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El acuerdo con la UE, eje riesgoso de la campaña

1 de julio, 2019

UE acuerdo Mercosur

Por Alejandro Radonjic

 

Si el Acuerdo de Asociación  Estratégica entre el Mercosur y la Unión Europea (UE), firmado el viernes en Bruselas, es algo “bueno” o “malo” para el país (perdón, lector, por los adjetivos preadolescentes) es algo virtualmente imposible saber por estos días y no debe descartarse que jamás se sepa. O, cuanto menos, que exista una grieta historiográfica ad eternum sobre el punto de inflexión que supuso el acuerdo. Los escenarios contrafácticos, así como las barreras y estímulos del acuerdo, podrán persistir durante décadas. Siglos, incluso. “Mirá si no hubiéramos firmado ese TLC”…en ambas direcciones de la Historia.

 

Pero más allá de ese debate que está muy delante de nuestras narices, la tinta aún está muy fresca y la letra chica está muy borrosa como para sacar conclusiones taxativas. También, porque no se sabe cómo responderá Argentina ante ese cambio de escenario. Se puede analizar el presente y sostener que las condiciones que tienen las empresas europeas es mejor que el que tiene aquí en Argentina (por cierto, no hay dudas de eso), pero trazar escenarios futuros y pensar que esas condiciones son irreversibles es un riesgo. ¿Y si Argentina está a la altura?

 

Por cierto, todas estas cuestiones deben debatirse (en todos los rincones del país) y, es más, uno podría criticar que el debate previo, puertas adentro y aguas abajo, fue pobre. Sin ir más lejos, hay voces serias que plantean eso y las salutaciones del empresariado vernáculo fueron escasas. También puede decirse que fue una sorpresa el acuerdo, pero nunca que fue una novedad su búsqueda y que, por momentos, fue solitaria. El objetivo está presente desde el primer día del Gobierno de Mauricio Macri y, si somos justos, no fue él el primer jefe de Estado de Argentina en buscarlo. Si el acuerdo tenía más de 20 años de dilación, es bastante evidente que Macri no tiró la primera piedra. Ya fue, diría la juventud. Ese acuerdo nunca se firmó…hasta el viernes pasado.

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Los tiempos de la política son difíciles. ¿Había que hacer un gran acuerdo nacional (tarea imposible) previo a ir a buscar el acuerdo a Bruselas o había que escurrirse por la pequeña ventana geopolítica que ofrecieron estos últimos tiempos? Macri hizo lo segundo.

 

Pero ahora llega el debate, que debe ser amplio y con toda la información sobre la mesa. Después, el Congreso, que legisla sobre estos menesteres, dirá de qué lado de la Historia queda Argentina.

 

Pero antes hay elecciones presidenciales. No es un tema menor porque, en base a sus resultados, se definirá el Congreso que tratará ese proyecto. Por cierto, si es que llega alguna vez. Una victoria de la oposición podría condenarlo a siquiera arribar allí.

 

Antes aun de esas elecciones está la campaña y desde Casa Rosada aseguran que el acuerdo estará presente, con un rol protagónico. Como una conquista. Un trofeo de la pregonada “inserción inteligente en el mundo”. No es para menos.

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Pero la oposición ya plantó bandera, y no con un rechazo arcaico al libre comercio sino planteando que es un acuerdo oscuro, hermético y potencialmente dañino para un símbolo caro del imaginario social: la industria argentina, que tiene mejor prensa que el libre comercio. Como nota al pie debe hacerse notar la honesta excepción de José Luis Espert (que, afortunadamente, competirá en las PASO), quien tildó el acuerdo como “excelente”.

 

Como segunda nota al pie, y no menor, debe decirse que Argentina es un país cerrado mentalmente al comercio, y no solo en los hechos. Una encuesta global de Pew Research Center, nos sitúa ente los más férreos opositores al librecomercio: 38% cree que es malo contra un promedio global que no supera el 15%. Detrás de ese rechazo está el miedo a perder el empleo y, para los más estructurales, el temor a consolidar la primarización.

 

Además, la invitación oficial es anticlimática porque el mundo, lejos de abrirse, se está cerrando.

 

Por todo eso, es una apuesta muy arriesgada la de Macri y Cía. Ellos están convencidos de las mieles del libre comercio, pero la tarea de la hora es convencer a la mayor cantidad posible de argentinos.

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