Lo que viene desde diciembre

Casa rosada gobierno 2020


Por Matías Carugati Economista

 

Si no hay sorpresas, las elecciones ratificarán un escenario político inédito. Alberto Fernández llegaría a la Presidencia sin haber hecho el “cursus honorum” tradicional y a Mauricio Macri le quedará el consuelo de trabajar hasta el 10 de diciembre para convertirse en el primer presidente no peronista desde Marcelo T. Alvear en terminar su mandato. Los agentes económicos no se interesan por las formalidades legales o las curiosidades históricas y, para decidir qué hacer, ya se plantean varias preguntas. Agrupémoslas en dos. ¿Qué economía recibirá el próximo presidente? Y, ¿qué es lo que hará Alberto Fernández si resulta electo el próximo octubre?

 

  • La respuesta a la primera pregunta comienza por la transición hasta diciembre. Los 44 días que median entre las elecciones y la renovación de autoridades son sumamente complejos. Simplifiquemos diciendo que la transición puede facilitar o empeorar el punto de partida, dependiendo de si el gobierno entrante como el saliente se comportan de manera responsable. Por ejemplo, no forzando acciones políticamente incorrectas en un caso, o dejando la “casa en orden” en el otro. Gran supuesto, pero el análisis de la transición no es el foco de esta columna.

 

  • La clave para entender las restricciones que enfrentará el próximo presidente está en la economía que recibirá. De la “herencia K” hay algunos problemas prácticamente resueltos (precios relativos), otros en proceso de corrección (déficits primario y externo) y otros agravados o sin resolver (inflación y crecimiento). A ello hay que agregar cuestiones que parecían resueltas pero, por diversos factores, resurgieron, como el endeudamiento, la falta de financiamiento privada y el control de cambios. El regreso del FMI como casi único financista y auditor complica aún más las cosas. En el que se siente en el sillón presidencial gobernará con una economía estancada, con alta inflación, mayor conflictividad social y pocos grados de libertad para desarrollar la política económica.
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  • Respecto al segundo interrogante planteado, muchos se preguntan qué tipo de presidente sería Alberto. ¿Ejercerá el poder de forma independiente o será un delegado de Cristina? Digamos que el candidato no parece un político con personalidad sumisa. Y sus acciones apuntan a que no dejará que otros decidan por él. Desde hace meses viene armando un esquema de “pesos y contrapesos” dentro del espacio que lo lleva en el tramo más relevante de la boleta para atenuar la debilidad política de origen de su candidatura. Esta tarea de construcción busca contener posibles presiones que puedan surgir desde el peronismo tradicional (gobernadores e intendentes del GBA), el kirchnerismo “ortodoxo” (con peso en PBA y el Congreso) o las organizaciones sociales por el dominio de la agenda. Cuando designe a su gabinete se verá realmente cómo se posiciona dentro de este espacio y qué resortes de poder se guarda para sí.

 

  • Yendo a la pregunta central, ¿qué puede ocurrir una vez que se concrete el traspaso de mando? Si se ratifica el resultado de las primarias, a partir del 10 de diciembre Alberto Fernández tendrá que buscar la cuadratura del círculo. Cumplir con las promesas que lo habrán llevado a ser presidente, pero atendiendo las restricciones económicas.
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  • Poner plata en el bolsillo de la gente no será tarea fácil. El sector privado está pasando por una situación tan complicada que muchas empresas no tienen fondos suficientes para hacer frente a la recomposición salarial (el famoso bono que no es bono de $5.000) que dispuso Macri. Al propio Estado tampoco le será sencillo mejorar el poder adquisitivo de los empleados públicos, jubilados o beneficiarios de planes sociales. Aumentar el gasto en un contexto de déficit fiscal, necesidades de financiamiento elevadas y sin acceso al mercado voluntario de deuda implica tomar decisiones sensibles para alguno de los grupos que conforman el Frente de Todos.

 

  • En definitiva, en los próximos años el Presidente tendrá que administrar la escasez. Reconocer los problemas que tiene la economía es el punto de partida, aunque para resolverlos tendrá que entender que las medidas correctivas son tan importantes como la secuencia de implementación. No se puede pensar lo importante sin atender lo urgente y, en este sentido, evitar el default y estabilizar nominalmente la economía son cuestiones prioritarias. Lograrlo no será fácil y habrá que mediar entre los lógicos ganadores y perdedores de cada decisión tomada. Por eso, la economía de los próximos años será política. Acaso mucho más que en los últimos años.

 



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