo que no va a cambiar mucho la situación de Venezuela. Lo que puede hacer es morigerar, en algún sentido, cierta repercusión de lo que sucede internamente. Pero hay alianzas extracontintales que también operan, que también influyen, como las de Rusia, China, Turquía o Irán. La región debería repensarse a sí misma, saliendo de esta especie de guerra fría que se ha recreado en América Latina. Esto es un atraso tanto para la izquierda como para la derecha. En ese sentido, abogo por una reunión regional en la cual se fijen parámetros nuevos, modernos, que no signifiquen un perjuicio para nuestros pueblos, porque en vez de integrarnos al mundo nos estamos desintegrando hacia dentro y desconectando respecto del mundo que viene.






Diario EL ECONOMISTA

viernes 15 de noviembre, 2019
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