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Una campaña muy áspera y la advertencia de Obama

12 de julio, 2019

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A poco de andar, la campaña electoral se puso áspera y negativa. Ni Juan Carr se salvó de la grieta. Hay acusaciones de todo y para todos, y se han despertado fantasmas extintos hace décadas, como el marxismo.

 

No zafa ni el Gobierno, que debería apelar más a lo hecho en su mandato ni la oposición, que debería convocar a un futuro mejor que amerita el cambio de manos. Hay excepciones (como las obras públicas, por un lado o el “es con todos”, por el otro), pero son eso…excepciones.

 

Algunos cuestionamientos son exóticos, por cierto, porque tienen poco que ver con el cargo en disputa. No se decide la política cambiaria del BCRA desde La Plata, a propósito de los “controles cambiarios” que supestamente quisiera Axel Kicillof, ni se diseña la política económica allí por la asociación que el mismo Kicillof hizo de María Eugenia Vidal con el modelo de Domingo Cavallo y José A. Martínez de Hoz. Se tiran de todo menos con flores y apelan a los instintos guturales más negativos. Propuestas para salir del estancamiento secular, entre otros problemas, poco y nada. Y se va a poner peor. Curioso: todos dicen que es necesario un gran acuerdo el día después.

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  • “La estrategia del oficialismo tiene entre sus objetivos definir al adversario de la manera más negativa posible”, dice Lucio Guberman ante El Economista. “De allí que todos los esfuerzos comunicacionales, empezando por los del propio Presidente, intentan presentar a la oposición con una selección de estereotipos, es decir, etiquetas cargadas de valoraciones: Axel Kicillof, como marxista; Cristina, como autoritaria; Sergio Massa, como un ventajero y Alberto Fernández, como un títere”, señala.

 

  • “Es una campaña netamente emocional, en la que va a ganar el que tenga el mensaje negativo más nítido, potente y sintético. Ambos espacios están concentrados en producir miedo, y no propuestas. Y esto recién empieza. Todavía falta que entre la sociedad en la campaña. Por ahora estamos viendo solo la polarización en la superestructura política, en los medios y algo en las redes. Cuando la gente aparque sus necesidades materiales a un lado y se sume al debate, vamos a percibir los efectos de estas estrategias sustentadas en el temor al otro, no en los logros o proyectos propios”, agrega Gonzalo Sarasqueta, docente e investigador de la UCA.
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  • “Es la escuela de comunicación política de Jaime Durán Barba y Marcos Peña”, dice Julio Burdman (Observatorio Electoral Consultores). “La primera regla es ir con toda contra el adversario, algo que se realza aún más cuando hay poco gestión por mostrar”, añade.

 

Por cierto, ganar elecciones es central en la política. Se necesita poder para hacerlo. Pero luego hay que gestionar y 2020 no será fácil. Menos para el Gobierno, que asumirá en minoría legislativa y sin “luna de miel”. Ya lo advirtió Barack Obama. “Si para ganar una elección debés dividir a la sociedad, después no los vas a poder gobernar ni unirlos si arrancás así”, dijo.

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