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India, nueva víctima del proteccionismo de Estados Unidos

10 de julio, 2019

Por Héctor Rubini Instituto de Investigación en Ciencias Económicas de la USAL

 

Una vez más, el presidente Donald Trump utilizó Twitter para anunciar el próximo capítulo de las prácticas proteccionistas de su administración. Ayer por la mañana “avisó” que los nuevos aranceles del Gobierno de India sobre 28 productos importados desde EE.UU. no son “aceptables”. Si bien significa apenas un aumento en los ingresos aduaneros indios de poco más de U$S 215 millones, es una represalia frente a la eliminación de preferencias arancelarias para exportaciones de India a EE.UU. por U$S 6.300 millones desde el pasado 5 de junio. Previamente, en el mes de marzo la administración Trump aplicó aranceles de 25% al acero de origen indio y 10% a las importaciones de aluminio de la India. Pero el Gobierno de Narendra Modi había decidido en febrero aplicar un arancel de 50% a la importación de motocicletas estadounidenses.

 

El Gobierno de EE.UU. se apresta ahora a iniciar una ronda de negociaciones bilaterales por varios motivos: a) como bien lo señalan los funcionarios de Trump, es cierto que India tiene un largo recorrido y experiencia con la aplicación de altos aranceles y en su opinión deberían bajarlos si no quieren que Washington opte por nuevas medidas proteccionistas, b) el comercio bilateral de bienes y servicios arrojó en 2018 un déficit de U$S 24.200 millones para Estados Unidos, explicado en su mayor parte por el déficit en el comercio bilateral de bienes que en 2018 fue de U$S 21.300 millones, c) la decisión de India ha sido leído como una burla por la Casa Blanca, ya que a fines de esta semana está llegando a Nueva Delhi una misión del Gobierno de EE.UU. para discutir los aranceles aplicados por ambos gobiernos y la eliminación de las citadas preferencias arancelarias para la India.

 

Las perspectivas sobre esta ronda negociadora son en extremo inciertas. El “America First” del presidente Trump es no negociable frente a ningún país. Pero India no es cualquier mercado, y no es de dejarse llevar por delante. De hecho, en la Organización Mundial de Comercio (OMC), ambos países están embarcados en varias disputas. India ha iniciado 11 casos contra los Estados Unidos, mientras y el gobierno estadounidense 8 contra la India. El pasado 27 de junio un panel de la OMC emitió una resolución a favor de un reclamo de la India contra exigencias de contenido nacional y subsidios para la industria de energía solar de 8 gobiernos estaduales de EE.UU.: California, Connecticut, Delaware, Massachusetts, Michigan, Minnesota, Montana y Washington. Según la OMC dichas exigencias eran discriminatorias y violatorias de las normas del GATT. Si bien las medidas en cuestión son transitorias y en poco tiempo quedarán sin efecto, es un antecedente del clima poco amigable que se percibe entre ambos gobiernos, si bien los presidentes Modi y Trump se reunieron durante el reciente encuentro del G-20 en Osaka.

 

La disputa sobre los aranceles de este año no va a ser fácil de resolver, si bien podría esperarse cierta tregua como la ensayada por Trump con China en las últimas dos reuniones del G-20, en Japón y en Argentina. Según Washington, los aranceles que viene aplicando la India desde junio del año pasado son discriminatorios, por tanto inconsistentes con el GATT, y otorgan a las importaciones de origen estadounidense un tratamiento menos favorable que a las de otros países en el sistema indio de concesiones arancelarias. El argumento del gobierno de la India es que son aranceles aplicados en el marco del Acuerdo de Salvaguardas de la OMC, pero los funcionarios de Washington sostienen que han sido decisiones en el marco de la sección 232 de la Ley de Expansión del Comercio de 1962, y no salvaguardas.

 

Si las negociaciones fracasan, es probable que en pocas semanas el Gobierno de EE.UU. solicite a la OMC constituir un panel para que se expida en la cuestión. Algo que no marcará el fin de la escalada de medidas proteccionistas, represalias y contrarrepresalias bilaterales que recién parece estar en sus inicios. Por otra parte, el futuro de una nueva disputa en el marco de la OMC, como el de los paneles ya iniciados, está ingresando en un terreno incierto sobre el cual hasta ahora el G-20 no ha definido nada. El Órgano de Apelaciones para resolver diferencias debería estar integrado por siete miembros, pero al cese del mandato de varios de ellos en los últimos años no se han designado reemplazantes. Actualmente tiene tres miembros. En el caso de dos de ellos, Ujal Singh Bhatia, de la India, y Thomas Graham, de EE.UU., su mandato también vence en diciembre de 2019 mientras que el del tercero, el chino Hong Zhao, termina en noviembre de 2020.

 

El problema práctico que se avecina no es trivial: si no se nombran nuevos miembros, con una sola persona a cargo dicho órgano no puede funcionar. Escenario más que favorable para que Washington generalice la aplicación de restricciones comerciales a varios otros países aparte de China, India, la Unión Europea y otros. Esto puede permitirle a Trump lograr la reelección, pero a costa de una reducción futura del volumen del comercio y del crecimiento económico mundial.

 

Un riesgo que no debe minimizarse, y que seguirá provocando réplicas en otros gobiernos que tarde o temprano van a poner en riesgo no sólo la utilidad práctica de los órganos de la OMC para resolver disputas comerciales, sino la estabilidad macroeconómica de la mayoría de los países del mundo, especialmente la de los menos desarrollados. En ese sentido, habrá que prestar atención al conflicto entre EE.UU. y la India. Probablemente sea este, y no la guerra comercial con China, el que defina los futuros pasos del proteccionismo agresivo de Trump y de las inevitables réplicas del resto del mundo.

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