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Juan Sartori, el Trump uruguayo llegó para quedarse


1 de julio, 2019

La historia la escribe los que ganan, dijo alguna vez George Orwell, autor de la novela “1984”. En el ascenso meteórico de Juan Sartori a la escena política uruguaya, la frase de Orwell no aplica, aunque sí su ficción distópica.

 

A 118 días para las elecciones nacionales en Uruguay, Sartori acaba de perder por gran diferencia las internas del Partido Nacional frente al senador Luis Alberto Lacalle Pou, sacándole 33 puntos porcentuales de diferencia, según datos de la Corte Electoral.

 

Pero la historia del empresario no terminó ayer. Su construcción empezó hace solo 7 meses, cuando a mediados de diciembre de 2018 llenó los medios y las redes con una campaña que parecía más publicitaria que política, con una simple pregunta: “¿Quién es Sartori?”.

 

Durante ese mes se presentó en un teatro de Montevideo donde finalmente reveló su identidad en un escenario con una bandera uruguaya de fondo, con un discurso donde mostró chapa de empresario exitoso y aseguró que su sueño era “contribuir al engrandecimiento” del país.

 

 

Por su carácter de outsider, su fortuna y cierto desparpajo en su candidatura en un mapa político muy tradicional, empezaron las comparaciones con otro magnate que finalmente llegó a la presidencia, hablamos de Donald Trump.

 

Pero la vida y obra de Sartori lejos estuvo de Estados Unidos. Más bien, nació en Montevideo y a los 12 todo se trasladó a Europa con parte de su familia. Vivió en Francia y en Suiza, donde obtuvo una licenciatura en Economía y Negocios.

 

Con 22 años se transformó en el CEO de la Union Agricultural Group, un grupo financiero con oficinas en Montevideo y Europa, con intereses en el agro, la energía y bienes raíces que está presente en varios países de América Latina.

 

 

Sartori es un hombre de negocios especialista en no dejar pasar la oportunidad cuando se presenta. En 2018 se conoció la noticia que es uno de los dos dueños (y ahora accionista minoritario) del equipo inglés Sunderland, que actualmente se encuentra en un momento tormentoso de descensos que lo llevaron a la tercera división del fútbol inglés (League One).

 

El interés por comprar un club de fútbol histórico de la Premier llegó a través de su suegro, un magnate ruso llamado Dmitry Rybolovlev, cuya fortuna fue valuada en US$ 8.500 millones en 2015, y que había comprado el club Mónaco en 2011 cuando estaba en la segunda división de Francia y a fuerza de inyección de euros, replicando el modelo de su compatriota Roman Abramovich en Chelsea, lo devolvió a primera, saliendo campeón de la liga francesa, entre otros laureles.

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Cuando el Sunderland fue comprado en mayo del 2018  por un empresario inglés, Stewart Donald, una ronda de inversores llegó hasta Mónaco. Donald pagó 40 millones de libras a la empresa Short para adquirir el Sunderland y ya conocía a Sartori cuando ambos pretendieron adquirir al Oxford United tiempo atrás en otro negocio donde estuvo asociado el nombre de Rybolovlev. Sartori se convirtió en un accionista minoritario del club en el que también tienne acciones Charlie Methven y Stewart Donald, el accionista mayoritario.

 

 

Desde su lanzamiento como precandidato a presidente se supieron otros detalles. La firma Union Agriculture Group registraba una deuda en el sector financiero uruguayo de unos US$ 63 millones de los cuales US$ 43 millones corresponden al estatal Banco República que lo tiene calificado como “deudor irrecuperable”. Sartori  conserva el 20% de las acciones de UAG.

 

Su vínculo especial con Pepe Mujica generó sorpresa en el entorno del ex presidente izquierdista. Ni bien su Gobierno oficializó la legalización del cannabis y una producción amparada por el Estado, Sartori, fiel a su historial, vio la oportunidad.

 

De todas las empresas que se presentaron, la de Sartori (ICC, International Cannabis Corp) fue una de las ganadoras. Según cuentan, no tenía ningún “know-how” del negocio de la marihuana, como antes no lo tuvo de agricultura. Luego, copió el modelo en Colombia, y finalmente vendió ICC a la empresa Aurora, de capitales canadienses.

 

Durante la carrera política frenética, Sartori se fue alejando de algunas empresas, para dedicarle más tiempo a la campaña y a sus hijos junto a su pareja la multimillonaria rusa Ekaterina Rybolovleva, con quien se casó en 2015 en una isla que el padre le compró especialmente.

 

 

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La campaña fue a máxima velocidad y con las últimas tendencias, presentándose como lo que era, un outsider que quería hacerse conocido de la noche a la mañana y en seis meses ser candidato a presidente. Para esto, contrató a especialista en campañas sucias en la región, el venezolano Juan José Rendón, un estratega político radicado en Miami conocido como “el rey de la magia negra”.

 

Parte de la “magia negra” fue denunciada por Lacalle Pou, que lo llamó el “Sr. Noticias Falsas” a Sartori y denunció en varias oportunidades que había “más elementos truchos” en la campaña, como una serie de difamaciones que circulaban por WhatsApp y que provenían del extranjero.

 

Sus hilos de campaña estuvieron centrados en la creación de empleos, asegurando que si llegaba al Gobierno generaría “100.000 puestos de trabajo”, además de reformas en la educación y medicinas gratis para los jubilados. Pero fue la inseguridad lo que más ocupó espacio en el discurso y en los movimientos del empresario. Uno de los últimos spots muestra un episodio de inseguridad, tras el cual la víctima afirma: “Si querés vivir sin miedo, votá a Sartori”.

 

En la recta final, fue el propio Sartori quien denunció que tanto en diferentes barrios de Montevideo se estaban repartiendo folletos con acusaciones falsas sobre él, con frases que apuntaban a su condición opaca en los negocios: “Forjó su fortuna con fraudes. ¿Vos querés confiarle el futuro de nuestro país?”.

 

 

Tras la derrota del domingo, Sartori, de 38 años, miró el bosque más allá del árbol y habló del nacimiento del ‘sartorismo’. “Hoy es un día en el que hicimos historia. Hoy nació una nueva fuerza política”, dijo en su bunker frente a la plaza Independencia de Montevideo, en el edificio Unión, que albergó las oficinas de la empresa agropecuaria Union Agriculture Group y meses atrás se convirtió en la sede de campaña del precandidato nacionalista.

 

“Somos hoy el segundo movimiento en nuestro querido Partido Nacional”, continuó, “acá hay Juan Sartori para rato”. Afirmó que de ahora en más su espacio político se dedicará a “construir unidad y a transformarse un día en una verdadera opción de gobierno. Somos la segunda fuerza del Partido Nacional, algo histórico, algo impensable. Hace seis meses nadie se imaginaba este escenario, así que creo que se empieza a construir un nuevo liderazgo dentro del Partido Nacional”.

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