La deuda de Cuba con Argentina: US$ 4.805 M

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Por Ramón Frediani Economista

 

El 4 de agosto de 1973, el Gobierno peronista del presidente Héctor J. Cámpora, a propuesta del entonces Ministro de Economía, José B. Gelbard, decidió otorgarle a Cuba, a través de nuestro BCRA, un préstamo por US$ 1.278 millones a seis años de plazo al 6% anual, para financiarle la venta de 1.000 tractores, maquinaria agrícola diversa, 5.515 camiones pesados Fiat y 6.000 automóviles Fiat 125, además de otros miles de Renault 12, Ford Falcon, Citroën Ami 8, Peugeot 404, y 9.000 unidades Dodge 1500 para taxis en La Habana, que aún hoy algunos circulan por las calles de la ciudad.

 

Si le agregamos sólo los intereses compensatorios devengados a la tasa originalmente pactada del 6% anual durante estos 46 años, a interés simple y no compuesto (sin anatocismo) la deuda del capital e intereses asciende hoy a US$ 4.805 millones y sin tomar en cuenta los intereses moratorios y punitorios que correspondería aplicar, lo que duplicaría fácilmente ese monto, superando así los US$ 6.800 millones que cobró el Estado por el último blanqueo tributario del 2016.

 

Los cubanos defienden sus intereses como pueden. ¿Nosotros, defendemos nuestros intereses como corresponde?

 

En aquel entonces, el argumento del Gobierno peronista de izquierda de Cámpora fue que se quería diversificar la lista de los países a los que Argentina exportaba, para salir de la dependencia con nuestros clientes tradicionales, y por igual criterio también en 1973 y 1974 se promovieron exportaciones financiadas a otros países comunistas, y que acá los exportadores la cobraban con nueva emisión monetaria de moneda local, que luego generaría la gran inflación de 1975-1985.

 

Cuba declaró el default de su deuda externa en 1989, cuando colapsó la Unión Soviética y dejó de otorgarle a Cuba US$ 3.000 millones de subsidio para que siguiera funcionando como país. Desde entonces, nuestro país hizo varios intentos fallidos de cobranza. Durante los años ’90, Argentina le propuso formalizar la deuda recibiendo bonos soberanos externos de deuda pública cubana, para poder luego venderlos en el mercado internacional y recuperar parte del dinero. Esos bonos habrían cotizado en Wall Street alrededor del 10% al 15% de su valor, dada la larga historia cubana de insolvencia e incumplimientos de sus compromisos internacionales. Pero al menos algo se habría recuperado.

 

No es un problema ideológico: Argentina debe recuperar su patrimonio cualquiera sea la ideología de su deudor.

 

Otra propuesta durante los ‘90 fue la posibilidad de capitalizar la deuda a cambio de inversiones argentinas en la isla. Laboratorios Bagó está allí desde 1995, el grupo Bulgheroni tuvo en el pasado contratos para exploración petrolera en sus costas, Molinos Río de la Plata coloca en la isla desde 1993 una amplia gama de alimentos, y más recientemente lo hizo Arcor. Astilleros Tandanor trabajó durante muchos años en reparación de la infraestructura y el material ferroviario en la isla. El turismo, la hotelería, el sector petrolero (el Mar Caribe contiene importantes reservas de petróleo) y la producción de alimentos serían las actividades económicas con mayores posibilidades futuras de invertir en Cuba, dejando atrás a las tradicionales del azúcar, la pesca y el tabaco. El rubro que hoy más seduce a los inversores, no sólo de Argentina sino también de Europa y Canadá, es el turismo internacional hacia sus playas y las visitas a sitios históricos.

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A mediados de los ‘90, el canciller Guido Di Tella propuso reemplazar esa deuda por inversiones locales en obras públicas y turismo. Carlos Menem conversó con Fidel Castro, pero no se alcanzó ningún acuerdo. Luego, en octubre del 2003, el presidente Néstor Kirchner, a través del entonces canciller Rafael Bielsa propuso a Cuba una quita importante de la deuda (75%), y saldar el 25% remanente con: (a el pago de intereses futuros en efectivo; (b atención médica gratuita de alta complejidad durante cinco años a argentinos de bajos ingresos en hospitales cubanos para tratamientos de rehabilitación de lesiones severas ya que Cuba se destacaba en aquel entonces en esa especialidad intensiva en mano de obra por los bajos honorarios de su personal de enfermería y paramédicos; (c el envío a la Argentina de medicamentos de uso popular y consumo masivo de fabricación cubana; (d capacitación en Cuba en biotecnología y educación para científicos y docentes argentinos. Adicionalmente, Argentina solicitaba en aquel borrador de acuerdo un tratamiento arancelario preferencial para introducir a Cuba con ventajas arancelarias 1.300 productos argentinos.

 

La idea llegó a formalizarse en un preacuerdo suscripto entre nuestro Ministerio de Economía y el presidente del Banco Central de Cuba, el economista Francisco Soberón Valdés. Para el diseño del acuerdo definitivo, estaba prevista la participación de técnicos del BCRA y del Banco de Inversión y de Comercio Exterior (BICE), pero tal acuerdo definitivo nunca llegó a firmarse, de manera que el arreglo de la deuda no pasó de ser un listado de buenas intenciones.

 

Por el contrario, Brasil logró arreglar la deuda que Cuba tenía con ellos, mediante un acuerdo para construir hoteles en la isla cambio de que el estado cubano cancele la deuda con un fondo creado con entre el 10% y 30% de los ingresos anuales que obtenga de sus exportaciones hacia Brasil, especialmente de productos médico-sanitarios. También México, 10 años atrás y a través del Banco Nacional de Comercio Exterior de México (Banamex), firmó con el Banco Central de Cuba la reestructuración de US$ 400 millones de deuda soberana cubana con el país azteca.

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Cuba también reestructuró gran parte de su deuda soberana defaulteada con Rusia y con España renegoció aproximadamente US$ 1.400 millones, lo que permitió a grupos empresarios españoles de las diez grandes cadenas de hoteles internacionales españoles a proseguir construyendo nuevos establecimientos en La Habana y en los principales centros turísticos de la isla: Varadero, Cayo Coco, Cayo Santa María, Cayo Largo, Cienfuegos, y otros.

 

También años atrás Cuba licitó 59 áreas petroleras en su mar continental y adjudicó 16 de ellas a empresas chinas, indias, canadienses y noruegas ¿Por qué el Gobierno de Argentina no hizo una propuesta de cobrar la deuda recibiendo a cambio áreas petroleras en el Mar Caribe colindante a la isla? ¿Por qué, a diferencia de Brasil, México, Rusia y España, se preocupa tan poco en recuperar esta montaña de dólares?

 

Y nos quedamos con estos interrogantes. ¿Alguien hace el seguimiento de la cobranza de estos miles de millones de dólares? ¿A alguien le preocupa este tema? ¿O es que los argentinos somos muy “generosos” cuando se trata del ese dinero, olvidando que el dinero del Estado sale de nuestros bolsillos cada vez que pagamos impuestos?

 

Hasta el día de hoy, no se llegó a ningún acuerdo. Tampoco se vislumbra una intención de las actuales autoridades de hacer un nuevo intento y la conclusión patética es que no se pudo cobrar un solo dólar de los US$ 4.805 millones que al día de hoy todavía Cuba nos debe desde hace 46 años. La última noticia es que hace unos veinte años, y luego de sucesivas refinanciaciones del principal e intereses, el BCRA transfirió esa acreencia al BICE (Banco de Inversión y Comercio Exterior), ex Banco Nacional de Desarrollo.

 

Esa acreencia multimillonaria sigue ignorada en polvorientos y olvidados registros contables del BCRA, Ministerio de Hacienda, BICE, Cancillería o quién sabe en qué oficina pública del Estado. Otro detalle a tener en cuenta: ninguno de los once acuerdos que firmó Cristina Kichner con Castro en La Habana el 20 de enero de 2009 hizo mención alguna al rescate de esta acreencia a favor del estado argentino.

 

No nos confundamos: no es un problema ideológico. El tema no es llevarnos bien o mal con aquel país socialista. El tema es que el Estado argentino debe recuperar su patrimonio cualquiera sea la ideología de su deudor, pues no hacerlo es mal desempeño e incumplimiento de los deberes de funcionario público. Los americanos dirían: es ausencia de “accountability” en la gestión del Estado. Ellos, los cubanos, defienden sus intereses como pueden. ¿Nosotros, los argentinos, defendemos nuestros intereses como corresponde?

 



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