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Frío y vida en común

12 de julio, 2019

indigencia frío

Por Carlos Leyba

 

Nadie duda que, al menos en Buenos Aires, ha aumentado el número de las personas que viven en la calle. Niveles preocupantes.

 

Como en todas las cuestiones que violan los derechos humanos no importa cuántos son. Importa que no lo hemos podido resolver.

 

Pasa en todo el planeta.

 

No es un consuelo. El papa Francisco habla de “desechables” que contrastan con el progreso material que recorre el planeta, mal repartido, entre y dentro, de las naciones. ¿Qué es una Nación? Para Ortega y Gasset es “un proyecto sugestivo de vida en común”. Cuando la vida en común no es posible rige el enfrentamiento de distinta intensidad, la emigración, la opresión.

 

Un ejemplo cercano: en Venezuela la vida en común es imposible, presos políticos (opresión) muertes violentas (enfrentamientos) emigración (4 millones). (Informe Bachelet)

 

No es nuestro caso. La grieta nos agobia; pero la vida en común es posible. Aunque no hay disponible un “proyecto sugestivo” para desarrollarla.

 

Nada hay que aproxime a una dirección y una manera “sugestiva” de lograrlo. El riesgo es que, la ausencia de ese proyecto sugestivo, hace cada vez más difícil la vida en común.

 

Las personas abandonadas en “situación de calle” son sólo un anuncio de una enfermedad mucho más profunda.

 

La ausencia de proyecto es responsable que los dirigentes argentinos se encadenen al pasado para dar razón de su existencia. No se expresan en términos de “proyecto”porque eso se tramita desde el futuro.

 

Los principales medios de comunicación, el oficialismo PRO, gran parte del empresariado, para dar razón del presente y silenciar el futuro, se parapeta en que “la Argentina está en decadencia hace setenta años”. No hay una sola estadística oficial que avale esas afirmaciones respecto de la economía y de la sociedad. Pero esa afirmación falsa pretende “fundamentar” la condena al intento de construir un “Estado de Bienestar”.

 

Es una afirmación que divide las aguas: los que sostengan la construcción de una economía en función social, para el discurso oficial actual, están propiciando profundizar la decadencia: dicen “ya lo experimentamos”.

 

Dentro de ese paquete, basado en falsa memoria, viene la condena a desarrollar una industria que, por ejemplo, sea capaz de exportar por los mismos valores que importa.

 

La idea subyacente es que la “primarización” – ser especializado en riquezas naturales – que celebran, nos llevará al pasado de progreso anterior a la decadencia.

 

Muy cerca de esta convicción primarizante se encuentra este “nuevo acceso al Primer Mundo” que es el Acuerdo de Libre Comercio del Mercosur con la UE.

 

Del otro lado, el kirchnerismo,reivindica un inexplicable pasado inmediato. La gestión K dilapidó la mejor oportunidad de Argentina en un siglo para lanzar la gran transformación de la economía argentina. Términos del intercambio únicos. Tasas de interés únicas. Una enorme capacidad ociosa y una decisión previa que había detenido el taxi de la deuda externa.

 

Fue el momento para definir grandes proyectos capaces de modificar la matriz productiva nacional. En su lugar se agotaron todos los stocks y se produjo una extraordinaria expansión de las importaciones industriales.

 

Al término de esa gestión se había consolidado la crisis social de la pobreza, se había profundizado la primarización exportadora y se había colocado al sector público en estado de colapso, habiendo privatizado y dolarizado –de manera escandalosa– las energías convencionales.

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Inexplicablemente los autores de ese desaguisado reivindican su pasado.

 

En la actual gestión las cosas de la vida cotidiana son peores, porque agravaron lo heredado; y peor, para no sufrir sus consecuencias, apelaron a la deuda externa. Malabarismos que tendremos que pagar.

 

Ni los que hoy mandan, ni los que aspiran a mandar, tienen la capacidad o la voluntad, de anunciar un proyecto sugestivo de vida en común. Sólo apelan a un pasado que, como es obvio, es inexistente y que, por definición, no es materia prima del futuro.

 

Las muertes por frío ocurridas de estos días denuncian un estado de malestar que, por cierto, es anterior a estos hechos y que de tanto repetirlo se ha convertido en un “estado natural”.

 

La mitad de los menores de 14 años son pobres. No todos están en “situación de calle”. Pero todos ellos están sobreviviendo en la vulnerabilidad de una sociedad que, a ellos o a sus padres o a los padres de sus padres, los ha excluido. No se trata nunca de auto exclusión. La sociedad es la que excluye o incluye.

 

Los sectores medios, aún los de más bajos ingresos, conciben su vida como un proyecto individual. En esas condiciones socio económicas un proyecto de vida propia es posible y estimulante.

 

Aquellos que no tienen esas condiciones económicas y sociales y están condicionados por la vulnerabilidad de la pobreza, no están en las mismas condiciones para desarrollar un proyecto individual de su propia vida. Se dice “no es fácil salir solo de la pobreza”. Y es estadísticamente cierto.

 

Los pobres (la pobreza), para superar la exclusión,necesitan de un proyecto colectivo que los incluya.

 

Los proyectos individuales son el desafío del progreso que, la mayoría no vulnerable de la sociedad, celebra.

 

Pero los proyectos colectivos son los únicos que, por definición, incluyen. No hay inclusión en la suma de los proyectos individuales. Sólo es posible la inclusión en las estructuras de los proyectos colectivos.

 

¿Cómo se vincula el frío, las personas en situación de calle, la pobreza y la diferencia entre proyectos individuales y colectivos?

 

Demos un paso atrás. Al término de la Segunda Guerra Mundial, Occidente procuró sistemas políticos orientados a construir Estados de Bienestar cuyo objetivo central era el pleno empleo y la mejora en la distribución del ingreso.

 

Occidente se enfrentaba al sistema “socialista” para quien el pleno empleo no era un objetivo sino una decisión pública: había abolido el mecanismo de mercado y lo había sustituido por un mecanismo oficial de administración.

 

En los años ’60 en todo Occidente –aunque se mantenían las brutales distancias entre países desarrollados y en curso de industrialización– se habían registrado enormes progresos sociales.

 

de los elementos centrales de esos sistemas era la idea del “acuerdo” de los sectores sociales y políticos para definir los elementos básicos de la política económica (inversión, comercio, regiones) y social (salud, educación) y la herramienta de la “planificación”.

 

La suma de “acuerdo y planificación” brindaba la pauta de que los estados se comprometían en “proyectos (plan) colectivos (acuerdo)”.

 

El resultado fueron los “gloriosos 30 años” caracterizados por una mejora incluyente de los niveles de vida y por tasas de crecimiento muy importantes, acompañadas de incrementos en la productividad y notables avances tecnológicos.

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Aquel pensamiento fundante del “Estado de Bienestar” dejó de ser , en los ´80,el animador de las ideas económicas, sociales y políticas de Occidente.

 

Fue el ocaso de los proyectos colectivos y el dominio excluyente de los proyectos individuales, lo que ha generado una tribu de globalizados exitosos y una enorme cantidad de excluidos, de descartados, de seres humanos a los que las sociedades no le encuentran lugar. No hay inclusión (33% de pobreza) porque no hay “proyectos colectivos”. Formular proyectos colectivos incluyentes es la tarea prioritaria del Estado.

 

El Estado es una maquinaria poderosa, crea y administra las regulaciones, tiene a su cargo la colecta y disposición de los recursos públicos, se supone que cuenta con la expertise para la cosa pública en todos los planos, hacia fuera y hacia dentro de los límites de la Nación.

 

El Estado el responsable de los proyectos colectivos y por lo tanto el responsable de la exclusión.

 

¿A alguien no le queda claro?

 

G.K.Chesterton, en su ensayo “El mundo al revés”, dice “otra pregunta típica de la mayoría de los economistas serios de nuestra época. Todas las preguntas … están teñidas del mismo absurdo de partida. No se preguntan si los medios son adecuados para los fines; todas preguntan … si el fin es adecuado para los medios”. El mundo al revés.

 

Un ejemplo. Hace muchos años que, en nuestro país al menos, tenemos un ministerio que se ocupa de la economía y otro ministerio que se ocupa de lo social. Hay un implícito: la economía tiene sus propios fines y el cumplimiento de estos ocasiona males sociales que otro ministerio se ocupará de reparar.

 

Entonces ¿los medios son adecuados para los fines? diría Chesterton. ¿La economía acaso no tiene la finalidad de procurar el bienestar colectivo?¿Es inevitable que la buena economía produzca el mal social?¿Cuál es la lógica del éxito de una economía que produce malestar social? ¿Cuál es el límite del malestar social compatible con el éxito económico?

 

Es momento de estas preguntas porque el sufrimiento adicional que está produciendo esta política económica ha quedado patentizado con una breve ola de frío.

 

Una política que combate la inflación con recesión, que se endeuda para permitir el retorno al exterior de los capitales que ingresaron por la atracción de tasas de interés que dejan rendimientos en dólares en un año que en el exterior requieren diez años; que firma convenios internacionales, con zonas secretas, para competir con potencias mientras nos ata de pies y manos para enfrentar a los campeones del ring.

 

Es bueno recordar que cuanto mas primaria es una economía es más vulnerable a los vaivenes de todo orden, desde el clima a la geopolítica.

 

La especialización es un valor tomado de a uno, pero para que un proyecto colectivo sea posible, la primera condición es la “diversificación” productiva porque, por lo menos, esa es la posibilidad de una economía inclusiva.

 

Nos estamos alejando peligrosamente de querer formular un proyecto sugestivo y si avanzamos en esa ausencia, la vida en común será cada día más difícil.

 

Que las vidas perdidas de gente en la calle nos despierten.

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