Hong Kong: una ciudad al borde del abismo que compromete a Reino Unido



El Reino Unido tiene un interés personal. Devolvió Hong Kong al gobierno chino en 1997 y negoció las condiciones por las cuales Pekín gobernaría la ciudad durante los próximos 50 años.

 

Después de semanas de violentas protestas en la antigua colonia contra una ley propuesta para permitir extradiciones a China, el llamado de Theresa May a respetar la autonomía de Hong Kong provocó una fuerte respuesta televisada del embajador chino en Londres, Liu Xiaoming.

 

“El gobierno del Reino Unido optó por estar del lado equivocado, ha hecho comentarios inapropiados, no solo para interferir en los asuntos internos de Hong Kong sino también para respaldar a los violentos”, dijo Liu.

 

También dijo que Gran Bretaña ha tratado de “obstruir” a las autoridades de Hong Kong de “llevar a los criminales ante la justicia, lo que es una injerencia total en el estado de derecho de Hong Kong”.

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Beijing no necesitará lidiar con May por mucho más tiempo. En cambio, se enfrentará al ex secretario de Relaciones Exteriores Boris Johnson o al actual secretario de relaciones exteriores Jeremy Hunt, los dos últimos en la competencia para convertirse en el líder conservador.

 

Por un lado, Hunt advirtió a China de “consecuencias graves” no especificadas si abandona el acuerdo en Hong Kong. Incluso cuando él ha defendido lazos estrechos con Pekín, especialmente para el comercio. Johnson también apoyó a los manifestantes.

 

Con el Reino Unido en un camino tortuoso a través del Brexit, necesitará a China lista y dispuesta a hacer un acuerdo comercial rápido después. El riesgo es que las tensiones de China se enreden en el proceso de liderazgo del Reino Unido, con Hunt y Johnson presionados para adoptar una postura firme.

 

Ayer en un editorial de primera plana en el periódico insignia del Partido Comunista, el Diario del Pueblo, criticó a los manifestantes que atacaron y entraron el lunes al Consejo Legislativo de la ciudad como “extremistas” cuyas acciones amenazan con obstaculizar el desarrollo económico y social y “arruinar la reputación de Hong Kong como un centro financiero internacional”.

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Los comentarios muestran una ansiedad generalizada entre los residentes de Hong Kong: que la antigua colonia británica corre el riesgo de ser irrelevante, ya que es tragada por una China cada vez más rica, poderosa y vigilante.

 

Beijing está utilizando los disturbios de esta semana para dar un giro a los eventos, enviando a los manifestantes el mensaje de que es más probable que sus acciones se aceleren en vez de frenar esa tendencia. Los medios estatales han presentado a Hong Kong como una ciudad al borde del abismo.

 

 

 






Diario EL ECONOMISTA

viernes 06 de diciembre, 2019
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