Mujeres políticas y la masculinización del vestir



Por María Soto (*)

 

“Durante mucho tiempo, la feminidad ha sido sinónimo de frivolidad, pero eso no es así en absoluto. La feminidad es parte de ser una mujer. Esto (la ropa) es parte de mi identidad para preservar mi feminidad”

-Rachida Dati

 

La presencia de mujeres en política es una realidad. Pero la imagen del poder fue creada por y para el hombre, y en este sentido, el uniforme político responde a cánones del vestuario masculino. Las mujeres que han elegido la función pública, han encontrado dos formas de abordar esta cuestión: llevar un atuendo masculino para mezclarse con sus compañeros o reivindicar el vestuario femenino. “Se puede liderar de una manera distinta sin necesidad de ponerse bigotes o de meterse en unos pantalones. Yo me los puse y me los sigo poniendo, pero me refiero a que las mujeres no estamos obligadas a seguir los códigos masculinos para demostrar de lo que somos capaces”, analizó Michelle Bachelet sobre este tema ya en su rol de directora ejecutiva de ONU – Mujeres [1].

 

En el caso de las mujeres del espectro político argentino, su construcción estética muestra variantes signadas por atuendos muy masculinos, desprolijos o barrocos. Destaco que hablo de atuendos y no de estilo porque considero que ninguna se percata del poder que tiene su imagen como herramienta de comunicación personal y soporte de su personalidad, valores, ideas y plataforma política.

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En términos culturales, la mujer argentina valora mucho la practicidad y comodidad al momento de vestir, y eso nos lleva a que el pantalón triunfe de manera contundente sobre el vestido y la falda como las construcciones estéticas históricamente femeninas. No obstante, también recibe un juicio positivo la mujer coqueta, elegante y femenina; y ejemplo de esto fue el rotundo cambio de imagen que por el 2004 experimentó Lilita Carrió al bajar de peso de forma significativa, aclarar su cabello en tonos rubios, sumar maquillaje, modernizar su vestuario y quitarse la cruz como accesorio estrella.

 

En términos de estrategia, las elecciones de vestuario a nivel nacional responden a un estado de ánimo colectivo marcado por la apatía ciudadana, y dejan en evidencia que todo suma a la hora de aportar esa dosis de cercanía, proximidad y humanidad que tanto mujeres como hombres de la política argentina buscan transmitir. En mi opinión, considero que a esta realidad responde esa especie de “uniforme político” compuesto por jeans o pantalón de gabardina y camisa en tonos neutros que estamos cansados de ver.

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Frente a lo anterior, me pregunto: ¿por qué no leer el contexto sociocultural y animarse a construir una presencia más auténtica y, por ende, menos uniformada y despersonalizada? ¿Acaso optar por este camino no sería un mejor modo de construir una marca personal diferenciable y humana?

 

En definitiva, el ámbito político es un espacio más que nos muestra cuán difícil es lograr el punto de equilibrio entre el animarse a ser auténticos y el acatar esquemas y reglas sin más. Y si bien existen sistemas con estructuras muy formalizadas, eso no impide encontrar los resquicios para expresar un modo de ser propio que nos conecte con una presencia más consciente.

 

(*) Es Licenciada en Ciencia Política y asesora profesional de imagen www.mariasoto.com.ar

 

[1] “Michelle Bachelet en lucha por la mitad de la humanidad”, Yo Donna, 28 de mayo de 2011