La transición hacia una matriz más equilibrada

15 de mayo, 2019

Gas y petróleo

Por Roberto Carnicer Director del Area de Energía y Oil&Gas de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Austral

 

Para proyectar los escenarios de las energías futuras en el mundo se consideran tres parámetros: asequibilidad, confiabilidad y sostenibilidad; estrechamente vinculados que requieren un enfoque integral. Los cambios tecnológicos y sus costos impactan en ellos y la vertiginosidad de estos cambios produce y requiere una constante actualización para el desarrollo de políticas energéticas sustentables. La energía eólica y solar, por ejemplo, aporta una importante fuente de electricidad asequible y de bajas emisiones, pero crea requerimientos adicionales de otras energías para su funcionamiento confiable.

 

Por otro lado, el mercado global de gas como resultado del creciente comercio de gas natural licuado (GNL) logró un recurso tangible y más limpio que intensifica la competencia y cambia la forma en que los países piensan gestionar sus posibles carencias de suministro.

 

Entonces, ¿cómo se proyecta el futuro energético mundial hacia 2040? Con un crecimiento continuo de demanda energética en un entorno de mayor eficiencia de los países emergentes –en especial de India–, además de China y los países asiáticos. Se estima una matriz de energía primaria más equilibrada, mutando al rol preponderante de las energías renovables (del 4% al 20% en 2040), fuerte caída porcentual del carbón (del 28% al 15%), una más suave del petróleo (del 34 al 28%) pero con un aumento de la participación del gas natural (del 23% al 26%) en un mundo más electrificado.

 

Los profesionales argentinos estamos exigidos a tener una visión más aguda y adaptable en nuestra planificación.

 

Ante este escenario Argentina seguirá esta tendencia. La asequibilidad, la confiabilidad y sostenibilidad deben ser valoradas frente a las particularidades distintivas de la evolución energética de cualquier país (recursos, política, economía) y Argentina no debe escapar a la regla.

 

¿Qué características nos permitirían evaluarlos en 2019 afectado por nuestra historia?

 

En el sector de hidrocarburos son cinco: gran experiencia en su explotación y monetización; recursos extraordinarios en shale gas (segundos en el mundo) y shale oil (quinto) con hechos concretos de asequibilidad –el 41% de la producción de gas y el 17% del petróleo de todo el país proviene del No Convencional (NC)–; infraestructura en el sector con experiencia pero insuficiente ante los nuevos desafíos; la calidad del gas NC favorable para la industria petroquímica y del GLP; y un marco regulatorio serio pero que requiere actualizaciones ante el rol de una Argentina fuertemente exportadora.

 

La historia y los hechos recientes nos demuestran que el posicionamiento estratégico de Argentina en la oferta energética mundial sería asequible y confiable.

 

El desplazamiento de consumos de hidrocarburos por los renovables acercaría el objetivo de un país exportador de energía.

 

Si nos referimos a las energías renovables, son dos. Disponemos de excelentes recursos naturales asociados a lo eólico y solar y se han fomentado políticas que tienen como meta alcanzar una contribución del 20% en el consumo de energía eléctrica en 2025, aunque todavía no asequible, ya se dispone de una potencia de 1900 MW (9% de la demanda energética nacional).

 

Podríamos concluir que las expectativas de las energías renovables en Argentina son asequibles y el gas permitiría darle a las energías renovables la confiabilidad que no disponen aún. El desplazamiento de consumos de hidrocarburos en el mercado doméstico por los renovables permitiría una mayor oferta para el objetivo de un país exportador de energía.

 

Finalmente, la realidad de nuestra inestabilidad política y económica nos ha dado una habilidad que se ha transformado en virtud –dada la insistencia de nuestra clase política de hacérnosla ejercer– que es la versatilidad. Es una impronta distintiva de los argentinos. Los profesionales argentinos estamos exigidos a tener una visión más aguda y adaptable en nuestra planificación estratégica que se adecúa, en general –no por planificación sino por necesidad– a las más modernas tendencias del gerenciamiento mundial (industria 4.0). Es esta virtud la que debemos aprovechar para darle sostenibilidad a los proyectos.

 

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