Alberto Fernández pedirá más compromisos a los empresarios

Alberto Fernandez hambre


“Todo termina mal en Argentina”, dice Jorge Asís, ampuloso como solo él sabe. Un recorrido somero desde el ’83 hasta la actualidad le da la razón. Es una versión más directa de lo que Lucas Llach y Pablo Gerchunoff describieron como el “ciclo de la ilusión y el desencanto” y no hace falta, como hicieron ellos, bucear hasta 1880. El probable y cercano final del Gobierno de Mauricio Macri es una daga en la ilusión del empresariado local. La diferencia entre las expectativas que había allá por 2015 y lo que terminó pasando fue enorme. Uno podría contraargumentar ese desencanto, pero eso quedará para más adelante.

 

Si las elecciones del 27 no muestran sorpresas, Alberto Fernández conducirá los destinos del país dentro de 50 días y la ilusión no es, precisamente, la sensación que recorre las grandes empresas. En términos mayoritarios, cuanto menos. Si bien Alberto es uno de los dirigentes más market-friendly, por poner algún mote genérico, del universo pankirchnerista, las expectativas empresarias con sus políticas son bajas. Conspira contra el entusiasmo, también, la gravísima situación del país.

 

Pero la vida sigue. Algunos deberán hacer política y otros, negocios. La agenda de corto plazo de Alberto parece estar dominada por las finanzas, los acreedores y el FMI, pero la agenda interna deberá ser abordada con similar urgencia y el vehículo elegido parece ser la mesa de diálogo intersectorial. Alberto recibirá, si gana, una economía con una inflación en la zona de 60%, empleo en retroceso, una economía (muy) recesiva y una situación social en franco deterioro.

 

La fisonomía de ese acuerdo no va más allá de las consignas y algunas precisiones vagas, por el momento. Pero los empresarios intuyen algunas cosas. Son años ya. En su momento, Macri dijo que armó la cancha para que el sector privado haga su juego. “Si gana, Fernández nos pedirá mucho más y nos dirá como jugar, quien se proyecta, quien va de suplente y quien patea los penales”, bromea un industrial. Alberto pedirá que asuman compromisos concretos y buscará sentarlos junto a los sindicatos a la mesa de un acuerdo económico y social. Además de ayudar a combatir el hambre a las firmas más ligadas con la agroindustria y el retail de consumo masivo.

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Los empresarios saben que sobre ellos vendrá una mayor presión y, acaso, una mayor fiscalización. Sin ir más lejos, el documento programático del PJ que circuló días atrás señala que las reducciones impositivas para las empresas continuarán, pero condicionadas a ciertos targets de empleo, producción e inversión. Una política más intervencionista y dirigista. “No está del todo claro qué tanto va a influir ese documento del PJ”, dice, y espera, un interlocutor de las grandes compañías del país.

 

Son varios los que creen que Fernández intentará algo parecido a un congelamiento de precios o, cuanto menos, moderar los aumentos durante un tiempo hasta que se termine de definir un acuerdo entre los distintos sectores. Su expectativa, dijo su embajador económico Matías Kulfas, es un IPC de 2% mensual. “En general se descree de ese tipo de acuerdos, porque históricamente han fracasado en Argentina. Sin embargo, el empresariado obviamente se va a sentar a conversar y tratar de buscar alternativas. La situación no está como para no sentarse en una mesa de diálogo, y mucho menos al comienzo de un nuevo mandato. Pero, también, van a tener que venir acompañados de gestos tanto de la política como de los sindicatos”, dice una fuente empresaria ante El Economista. También prevén una política tarifaria muy dura que preocupa a las empresas prestadoras. Otro precio clave es el barril criollo. Allí, quienes esperan definiciones son los que tienen posiciones en Vaca Muerta. A mayor brecha con el precio internacional, menores incentivos.

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A su vez, varios empresarios consideran que los cambios políticos que se vienen en el país deberán ser acompañados con algunos cambios en los nombres de quienes están al frente de las organizaciones empresarias. Algunos representantes ya están desgastados, además y los nuevos tiempos requerirán caras frescas y muñeca política. Hay quienes consideran, además, que esos cambios pueden involucrar también a las caras más visibles de algunas empresas.

 

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La UIA alerta por todo

 

Ayer, el Centro de Estudios de la UIA publicó su reporte mensual sobre la marcha industrial y fue una tarea compleja encontrar un indicador positivo. En agosto, la producción derrapó 7,2% interanual y 1% mensual; en julio, las exportaciones industriales cayeron 8% y las importaciones de bienes de capital, 32%; el empleo registrado en la industria bajó 0,05 mensual y 4,7% interanual (en julo) y, por último, el estrés financiero fue feroz. “Las elevadas tasas de interés siguen complicando el acceso al crédito productivo. La tasa de Adelantos en Cuenta Corriente subió 1.776 puntos básicos en septiembre en términos interanuales y se ubicó en un promedio de 85,5%, alcanzando el promedio mensual más alto de todo 2019”, dijeron en la UIA.






Diario EL ECONOMISTA

viernes 15 de noviembre, 2019
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