China, EE.UU. y una pausa en la carrera por la hegemonía

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Por Pablo Maas 

 

La “minitregua” alcanzada por los negociadores comerciales de Estados Unidos y China el viernes 11 de octubre en Washington no logró disipar los temores sobre el futuro inmediato de la economía internacional. ¿Habrá cese del fuego? Eso se preguntan en Wall Street, donde esta semana comenzó la temporada de balances trimestrales de las grandes corporaciones.

 

Según Donald Trump, China se mostró favorable a aumentar su compra de productos agrícolas estadounidenses hasta unos US$ 50.000 millones y realizar otras concesiones en materia de servicios financieros, política cambiaria y propiedad intelectual. A cambio, Estados Unidos suspendió el aumento de aranceles a importaciones chinas que tenía previsto aplicar a partir del 15 de octubre. Pero se trató solamente de un acuerdo verbal. No hubo documentos firmados por ninguna parte. El Diario del Pueblo, órgano oficial del Partido Comunista de China, informó de “progresos sustanciales” en las conversaciones, pero sin entrar en detalles. De paso, reiteró su advertencia de que en una guerra comercial “no hay ganadores” y mostró cifras pesimistas sobre la evolución reciente de la economía estadounidense, incluyendo un mayor déficit comercial, la contracción de la actividad manufacturera y la disminución en la demanda de empleo. A diferencia de la economía estadounidense, dijo el diario, el vigor del mercado chino sigue sorprendiendo al mundo.

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“Estos hechos demuestran que presionar a otras economías y transferir las contradicciones internas hacia escenarios de confrontación con países extranjeros no fortalecerá a los Estados Unidos”, agregó. No es una retórica que parezca anunciar una paz definitiva. Por el contrario, y como ya ha ocurrido en otras ocasiones durante la guerra comercial que lleva un año y medio, las conversaciones sinoestadounidenses suelen estar llenas de malos entendidos, que se hacen evidentes una vez que llega el momento de con cretarlos en documentos y acuerdos formales.

 

En las próximas semanas, se espera que los negociadores de ambos bandos refinen los acuerdos para firmar un texto de entendimiento durante la cumbre que mantendrán Trump y el presidente chino Xi Jinping en Chile durante la reunión del Foro Asia Pacífico, el 13 y 14 de noviembre. Aun suponiendo el mejor de los resultados, los acuerdos no incluirán la espinosa cuestión de las prohibiciones a la exportación de tecnología de empresas estadounidenses al gigante chino de las telecomunicaciones, Huawei, que se están negociando por cuerda separada. Este es el núcleo central de la disputa entre las dos superpotencias, que compiten por la hegemonía en el sector más avanzado de la tecnología digital y los futuros estándares en las normas de telecomunicaciones.

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Se trata de objetivo que difícilmente China esté dispuesto a resignar. El gigante asiático se jacta de haber logrado en veinte años una base industrial integrada e independiente que al mundo occidental le llevó dos siglos construir. Según el Diario del Pueblo, ahora está acelerando sus esfuerzos para invertir más en la manufactura de alta tecnología y la modernización de su sector industrial. En este marco, puede haber avances parciales como el de estos últimos días. Pero el fin del conflicto parece más lejano. La incertidumbre es el factor dominante que amenaza el crecimiento económico mundial y que llevó al FMI y otros organismos a reducir fuertemente sus pronósticos para 2019 y 2020.






Diario EL ECONOMISTA

viernes 15 de noviembre, 2019
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