Automatización, empleo y desigualdad salarial

3 de junio, 2019

Industria automatización empleo Informática productiva

Por Sebastián Galiani Profesor de la Universidad de Maryland y la Universidad Torcuato Di Tella

 

Antes de la revolución industrial, prácticamente toda la humanidad era pobre. Hoy, solo una fracción menor de la población vive con ingresos por debajo de la línea de pobreza extrema “internacional”. Ello ha sido el resultado del incremento sostenido en la productividad del trabajo acaecido desde la revolución industrial, fruto de la mejora continua en las tecnologías disponibles.

 

El progreso tecnológico siempre ha tenido una dinámica de destrucción y creación de empleo. La preocupación sobre sus efectos adversos en el empleo tiene una notable tradición. Por ejemplo, John Maynard Keynes, en 1930, predijo el rápido progreso tecnológico de los próximos noventa años y conjeturó que “estamos frente a una nueva enfermedad que alguno de los lectores puede aún no reconocer, pero de la cual se escuchará hablar y mucho en los años venideros–el desempleo tecnológico” (Keynes, 1930).

 

El cambio tecnológico siempre dispara una carrera entre la demanda de trabajo calificado y su oferta: debido a ello, las políticas educativas deben ser priorizadas en la agenda pública.

 

El efecto del cambio tecnológico en los mercados laborales no sólo depende de los sectores en los que tiene lugar, sino también de cómo responden los otros sectores ante estos cambios. Otros sectores y ocupaciones tienden a expandirse y absorber aquellos trabajadores que fueron removidos de sus puestos por el avance de la automatización, e incluso el aumento en la productividad inducido por las nuevas tecnologías podría promover una mayor demanda de trabajo tanto en los sectores afectados como en otros sectores. La demanda de servicios crece con la riqueza de la sociedad, y ésta, con la productividad del trabajo. Moretti (2010) muestra que cada nuevo trabajo en el sector tecnológico generará aproximadamente cinco puestos de trabajo nuevos en el sector servicios de la economía.

 

Para que las tareas que realizan hoy los trabajadores puedan ser masivamente automatizadas de forma rentable, debe asegurarse la demanda de la producción realizada, lo que supone que el proceso de automatización no puede terminar con el trabajo. En el tiempo, a medida que este proceso se intensifique, los trabajadores tendrán que especializarse en funciones no automatizables. Autor (2015) argumenta que ello requerirá poseer conocimiento tácito de circunstancias sociales y culturales imposibles de codificar en comandos concretos y rutinarios para su ejecución en ordenadores. Esto requiere, sin dudas, repensar el sistema educativo actual.

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Antes de la revolución industrial, prácticamente toda la humanidad era pobre. Hoy, sólo una fracción menor de la población vive con ingresos por debajo de la línea de pobreza extrema ‘internacional’.

 

Un trabajo empírico relevante para esta discusión es el de Dauth et al. (2017). Estos autores encuentran para Alemania que el efecto de una mayor exposición a la penetración de robots sobre el empleo total ha sido hasta ahora prácticamente nulo. Encuentran, sí, que los robots afectan el empleo en el sector manufacturero. De hecho, estiman que un robot adicional reemplazaría dos puestos de trabajo en ese sector. Pero estas pérdidas están compensadas por las ganancias laborales fuera del sector manufacturero. En otras palabras, estos autores encuentran que los robots han cambiado fuertemente la composición del empleo. También encuentran que la mayor exposición a la penetración de robots aumentó la estabilidad laboral de estos trabajadores, aunque algunos de ellos terminaron realizando tareas diferentes a las que realizaban antes del ingreso de los robots. Por lo tanto, el efecto de equilibrio negativo de los robots en el empleo manufacturero no fue consecuencia de desplazamientos directos de los trabajadores (es decir, no se destruyeron puestos manufactureros existentes), sino más el resultado de la menor generación de nuevos puestos de trabajo en dicho sector. Por último, encuentran que la mayor exposición a los robots causó un incremento en los salarios de los trabajadores altamente calificados, especialmente en puestos científicos y de gestión, pues estos trabajadores probablemente poseen habilidades complementarias a esta tecnología y realizan tareas que no son fácilmente reemplazables. Sin embargo, encuentran impactos negativos en los salarios de trabajadores de calificación media y baja.

 

Automatización y políticas

 

La automatización, entendida como la aplicación de máquinas para reemplazar el trabajo humano, se ha acelerado durante las últimas cuatro décadas. De hecho, el resurgimiento del miedo al desempleo tecnológico parecería responder a que la automatización actual podría ser más generalizada en términos sectoriales –aunque no en términos ocupacionales– que en el pasado. Esto último implica que, cuanto menos, en el corto plazo tendrá impactos distributivos similares a los que ha tenido el cambio tecnológico sesgado hacia el trabajo no calificado en el pasado. El cambio tecnológico siempre dispara una carrera entre la demanda de trabajo calificado y su oferta. Debido a ello, las políticas educativas deben ser priorizadas en la agenda pública.

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Moretti (2010) muestra que cada nuevo trabajo en el sector tecnológico generará aproximadamente cinco puestos de trabajo nuevos en el sector servicios de la economía.

 

La política fiscal es también un instrumento redistributivo importante. Sin embargo, debe estar dirigida a estimular el trabajo, no a desalentarlo. Por ejemplo, en esta línea, el Gobierno Argentino ha modificado en la reforma tributaria de 2017 los impuestos al trabajo de forma tal de reducir significativamente la carga impositiva sobre los trabajadores menos calificados.

 

En términos más generales, será importante garantizar que los trabajadores que innoven y desarrollen nuevos productos y servicios que utilizan estas nuevas tecnologías tengan acceso a los mercados mundiales.

 

Al margen de cuan rápido se vaya desenvolviendo el cambio tecnológico en el futuro cercano, lo que está sucediendo claramente es una transición de las formas tradicionales de empleo a una variedad de nuevas formas de trabajo (véase OIT, 2016). Esto requiere que los gobiernos respondan protegiendo a los trabajadores, no a los trabajos. El progreso económico significa que los trabajadores están expuestos a nuevas ocupaciones e industrias.

 

El crecimiento de la automatización se debe principalmente a las mejoras en robótica, Big Data, aprendizaje automático y similares. Esto sugiere que las economías de escala y alcance serán más relevantes y probablemente conduzcan a una mayor concentración y menor grado de competencia. Es decir, la mayor parte del valor agregado y las rentas a lo largo de la cadena vertical en una industria dada irán a los pocos dueños del capital, el factor beneficiado. Estas economías de escala y alcance provienen principalmente de las actividades de investigación y desarrollo (I + D), el sistema de patentes, la propiedad de los datos y las economías de escala del lado de la demanda (efectos de red). Por lo tanto, las políticas pro-competencia pueden convertirse en herramientas importantes para influir sobre el impacto de la automatización sobre la distribución del ingreso y la reasignación de puestos de trabajo sin afectar significativamente la eficiencia.

 

Referencias

Autor, D. (2015): “Why Are There Still So Many Jobs? The History and Future of Workplace Automation”, Journal of Economic Perspectives.

Dauth, W.; Findeisen, S.; Suedekum, J. y Woessner, N. (2017): “German robots – The impact of industrial robots on workers”. CEPR Discussion Paper 12306.

ILO (2016): Non-standard employment around the world, ILO, Geneva.

Keynes, J. M. (1930): Economic possibilities of our grandchildren, en Essays in Persuation, McMillan.

Moretti, E. (2010): “Local multipliers”. American Economic Review

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