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Empleo y salario en el sector industrial

1 de julio, 2019

producción industria empleo

Por Marcelo Capello Presidente de IERAL

 

Entre 2003 y 2008 se produjo un fuerte aumento del empleo en Argentina, pero a partir de entonces se estancó el empleo industrial, e inclusive cae desde 2014. En el primer trimestre de 2019 se ubica 23% arriba del nivel de igual periodo de 2003. Además, luego de la recesión de 2009, el empleo en el sector no transable de la economía (mayor parte de construcción, comercio y servicios) volvió a crecer, hasta 2012, y luego también se estancó, con subas y bajas que se compensan. Así, en 2019 resulta un 47% superior al nivel de 2003. En cambio, el empleo público creció en todo el período 2003 – 2015, estancándose luego, y ubicándose en 2019 un 85% por arriba de lo observado en 2003.

 

El empleo industrial muestra una tendencia, a nivel mundial, a perder importancia relativa, a expensas de los servicios. No obstante, en Argentina se han dado períodos de subas o bajas marcadas en el empleo industrial, que se despegan de la tendencia a largo plazo. Una de las principales causas de tal comportamiento ha sido la volatilidad que ha mostrado el costo laboral salarial en Argentina, medido en moneda dura, en las últimas dos décadas.

 

En 2020 tendremos una nueva oportunidad para generar un modelo económico con crecimiento equilibrado entre mercado interno y externo.

 

Al final de la Convertibilidad, el salario industrial formal promedio se ubicaba en alrededor de US$ 1.000, hasta que la mega-devaluación del peso, observada en 2002, llevó el salario industrial a US$ 360. Luego siguió un período de recuperación de salarios, y en 2008 había vuelto al nivel de US$ 1.000 que se observaba en 2001. Pero el costo laboral siguió creciendo, por los acuerdos salariales alcanzados en esos años, y por la notable apreciación del peso posterior a 2011. En 2015, el salario industrial resultaba de casi US$ 2.000. Con las devaluaciones de 2016 y 2018, a mediados de 2019 se ubica en torno a los US$ 1.200, 40% por debajo de 2015, pero 20% arriba del nivel del final de la Convertibilidad.

 

 

Si bien a fines de la Convertibilidad el salario industrial se mantuvo en torno a US$ 1.000, cayó notablemente el empleo industrial entre 1998 y 2002. La causa no fue solamente la recesión que se observó desde 1999, sino que también influyeron las fuertes devaluaciones de la mayoría de las monedas contra el dólar, observadas entre 1995 y 1999, salvo en el peso argentino, que encarecieron la mano de obra local cuando se la medía en otras monedas. Por caso, entre 1999 y 2001, el salario industrial promedio subió de 1.000 a 1.200 euros. En 2002 bajó a 370 euros, se ubicó en 1.800 euros en 2015 y en 2019 se encuentra en torno a los 1.000 euros.

 

Entre 2003 y 2008 aumentó mucho el empleo industrial, cuando el salario se hallaba en niveles muy bajos. Cuando en 2008 el salario recuperó el nivel de 2001, en moneda dura, se estancó la creación de empleo industrial, y comenzó a caer, en promedio, desde 2012, cuando el salario argentino ya había perdido notablemente competitividad respecto a otros países latinoamericanos.

 

La competitividad cambiaria y, por ende, el costo salarial, ha influido en forma importante sobre la evolución del empleo, especialmente el empleo industrial. Cuando el costo salarial, medido en moneda dura, se ubicó en niveles muy bajos en 2002, permitió en años subsiguientes que subas salariales mejoraran el nivel de actividad en el mercado interno, sin poner inicialmente en riesgo la competitividad industrial (exportaciones y sustitutos de importaciones). Cuando el salario sobrepasó el nivel de finales de la Convertibilidad, se estancó la creación de empleo industrial. Cuando el salario superó notablemente dichos niveles, el empleo industrial directamente cayó, porque lo que se ganaba en el mercado interno más que se compensaba por la caída en el empleo ligado a las exportaciones industriales, y a los sustitutos de importaciones.

 

Como se discute en Argentina desde hace décadas, existe un salario de equilibrio para el sector externo. Cuando se intenta sobrepasar dicho nivel (que depende también de los términos de intercambio externos y otros factores), se generan pérdidas de competitividad que terminan llevando a una crisis externa, que normalmente termina con una devaluación del peso, que reduce el costo salarial medido en moneda dura, y permite revertir temporalmente las cuentas externas (por mayores exportaciones, pero especialmente por menores importaciones).

 

La experiencia de las últimas décadas en materia de competitividad cambiaria, costos salariales y empleo industrial, llevan a concluir que la política de salarios y tipo de cambio deberían calibrarse para evitar situaciones insostenibles que lleven a crisis que derivan luego en caída de salarios y mayor tasa de pobreza. No subirán los salarios a largo plazo, ni bajará en forma sostenida la tasa de pobreza, si Argentina no genera una economía competitiva que haga crecer fuertemente sus exportaciones, evitando sus periódicas crisis por escasez de reservas.

 

En 2020 tendremos una nueva oportunidad para generar un modelo económico con crecimiento equilibrado entre mercado interno y externo, que no derive en sesgo anti-exportador, y que dé lugar a una expansión sostenida de la economía argentina. Para lograrlo se necesitarán reformas estructurales en materia fiscal y laboral, y asegurar una economía competitiva, tanto en lo cambiario como en lo estructural. Es probable que ello vaya acompañado de una recuperación lenta de la actividad, pero sobre cimientos más sólidos, que permitan sostener un crecimiento a más largo plazo en la producción y el empleo.

 

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