El Copom se copó con las elecciones

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Por Alan B. Cibils Area de Economía Política de la Universidad Nacional de General Sarmiento

 

El lunes 22, el Comité de Política Monetaria (COPOM) del BCRA anunció modificaciones al programa monetario que, a nuestro juicio, resaltan la necesidad de un debate profundo sobre la independencia del banco central en torno a dos preguntas centrales. ¿Independencia con qué fines u objetivos? ¿Independencia de qué o quiénes?

 

La primera medida anunciada por el COPOM fue cambiar el período de evaluación del cumplimiento de la meta monetaria, de mensual a bimensual, “con el fin de que el esquema no se vuelva excesivamente contractivo en julio y expansivo en agosto.” La segunda medida fue el congelamiento de la tasa mínima de las Leliq en 58% hasta que se anuncie el nuevo dato de inflación el 15 de agosto. Gerry Rice, el vocero del FMI, comunicó que el organismo apoya la medidas tomadas por el BCRA.

 

Los anuncios del COPOM, a escasas tres semanas de las PASO, hacen inevitable que se sospeche que esta modificación del programa monetario sea con fines estrictamente electorales. De hecho, de haberse mantenido el esquema vigente desde octubre de 2018, y para cumplir con la meta monetaria en julio, el BCRA hubiese tenido que aumentar significativamente la tasa de interés para retirar el excedente monetario de circulación, profundizando aún más la recesión actual justo antes de las elecciones. Por otro lado, el mantenimiento de la tasa mínima de las Leliq en 58% garantiza a los especuladores rentabilidades reales altísimas, evitando una corrida al dólar y así manteniendo el tipo de cambio anestesiado (o amordazado) hasta después de las elecciones.

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El volantazo del COPOM indica claramente que el BCRA es independiente, ma non troppo. En realidad, la mentada independencia del BCRA siempre fue cuestionable por Cambiemos. Basta recordar el poco respeto por Alejandro Vanoli, presidente del BCRA en funciones, a quien obligaron a renunciar cuando asumió Mauricio Macri. Si el compromiso de Cambiemos con la independencia del BCRA fuese genuina, ¿no hubiese correspondido que Vanoli terminase su mandato? Recordamos también la conferencia de prensa de “los cuatro fantásticos” (Federico Sutrzenegger, Marcos Peña, Nicolás Dujovne y Luis Caputo) el 28 de diciembre de 2017 (que la inocencia les valga), en la que el “ala política” del Gobierno forzó una relajación de la meta de inflación para 2018, que igual terminó siendo ridículamente utópica. Por último, los constantes “avales” del FMI a las distintas variantes del programa monetario indican claramente la injerencia del organismo internacional en la operatoria del BCRA.

 

Lo anterior remite a las preguntas que nos hicimos al comienzo de la nota. ¿Independencia para qué? ¿Independencia de qué o quiénes? La independencia del Banco Central es uno de los pilares del recetario neoliberal, junto con la política monetaria de metas de inflación, déficit fiscal cero, desregulación financiera, comercial y laboral, privatizaciones, etc.

 

¿Para qué la “independencia” del Banco Central? Según esta concepción de la economía, la inflación es el principal problema que debe atender la política macroeconómica, y la política monetaria de metas de inflación es el principal (muchas veces único) instrumento. Para ello es fundamental tener un banco central “independiente”, siguiendo, según se aduce, el modelo de la Reserva Federal estadounidense.

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Cabe preguntarse, entonces, ¿independiente de qué o de quiénes? Según los teóricos neoliberales, el banco central debe ser conducido por tecnócratas que sean independientes de los intereses políticos y que puedan controlar la inflación aún si esto implicase recesión, desempleo y pobreza. O sea, el Banco Central debería ser un ente autónomo fuera del alcance de los políticos. En la práctica, como hemos visto, el banco central no es tan independiente, ya que las políticas monetarias y sus modificaciones se acuerdan con el FMI y se modifican según los intereses del gobierno. Incluso el FMI ha sacado y puesto autoridades (la remoción de Caputo y el nombramiento de Guido Sandleris) y pone como condición de sus préstamos modificaciones radicales de la carta orgánica de la institución.

 

La reciente modificación del programa monetario a semanas de las PASO es otra indicación de que la “independencia” del BCRA es un artilugio para mantener el poder de los sectores financieros especulativos y el FMI. En otras palabras, es una “independencia” diseñada para garantizar y mantener el orden neoliberal.

 

Ante esta situación es necesario un debate amplio sobre la naturaleza y las funciones del BCRA. El Banco Central no puede ser una institución que entregue la soberanía monetaria y financiera del país a especuladores y organismos internacionales. Debería ser un organismo estatal, integrado con otros organismos, que participe de la coordinación de políticas macro y microeconómicas orientadas a promover la actividad económica, el crecimiento del empleo, y el desarrollo. La Carta Orgánica de 2012 fue un primer paso en esta dirección. Es una dirección que hay que profundizar y no desactivar como pretenden el FMI y el gobierno de Cambiemos.

 



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