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Uruguay: la clave no fue reperfilar sino el superávit primario


11 de septiembre, 2019



Por Jorge Colina Idesa

 

El reperfilamiento amistoso que el Gobierno propone a los acreedores tiene su antecedente directo en la resolución de la crisis de deuda que hizo Uruguay en el 2003. El país vecino, golpeado por la crisis argentina del 2002, se encontró en severos problemas para cumplir con sus compromisos. Así fue como le propuso a sus acreedores un reperfilamiento amistoso. Esto es, les propuso que no habría ninguna quita de capital ni tasas de interés a cambio de una reprogramación de los plazos. La amenaza de un desordenado default como el que había declarado la Argentina ayudó a la aceptación y en el 2003 Uruguay “reperfiló” su deuda. Ahora Argentina se ilusiona con emular el mismo proceso con su actual deuda pública.

 

La pregunta que cabe hacerse es cual fue el condimento más importante que tuvo el reperfilamiento uruguayo.

 

Aquí hay que mirar el superávit primario. Entre el 2003 y el 2007, o sea, lo 5 años en los que Uruguay no tenía vencimientos importantes dado que había “reperfilado”, generó un superávit primario 2,3% del PIB promedio anual. Los cinco años siguientes, o sea entre el 2008 y el 2012, el superávit primario baja pero sigue siendo positivo y elevado de 1,3% del PIB. A partir del 2013 hasta la actualidad el superávit primario se convirtió en un “déficit 0”. Estas evidencias están mostrando que lo importante en el caso de Uruguay no fue el reperfilamiento sino los excedentes fiscales generados para pagar la deuda reperfilada. Es más, dichos excedentes fueron generados en momentos en donde la tentación a relajarse es grande dado que no se tiene la presión de los vencimientos. En otras palabras, el desafío, aun con “reperfilamiento”, no deja de ser la disciplina fiscal.

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Para Argentina, este desafío es mayúsculo. Así lo demuestra el hecho de que con todo el sacrificio realizado en la primera mitad del 2019, luego de las crisis cambiarias del 2018, el superávit primario llegó a ser positivo en apenas 0,3% del PIB. Luego del relajamiento fiscal posterior a las PASO es casi seguro que dicho superávit se esfumó. Por eso, el reperfilamiento no es la solución al problema de la deuda sino el ultimátum para plantear una reforma estructural del Estado a fin de generar superávits primarios estructurales para la próxima década.

 

La agenda para la reforma del Estado tiene tres puntos fundamentales. El primero es un ordenamiento del sistema previsional para eliminar la posibilidad de que las personas puedan duplicar jubilaciones con pensiones, eliminar los regímenes de privilegio que jubilan gente con menor edad, menos aportes y/o beneficios superiores al régimen general y adoptar mecanismos automáticos de ajuste de la edad al envejecimiento demográfico. El segundo es rediseñar la estructura del Estado. Hay que eliminar todos los organismos y programas nacionales de educación, salud, desarrollo social, vivienda y urbanismo ya que se superponen con funciones provinciales. Querer hacer desde la Nación lo que corresponde y ya hacen las provincias es duplicar gasto público. El tercero es unificar impuestos nacionales, provinciales y municipales para reducir la presión impositiva al contribuyente aumentando la recaudación vía mayor simplificación.

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Ninguno de estos temas está en la agenda de los candidatos a ocupar el gobierno en los próximos años. Por el contrario, se confía en que la solución a los problemas argentinos serán dejar el sector público como está, poner dinero en el bolsillo de la gente, dar créditos subsidiados a las pyme y restablecer subsidios. La experiencia uruguaya muestra que la salida de la crisis exige medidas que van exactamente en la dirección contraria. También demuestra que generar superávits primarios está lejos de ser antipopular. En Uruguay, la coalición que lo logró es de izquierda y ganó todas las elecciones en los últimos 15 años.

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