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El tiempo político divide a los inversores en tres categorías


15 de julio, 2019

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Por Luis Varela

 

Después de once semanas a todo trapo, con el mercado argentino destacándose como el mejor del mundo, la montaña rusa de las inversiones argentinas están entrando en este momento en una nueva etapa, que estará signada para los tenedores de dinero mucho más por condiciones políticoelectorales que por cuestiones puramente económico- financieras.

 

El reciente rush alcista fue gatillado en el cierre de abril por dos razones bien precisas:

 

1. Por un lado, Cristina Kirchner entendió que ella sola no podía llegar al poder, y tuvo que resignarse poniendo como mascarón de proa a un administrador con cara de moderado como Alberto Fernández.

 

2. Por otra parte, Mauricio Macri también comprendió que si no cedía algunos puestos al peronismo de derecha, simbolizado por Miguel Pichetto, corría el riesgo de quedar corto, y perder la chance de recuperar algún terreno tras una presidencia con resultados paupérrimos.

 

El corrimiento hacia el centro de los dos candidatos generó una aguda polarización, con chances de que probablemente haya un ganador en la primera vuelta, el 27 de octubre. Pero como Macri tiene menos rechazo que Cristina, el grueso de las encuestadoras sugiere que el Gobierno conseguirá ser reelecto, si no es en octubre, en el balotaje del 24 de noviembre.

 

La posibilidad de alejar del poder al kirchnerismo terminó en una barranca sin fin. Entre enero de 2018 y abril de 2019 los títulos argentinos acusaron una caída gigantesca: medidos en dólares los bonos sufrieron una caída del 28,6%, al tiempo que las acciones tuvieron un desplome del 63,8%, con números ciertamente dramáticos.

 

Pero la inclusión de Alberto Fernández y Miguel Pichetto en las fórmulas presidenciales cambió por completo las cosas. Por eso, desde fines de abril hasta el miércoles pasado hubo un repunte milagroso, que convirtió al mercado argentino en el mejor mercado del mundo a lo largo de vertiginosas once semanas: en ese lapso, con una inflación de casi 9%, el dólar bajó 8%, las tasas en pesos rindieron algo más del 10%, los bonos treparon 13% medidos en dólares y la Bolsa de Buenos Aires estalló con una suba del 54% también medida en billetes verdes.

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Sin lugar a dudas, el enfermo salió de terapia intensiva y a partir de ahora hay que empezar a tratarlo, para ver si se le puede salvar la vida. Y lo malo del caso es que ninguno de los candidatos está explicando qué medidas concretas tomará para conseguir la cura. Y, para peor, hay encuestas que dicen que el resultado es incierto.

 

Así, a cuatro semanas de las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO), incluso la calificadora internacional Moody’s resolvió mantener a la Argentina con la misma nota, pero con perspectiva negativa, desde estable, por la elevada deuda internacional que tiene el país y por las dudas en materia política que encierra la elección presidencial.

 

Por eso el mercado local tuvo durante las últimas 48 horas de la semana pasada un freno después del gran vértigo. A partir de ahora los inversores se dividirán en tres categorías muy definidas: los temerosos que desensillarán hasta que aclare, los moderados que tomarán algún riesgo con ciertos límites y los audaces que se moverán en el fleje de todos los movimientos, con el cinturón de seguridad bien apretado, y con casco de combate, pensando que si toman gran riesgo podrán obtener enormes ganancias si las cosas salen finalmente bien.

 

Los inversores más cuidadosos venderán todas sus posiciones argentinas, se pasarán a dólares, los dejarán en cajas de seguridad, o comprarán valores internacionales, y no volverán a apostar en ningún papel local hasta que el Presidente elegido en octubre o noviembre realice sus primeros discursos y comience a aplicar las primeras decisiones bien concretas.

 

Los inversores moderados, en cambio, harán un mix: se irán al dólar en una buena parte de la cartera, invertirán en bonos globales o buscarán algún otro tipo de refugio, pero reservarán casi la mitad de la tenencia a valores argentinos, algunas acciones muy elegidas, o inclusive incursionando en tasas de interés en pesos, o en valores ajustables que evolucionen según ese tipo de ajuste.

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Y en tercera instancia estarán los inversores absolutamente arriesgados, que volarán con colocaciones en pesos, ajustables con rendimientos muy cercanos a las Leliq, esperando que ni el dólar, ni los bonos, ni las acciones tengan una vibración tan alta como lo que les está pagando el Banco Central a los bancos por esa vía.

 

Las incógnitas son muchas, incluso en el exterior. El mundo va encaminado a tasas de interés en descenso, por lo que la búsqueda de mejores tasas mundiales beneficiará al riesgo argentino. También hay chance de que se dispare el oro, debilitando al dólar y a otras monedas. El camino no será sencillo, y el joystick deberá estar encendido, y preparado para ir cambiando de posición.

 

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Las Leliq ya son 90% de la base

 

De cara a 2020, dijo ayer un informe de Ecolatina, uno de los principales desafíos del próximo Presidente será bajar esta tasa de interés real. “El plan de emisión cero es una política de emergencia y no es recomendable que dure más allá de 2019. Desde octubre del año pasado se viene registrando una política monetaria fuertemente contractiva, que implicará un ajuste cercano al 35% de la base monetaria deflactada al cierre de (2019). La contracara del mismo es la expansión acelerada de las Leliq, que ya representan más del 90% de la base monetaria y, si no se controlan, en el mediano plazo dañarán severamente al patrimonio del BCRA”, dice el reporte de Ecolatina y advierte, asimismo, que no será fácil. “No obstante, un recorte apresurado de la tasa de interés podría desatar nuevas presiones sobre la divisa, posponiendo aún más la recuperación de la actividad. Por lo tanto, será necesario afrontar este problema seriamente: este elevado costo de financiamiento es inconsistente con cualquier proceso de crecimiento genuino”, recordaron.

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