No aparecen soluciones nuevas y las recetas son las de siempre

13 de mayo, 2019

Tras la escalada del dólar, Hacienda anunció una licitación de Letes, Lecap y Bote

Por Luis Varela

 

A 168 días de la primera vuelta y a 196 días del balotaje, las catorce encuestadoras que vuelan sobre las cabezas de los argentinos dicen que Cristina Kirchner está primera en intención de voto (con un hipotético 38% de los sufragios) segundo Mauricio Macri con el 33%, tercero Roberto Lavagna muy lejos con el 10% y cuarto Sergio Massa todavía más abajo con el 5%.

 

El gran tema de estas hipótesis es que las encuestadoras también dicen que la mayoría de los argentinos (el 51%) no votaría de ninguna manera ni por Cristina Kirchner ni por Mauricio Macri, por lo que el resultado del balotaje aparece como una gran incógnita, con todo tipo de especulaciones alrededor.

 

Lo primero que se conjetura es cual de los dos candidatos es más resistido (¿Cristina o Macri?), por si ellos dos son los que llegan a la confrontación final. Pero también se da vueltas en torno a lo que podría suceder si Lavagna levanta algo, o incluso si Juan Schiaretti puede emerger como un candidato aceptable para el Peronismo Federal.

 

Pero como esta columna se refiere a la evolución de las inversiones, lo más llamativo de toda esta pelea es que realmente no aparece en todo el espectro argentino una cabeza lo suficientemente iluminada y convincente como para empezar a encontrar un camino nuevo, que nos lleve a una solución, para el embrollo del que no podemos salir desde hace varias décadas.

 

El 9 de abril último entró el segundo tramo del préstamo del Fondo Monetario, impulsado esencialmente por Trump, y las reservas del Banco Central llegaron ese día a US$ 77.481 millones, mientras que el viernes último el Central declaró tener US$ 68.111 millones.

 

Esto significa que en apenas cuatro semanas y media se fueron de Reconquista 266 nada menos que US$ 9.370 millones. Por lo que en apenas un mes desapareció de las arcas oficiales el 12,1% de las reservas. Este achicamiento, por supuesto, no fue gastado íntegramente para mantener tranquilo al dólar.

 

Desde el 9 de abril (además de la creciente liquidación de divisas del campo y de los US$ 60 millones por día que liquida el Tesoro) el Banco Central pagó cupones e incluso cubrió la amortización de varios bonos, como por ejemplo el AA37, el AA26, el AA46 y el AY24. De ese modo, con números más precisos puede afirmarse que casi la mitad de los dólares gastados fueron destinados para pagar deuda. Por lo que mantener con ansiolíticos al mercado cambiario se llevó alrededor de US$ 4.700 millones, el 6% de lo que había hace un mes.

 

Con semejante quema de dólares el precio del dólar se planchó: a fines de abril había arañado los $ 47 a nivel minorista y los $ 46 a nivel mayorista, mientras que al cierre del viernes pasado terminó a $ 46,05 al público y a $ 44,80 para las operaciones macro.

 

Con semejante ancla, los que desde el 9 de abril sacaron los dólares de sus cuentas y los tienen en cajas de seguridad sin ningún tipo de rendimiento acumulan una pérdida en pesos del 2%, al tiempo que los que se animaron a hacer plazos fijos ganaron en el mismo período 3,6% en pesos, casi lo mismo que la inflación. Y, en el mismo período, los bonos argentinos repuntaron casi tanto como la tasa en pesos, mientras que la Bolsa de Buenos Aires fue, lejos, lo mejor de todo: arañó una suba en pesos del 16%, a pesar de la toma de ganancias del viernes pasado.

 

A partir de estos resultados, varios analistas repitieron la frase que dejó en la historia a Lorenzo Sigaut: “el que apuesta al dólar pierde”. Fue uno de los tantos intentos por moderar la suba del dólar luego de que comenzase un rally alcista como consecuencia del enorme atraso cambiario de la época de Martínez de Hoz que fue lapidario para la producción nacional. De hecho, eso fue lo que pasó en los últimos treinta días y según dicen los expertos puede seguir pasando durante lo que queda de mayo, posiblemente en junio y a lo mejor en julio.

 

En términos generales, se descuenta que la presente liquidación de dólares (ya sea del campo, del Tesoro, o las reservas del BCRA), pueden durar quizás hasta la segunda semana de agosto, como mucho. Y, frente a ese pulso (que puede adelantarse), casi todos piensan que una buena parte de ese período les permitirá tanto a la Bolsa como a los bonos y a las tasas de interés resultados mejores respecto de lo que lo que pueda ver el dólar.

 

Eso sí, después de esta meseta de tranquilidad (ganada por la cosecha y por venta de dólares prestados) sobrevendrá un sprint final, que tendrá su clímax en las diez semanas anteriores al 27 de octubre, con los inversores tomando las decisiones, de acuerdo a como venga CFK en las encuestas. Y por lo que aseguran algunos analistas, la salida de dólares del sistema podrá ser incluso más abultada respecto de lo que se vio en las campañas electorales de los últimos tiempos. En esa gran pulseada, con inversores buscando refugio, se verá si el apoyo del Fondo alcanza, y hasta dónde llega.

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