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Los desafíos de las Ciudades Inteligentes

5 de julio, 2019

Por Sergio Salimbeni Docente e Investigador de la Facultad de Ingeniería y de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la USAL

 

La palabra revolución indica cambio abrupto. Cuando aparecen nuevas tecnologías, se generan cambios socioeconómicos muy importantes, dando origen a revoluciones industriales o tecnológicas.

 

La máquina a vapor, inventada hacia fines del Siglo XVIII, y su impacto en la industria textil y el transporte, marca la Primer Revolución Industrial. En el Siglo XIX, la utilización del petróleo y la electricidad inicia la Segunda Revolución Industrial y la denominada Tercera Revolución Industrial, a mediados del Siglo XX, fue determinada por la invención del semiconductor, las tecnologías digitales y luego, Internet. La comunicación autónoma entre distintos dispositivos sin intervención humana, la fusión entre la tecnología y la biología, la nanotecnología, la biotecnología y la inteligencia artificial, inauguran una nueva era: la Cuarta Revolución Industrial.

 

El denominado Internet de las Cosas (IoT), la Inteligencia Artificial (AI), la realidad aumentada (AR) y los Sistemas Ciberfísicos (CPS) son tal vez la base de esa nueva era. La Cuarta Revolución Industrial, denominada también Industria 4.0, dio origen a nuevas aplicaciones tales como el Internet de Dispositivos (IoD), Internet de los Servicios (IoS), Internet de las Personas (IoP) e Internet de la energía (IoE).

 

Se conoce como “Smart Cities” o Ciudades Inteligentes a la utilización y aplicación combinada de dichas nuevas tecnologías con el objetivo de prestar servicios públicos innovadores y de alta calidad, buscando la seguridad de los ciudadanos y el uso eficiente de los recursos.

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El drástico aumento de la urbanización en los últimos años requiere soluciones sostenibles, eficientes e inteligentes para el transporte, el gobierno, el medio ambiente y la calidad de vida. El IoT ofrece aplicaciones sofisticadas y omnipresentes para ciudades inteligentes. La demanda de energía de las aplicaciones aumenta mientras que los dispositivos continúan creciendo tanto en número como en requisitos. Por lo tanto, como cita el especialista Waleed Ejaz, las soluciones de ciudades inteligentes deben tener la capacidad de utilizar eficientemente la energía y manejar los desafíos asociados.

 

Por su parte, la movilidad inteligente y sostenible constituye un ingrediente básico en el control del transporte público y la red vial. Es de suma importancia ocuparse de la sostenibilidad porque la sociedad precisa soluciones a largo plazo para los desafíos actuales. Así están definidos los Objetivos de Desarrollo Sostenible promovidos por la ONU.

 

Por ejemplo, en la ciudad de Buenos Aires, una solución inteligente aplicada a la red de desagües pluviales permite recabar y analizar grandes volúmenes de datos en tiempo real sobre las precipitaciones, trabajando preventivamente en la atención de alertas meteorológicos. Ese tipo de soluciones consiste en el diseño e implementación de sistemas de puntos de captura de datos, integración de estaciones meteorológicas, desarrollo de sistemas de monitoreo de toda la red pluvial y un sistema de análisis inteligente para alertas tempranas.

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Muchas ciudades conectan servicios, suministros y calles a internet. Estas ciudades inteligentes administran la energía, los flujos de materiales, la logística y el tráfico. Ciudades como la de Buenos Aires están poniendo también en práctica nuevos servicios de datos, entre ellos los de estacionamientos, recolección de residuos e iluminación inteligentes.

 

Las ciudades inteligentes están continuamente ampliando su red de tecnología de sensores, la denominada sensorización, y trabajando en sus bases de datos de modo de conectar diferentes tecnologías y agregando servicios basados en el análisis de datos y el modelado predictivo.

 

En resumen, algunos de los impactos positivos en las Ciudades Inteligentes son el aumento de la eficiencia en el uso de los recursos, la mejora de la calidad de vida y medio ambiente, la mayor transparencia sobre el uso y el estado de los recursos, la disminución de la delincuencia, la mayor y mejor movilidad y la producción y consumo de energía descentralizados y respetuosos con el medio ambiente.

 

Como toda innovación tiene también algunos impactos negativos. Algunos citan, entre ellos, la vigilancia de la privacidad, el riesgo de colapsos por fallas en el suministro general de energía, la mayor vulnerabilidad frente a ataques cibernéticos o el cambio de hábito de los ciudadanos. Las Ciudades Inteligentes están entre nosotros y grandes desafíos las esperan, tales como nuevos marcos normativos, así como el rol de los ciudadanos de las industrias y los gobiernos.

 

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