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Atrasar el dólar para adelantarse en las encuestas puede generar complicaciones en el futuro

5 de julio, 2019

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Por Juan I. Miguez

 

La paz cambiaria lleva ya más de dos meses. Desde el 29 de abril cuando el BCRA anunció la posibilidad de intervenir en el mercado de cambios, el pesó subió 4,74% frente al dólar. Esto, sumado a una alta inflación mensual, hizo que reapareciera un clásico de los procesos electorales: el atraso cambiario.

 

Esa herramienta para seducir a los votantes, utilizada por casi todos los gobiernos de turno, estuvo presente en las últimas tres elecciones. Como la mayoría de las encuestas muestra que los votantes deciden su voto en base mayormente a la situación económica (y no por factores institucionales o políticos), para las aspiraciones del gobierno es muy necesario un tipo de cambio estable que baje las expectativas inflacionarias y permita una recuperación del salario real. El problema viene después y son las consecuencias negativas que esto podría traer a mediano plazo para la economía, entre ellas, un déficit externo que obligue a devaluar nuevamente.

 

El dólar no tiene piso y sigue bajando: ayer, el mayorista cerró en $41,890, bajando 22 centavos.

 

Durante la segunda presidencia de Cristina Kirchner se desarrollaron dos elecciones: las legislativas del 2013 y la presidencial del 2015. En ambas, el kirchnerismo acudió al atraso cambiario como principal herramienta económica. Para la del 2013, el tipo de cambio real multilateral cayó 1,5% y el tipo de cambio real 1,2%. En el 2015, el atraso fue más fuerte. El tipo de cambio real durante ese año hasta octubre cayó 7,1% y el multilateral, casi 18%. Cuando se habla de tipo de cambio real multilateral, se explica cuan caro o barato es en términos relativos un país en relación a sus principales socios comerciales. Sin embargo, esto no le alcanzó al oficialismo de por aquel entonces y perdió ambas contiendas.

 

La legislativa del 2017 ha sido la única elección que tuvo que enfrentar Mauricio Macri en el poder. Durante ese año, el tipo de cambio real tuvo una caída del 7,9% y el multilateral, del 2,3%. Pero, sumado a esto, durante el 2016 existió una apreciación real del peso del 13,6%. A diferencia del kirchnerismo, Cambiemos triunfó en las elecciones con alrededor de 40 puntos a nivel nacional.

 

 

El año pasado, a causa de la crisis cambiaria, el dólar se disparó y se duplicó a la inflación. En el 2018, el tipo de cambio real subió 36% y el multilateral, 29%. Pero, si bien el 2019 parecía que iba a tener la misma tendencia, a partir de mayo la situación cambió. En lo que va del año, el tipo de cambio real se apreció 5,7% y el multilateral, 6,6%. Esto está muy emparentado con el desempeño en junio, en el cual hubo una depreciación nominal del dólar frente al peso del 5,35% y del 7,75% en términos reales. Sin embargo, desde que Macri es presidente, el tipo de cambio real subió hasta el momento 65,9% y el multilateral, 46,5%. En cambio, durante la segunda presidencia de Cristina esa variable se apreció 11,64% y el multilateral, 33,6%.

 

Ahora bien, se podrían hacer algunas proyecciones para el futuro. Si se cumpliera el valor a agosto del mercado de futuros ($44) y la inflación proyectada por distintas consultoras (25% acumulada hasta entonces), el Gobierno llegaría a las elecciones con una caída del 6,9% en el tipo de cambio real. Y si termina el año en $51, el techo de la zona de referencia del BCRA, la apreciación sería en torno a 3,7%. Y si se hiciera un pronóstico intermedio, con un dólar a $47 a fin de año (esto necesariamente involucraría un triunfo de Mauricio Macri en las elecciones), el tipo de cambio real habría caído 9,7%. Igualmente, también hay que tener en cuenta que rigen las retenciones por las exportaciones, que son de $4 por dólar: es decir, el tipo de cambio real percibido es aún menor.

 

Estrategias y visiones

 

Pisar el tipo de cambio puede traer beneficios cortoplacistas para el Gobierno, como una caída en las expectativas inflacionarias, una recuperación del salario real y, en consecuencia, un aumento en el nivel de consumo. Pero a largo plazo, si se mantiene el tipo de cambio sin variaciones frente a la inflación, podría haber inconvenientes con la cuenta corriente por un déficit de la balanza comercial, sobre todo cuando la economía arranque a demandar más importaciones. Esto generaría una falta de dólares genuinos en la economía que alentaría una posible futura devaluación si la demanda de divisas, por múltiples vías, sea muy fuerte. Esto es en parte lo que sucedió en 2017 y provocó la crisis en el 2018, cuando el déficit de cuenta corriente alcanzó el 5,6% del PIB.

 

El economista Federico Moll (Ecolatina) opina: “El mejor estimador para ver si existe atraso cambiario es el equilibrio externo. Un tipo de cambio competitivo es el que te permite tener un equilibrio en la cuenta corriente o un déficit financiable. En 2017, el déficit de cuenta corriente fue de 5 puntos del PIB, lo que indicaba un atraso del tipo de cambio, pero eso hoy ya no existe”. Consultado por una posible devaluación poselecciones, Moll indica que esto depende de muchos factores: “Si la estabilidad se da por intervención del BCRA o por altas tasas insostenibles en el tiempo, si puede haber un salto luego de las elecciones. Ahora, si la estabilidad se da en forma natural y el Gobierno triunfa en las elecciones, el dólar podría mantenerse en estos niveles de equilibrio”.

 

Por su parte, Martin Vauthier (EcoGo) argumenta: “Hoy todavía no hay atraso cambiario por el colchón de la devaluación de septiembre del 2018”. Además, considera que si el año cerrara con un dólar a $42 (un valor bajo) y una inflación mensual del 2,5% hasta diciembre, el tipo de cambio real seguiría estando 30% más alto que en la salida del cepo. Igualmente, considera que “con este riesgo país y el déficit de cuenta corriente, se puede complicar su financiamiento y la herramienta para resolver este problema sería una posible devaluación”.

 

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