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“Frente a las nuevas tecnologías, la escuela puede dejar de existir”

1 de julio, 2019

Entrevista a Mariano Narodowski Profesor de la UTDT y cofundador del proyecto Pansophia

 

Mariano Narodowski es pedagogo e investigador, actual profesor de la Escuela de Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella y cofundador del proyecto Pansophia, un colectivo de pensamiento e investigación global sobre los procesos de disrupción educativa. En una charla con El Economista, el ex ministro de Educación de la Ciudad de Buenos Aires (2007-2009), reflexiona sobre el impacto educativo de la revolución digital y plantea los viejos y nuevos desafíos de la educación argentina.

 

¿Qué busca el proyecto Pansophia?

 

Básicamente tratamos de entender hacia dónde va la educación. Por lo pronto, entendemos que la escuela es un medio formidable de transmisión de conocimiento, pero en la historia de la humanidad no fue el único ni el más importante. Frente a las nuevas tecnologías planteamos incluso que las escuelas puedan directamente dejar de existir o desaparecer tal como las conocemos actualmente.

 

¿Estamos frente a un futuro sin escuelas entonces?

 

La escuela es una tecnología muy reciente en la historia de la humanidad, surgió en el Siglo XVII y se generalizó en el Siglo XIV. La escuela nunca fue un fin en sí mismo, fue un medio para el ideal pansófico: el saber debe ser para todos los seres humanos. Esto implica que no hay propiedad privada sobre el conocimiento. Y frente a las nuevas tecnologías, nos preguntamos cuáles son los desafíos para mantener este ideal. Entendemos que con escuela o sin escuela este concepto pansophiano no es negociable.

 

¿Podemos esperar un mejor escenario educativo?

 

No sabemos si el nuevo escenario educativo va a ser necesariamente mejor o peor que el actual. Lo importante es mirar del otro lado del muro y espiar qué está pasando con el futuro de la educación. Las nuevas tecnologías cuestionan el saber escolar. Por ejemplo, Internet es una red horizontal mientras que la escuela es una institución asimétrica y vertical. Entonces existen muchas situaciones en donde el viejo orden escolar, se desacopla del nuevo orden digital. Esto genera una desconfianza hacia la escuela y una mirada a favor de las nuevas tecnologías.

 

No alcanza con introducir las nuevas tecnologías en la vieja escuela…

 

La idea de introducir nuevas tecnologías en la escuela por ahora ha fracasado. Esto nos lleva a pensar hasta dónde la tecnología escolar resiste otras tecnologías. A principio del nuevo siglo, los gurúes de la educación afirmaban que cada niño iba a tener su computadora, conectada a Internet y que esto iba a cambiar totalmente la educación. Esto no ha sucedido. De todas maneras, hay algunas situaciones en el mundo escolar que están cambiando el paisaje.

 

¿Qué ejemplos dan pistas de este nuevo paisaje?

 

Por ejemplo, evaluaciones estandarizadas por computadora que se hacen en tiempo real, alumnos que interactúan con plataformas interactivas y no con sus docentes, escuelas en Shanghai en las que los alumnos llevan dispositivos de reconocimiento facial para que los docentes sepan si están atendiendo o si están aburridos y poder actuar en consecuencia. Muchas cosas que aparecen en las series de ciencia ficción ya están ocurriendo. Y hay que estar alertas frente a estas situaciones.

 

¿Existe algún proyecto ligado directamente a la desaparición de las escuelas tal como las conocemos?

 

El proyecto COOL (Communities of Online Learning) de Nueva Zelanda permite que las familias decidan desde un principio si van a mandar a sus hijos a una escuela analógica – la de siempre- o si los chicos van a tener una educación digital desde el jardín de infantes hasta el último año de la escuela secundaria. Es muy novedoso porque el sistema educativo, con financiamiento estatal, permite a las familias elegir entre escolarizar a sus hijos o no escolarizarlos.

 

¿Estas nuevas tendencias están en camino de generalizarse?

 

Claramente estamos en la puerta de un proceso de transición. Pero no es una discusión quimérica, es una realidad que empieza a estar muy presente. El director de Ingeniería de Google, Raymond Kurzweil, es un transhumanista que plantea que para el año 2035, Google va a tener a disposición un nanobot que insertado en la corteza cerebral permitirá bajar los contenidos de la nube al cerebro sin necesidad de una interfaz física. Esto lo dice un científico que ocupa un cargo corporativo y que tiene un presupuesto muy importante para desarrollarlo. Y plantea la posibilidad de que vamos a aprender de otra manera. El mayor peligro es que esto no sólo pone en riesgo la existencia o no de las escuelas sino también el propio ideal pansophico: una corporación va a delimitar el universo de lo cognoscible.

 

Entendemos que la escuela es un medio formidable de transmisión de conocimiento, pero en la historia de la humanidad no fue el único ni el más importante

 

A pesar de este riesgo, ¿cree que la revolución digital genera impactos positivos?

 

Sí, las nuevas tecnologías son una gran oportunidad, siempre y cuando podamos regularlas para que no haya, por ejemplo, customización en los resultados de los buscadores. Creo que son una oportunidad única para poder generar nuevas experiencias educacionales porque las tecnologías digitales rompen los conceptos de tiempo y espacio. En los años ‘70,  el pedagogo austro mexicano Iván Illich planteaba la necesidad de desescolarizar para democratizar la educación por medio de la reunión voluntaria de personas que quisieran aprender y enseñar. En aquel momento era físicamente imposible llevarlo a cabo pero hoy ya es algo habitual. Si uno quiere aprender algo recurre a tutoriales o cursos online.

 

¿Dónde está parada la educación argentina en todo este proceso de cambio?

 

Argentina tiene por delante los problemas de lo viejo y los desafíos de lo que está por venir.  Estamos atrasados y ni siquiera nos ponemos a pensar en lo que viene. Es necesario que todos los sectores sociales puedan consensuar un proyecto educativo de mínima para los próximos diez años, con metas claras, medibles, y que se pueda adaptar y corregir en el tiempo. Es necesario avanzar y salir de esta situación de empantanamiento en la que estamos.

 

A principio del nuevo siglo, los gurúes de la educación afirmaban que cada niño iba a tener su computadora, conectada a Internet y que esto iba a cambiar totalmente la educación, pero eso no ha sucedido

 

¿Cuál es el mayor desafío para avanzar?

 

La educación en Argentina está colapsada. Los indicadores en comparación con los otros países de la región son negativos y lo que aún es más grave: no hay un proyecto educativo en marcha. Yo sostengo que a la clase dirigente argentina parece no interesarle la educación. Y no me refiero sólo a la política sino a los empresarios, los sindicalistas, las religiones, los universitarios y los medios…no hay un interés genuino.

 

¿Qué debería tener en cuenta este nuevo proyecto educativo?

 

Yo opino que hay que discutir dos cuestiones claves. Primero, es inadmisible que provincias -como Formosa, por ejemplo- tengan un gasto por alumno tres o cuatro veces menor que otras. Y el otro gran problema es que sin contar la actualización inflacionaria, el único aumento salarial de los docentes es por antigüedad. Creo que es necesario cambiar las reglas de juego para premiar la innovación, el compromiso social, la formación, la capacitación…

 

¿Cómo encarar el futuro de la educación en un contexto de alta pobreza, donde muchos de los alumnos van a la escuela para poder tener una de las comidas del día?

 

Creo que es necesario un shock de equidad educativa. La idea de que la escuela tenga que alimentar o nutrir es válida. Hasta que no se modifique el modelo económico o de desarrollo que le permita a las familias dar de comer a sus hijos, los alumnos van a tener que comer en la escuela con una dieta financiada por el Estado. Y esa dieta debería ser la mejor dieta posible. De todas maneras, esta puede ser una condición básica de educabilidad pero lo importante es que no sea la única. Hay otras condiciones como la infraestructura escolar, el equipamiento, la carrera profesional docente o cuestiones que apunten a mejorar la enseñanza y el aprendizaje que no deben dejarse de lado.

 

Si Argentina no tiene primero un proyecto de desarrollo económico serio y sustentable y mejoramos sólo la educación, lo único que vamos a generar es una mayor fuga de cerebros

 

¿Cree que la mejora de la educación es un motor para el cambio?

 

En realidad, si Argentina no tiene primero un proyecto de desarrollo económico serio y sustentable y mejoramos sólo la educación, lo único que vamos a generar es una mayor fuga de cerebros. Hace falta hacer las dos cosas. Hay que mejorar el capital humano pero tiene que existir un contexto de desarrollo económico que lo pueda aprovechar.

 

 

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