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Corbata en modo off, ¿la nueva norma en el uniforme político?


18 de septiembre, 2019



Por María Soto Licenciada en ciencia política y asesora profesional de imagen

 

El uso de la corbata ha sido, desde hace mucho tiempo, un accesorio emblemático en el atuendo de los representantes masculinos de la fuerza política global. Sin embargo, su progresiva desaparición no carece de importancia, sino que posee un mensaje intrínseco en la construcción de su imagen pública.

 

Más que un accesorio elegante, típico entre los altos ejecutivos de empresa, la corbata es también un símbolo que transmite una imagen profesional y formal, aquella que nos parece necesaria cuando se trata de abordar asuntos decisivos dentro de la escena política. No obstante, el panorama actual ha cambiado, y su ausencia es también significativa.

 

Contrariamente al expresidente Barack Obama, quien decidió prescindir de la corbata en no pocas oportunidades, Donald Trump persiste en el uso de corbatas de colores brillantes con grandes nudos elaboradas por la reconocida marca italiana Brioni.

 

El destierro de la corbata por parte de Obama fue comentado en muchos medios estadounidenses e, incluso, el portal de noticias Business Insider publicó en 2013 una nota en la que intentaban dar una respuesta a la pregunta humorística de si el Presidente estaba matando el negocio de las corbatas.

 

Por supuesto, su decisión también estaba relacionada con los deseos de la Casa Blanca por querer generar una percepción pública mucho más humana y próxima del mandatario.

 

 

La nueva época de la política sin corbata

 

Aunque a la mayoría de los políticos seguramente les gustaría ser juzgados más por sus acciones políticas que por cómo lucen, lo cierto es que lo primero que nos impacta de alguien es su presencia externa, especialmente porque estamos viviendo en la era de la imagen. Los ciudadanos no pueden evitar analizarlos partiendo de su imagen en primera instancia, es por ello que su atuendo debe ser tomado como una poderosa herramienta para construir un sello personal propio que le permita al mismo tiempo, diferenciarse del resto.

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Así pues, además del ex presidente Obama, para algunos miembros de la fuerza política argentina la corbata ya no se considera un complemento indispensable en el uniforme. Un ejemplo de esta nueva estética es la que ha instaurado el presidente Mauricio Macri y el Partido Juntos por el Cambio (inicialmente llamado PRO), en la que la corbata está ausente en muchas ocasiones.

 

Junto a su desaparición se destaca el uso de las zapatillas, el pantalón caqui, la camisa celeste o blanca y el blazer azul. Estos elementos vinieron a armar el nuevo uniforme político de los funcionarios y candidatos argentinos, lo que además, es una expresión clara de su intento por lograr una comunicación más llana, relajada, fresca y horizontal frente a la crisis de representación política que experimentamos los ciudadanos argentinos.

 

Igualmente, esta estrategia de comunicación también la podemos atribuir al cambio en las nuevas generaciones, ya que no solamente los políticos han elegido el uso dosificado de la corbata sino también otras personalidades importantes e influyentes de nuestra época, como por ejemplo, el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg o el fallecido empresario y cofundador de Apple, Steve Jobs.

 

El caso de Jobs es muy interesante, dado que tuvo una fuerte influencia sobre la imagen de los emprendedores y empresarios tecnológicos, la cual se caracteriza por una vestimenta informal, bastante alejada del estilo ejecutivo tradicional que siempre caracterizó al guardarropa del sector empresario mundial.

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En este sentido, se trata de una actitud proveniente del deseo de sentirse más cómodos, auténticos, y libres de las restricciones que puede presentar un código de vestuario formal, porque incluso los más jóvenes prefieren lucir atuendos carentes de género, donde claramente, el uso de la corbata es tomado como un accesorio decorativo sin mucha utilidad.

 

Existen también otros escenarios en los que la desaparición de la corbata obedece a una estrategia política. En 2015, el electo Primer Ministro de Grecia, Alexis Tsipras, declaró que no usaría corbata mientras su país estuviera sumergido en la crisis.

 

Sin embargo, la corbata sigue siendo una exigencia de rigor como parte del vestuario en las reuniones del Senado o del Congreso, ya que en estos escenarios de la arena política se requiere una imagen que refleje responsabilidad, seriedad y eficiencia.

 

¿Usarlas o no usarlas?

 

Desde mi punto de vista, el uso de la corbata puede ser admisible en determinadas situaciones dentro de la arena política argentina. Cuando un funcionario opta por añadirla a su vestimenta, es preferible que la corbata muestre un diseño liso y mate, dado que los relieves y efectos brillantes pueden distraer a los interlocutores, deformando así su mensaje.

 

Por otro lado, cuando la corbata no aporta seguridad, entonces es mucho mejor prescindir de ella, y elegir un estilo más fresco y relajado. Finalmente, ante situaciones muy tensas o muy relajadas, es recomendable quitarse la corbata en lugar de simplemente aflojarla aunque sea solo un poco, principalmente para no evocar las palabras del expresidente uruguayo José Mujica, para quien una corbata es “una servilleta bien incómoda”.

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