¿Cómo se cuentan los votos en Argentina?

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Por Javier Smaldone (*)

 

Hay muchas preguntas porque hay muchas dudas. Hay muchas dudas porque poco se explica cómo funciona el sistema de votación argentino (en las escuelas y también en los medios). Y por esto hay mucha falsa denuncia, mucho oportunista y también muchos problemas a los que sí debería prestarse atención. El objetivo de esta nota es despejar algunas de estas dudas.

 

Cómo se cuentan los votos

 

Una vez finalizada la votación, luego de las 18 horas, se procede al escrutinio de mesa. Para ello, el presidente de mesa (con la asistencia del suplente, si estuviera presente) abre la urna, y ante la vista de los fiscales partidarios (quienes no deben manipular las boletas ni los sobres) cuenta los votos. De este proceso resultan tres documentos importantes:

 

  • El acta de escrutinio: en ella constan la cantidad de votantes (según el registro del padrón con troqueles del presidente de mesa) y el resultado del escrutinio de los votos de la urna (la cantidad de votos obtenidos por cada partido para cada categoría, votos en blanco, nulos, impugnados y recurridos). Además, contendrá cualquier observación que quisieran realizar el presidente de mesa, el suplente o los fiscales partidarios.

 

  • Los certificados de escrutinio: se confeccionan con los datos del acta, resumiendo el resultado del escrutinio de mesa, y se entrega una copia a cada fiscal partidario. Una copia adicional será depositada dentro de la urna al finalizar y antes de sellarla.

 

  • El telegrama: similar al anterior, pero un único ejemplar para la realización del escrutinio provisorio.

 

En todos los casos cada documento lleva la firma del presidente de mesa, su suplente y cada uno de los fiscales partidarios presentes. En honor a la brevedad, omitimos nombrar las actas de apertura y de cierre.

 

El llamado telegrama es el documento que debe ser enviado de forma rápida a la Dirección Nacional Electoral (dependiente del Ministerio del Interior ), en tanto que el acta, la urna (conteniendo los votos, los sobres no utilizados y un certificado de escrutinio) y el resto de la documentación son enviados a la Junta Electoral Nacional del distrito que corresponda.

 

El Ministerio del Interior (Poder Ejecutivo) es el encargado de realizar el escrutinio provisorio, que produce resultados lo antes posible. La Justicia Electoral (Poder Judicial) comenzará, dos días después, el escrutinio definitivo (el único con validez legal). Uno de los objetivos del escrutinio provisorio es permitir que los partidos políticos detecten irregularidades a tiempo y las denuncien ante la Justicia Electoral durante esos dos días de espera antes de comenzar el escrutinio definitivo.

 

La Figura 1 muestra un esquema del proceso completo según el Código Electoral Nacional.

 

 

Ambos escrutinios son independientes: se realizan por poderes distintos y usando documentos distintos. Pero su implementación hasta ahora ha tenido un problema: es el Correo Argentino quien recoge todos los documentos, los transporta y luego los separa en sus oficinas.

 

Al terminar el escrutinio de mesa, el presidente entrega toda la documentación al empleado de Correo Argentino (telegrama, acta, urna, y el resto de los documentos). Luego de terminar su recorrido, que usualmente involucra varias escuelas, este se dirige a la oficina más cercana (alrededor de 500 en todo el país) y allí es donde se entrega lo que corresponde a la Justicia Electoral y se realiza la transmisión del telegrama.

 

Desde 1997 hasta las últimas elecciones de 2017 el Ministerio del Interior (algunas veces por licitación, otras por contratación directa, otras tercerizando a través de Correo Argentino) contrató para la recepción de los telegramas y la realización del escrutinio provisorio a la empresa española INDRA.

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El proceso real fue entonces como se muestra en la Figura 2.

 

 

¿Qué cambia en estas elecciones nacionales de 2019? Algo a priori positivo: el telegrama será transmitido directamente desde las escuelas. Para esto Correo Argentino “compró” (en realidad, alquiló) software a la empresa de origen venezolano Smartmatic . Según se ha dicho públicamente, pero sin dar mayor detalle, el hardware a utilizarse para dicha transmisión (supuestamente un escáner y una netbook por cada escuela) será provisto por educ.ar.

 

El proceso quedaría entonces como muestra la Figura 3.

 

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El telegrama nunca fue transmitido físicamente (si ese fuera el caso, se le llamaría carta). Originalmente se transmitía mediante telégrafo (de ahí su nombre), luego se utilizó el sistema de fax y en las elecciones legislativas de 2017 se transmitió por primera vez usando medios informáticos (siempre desde las oficinas de Correo Argentino ). Pero nunca se envió el papel.

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¿Qué es lo bueno del cambio que se implementará en las próximas elecciones nacionales?

 

  • Por primera vez hay una verdadera separación entre el telegrama y el acta (más la urna).

 

  • El presidente de mesa y los fiscales pueden ver (y saber) en qué momento exacto es transmitido el telegrama.

 

  • Puede tenerse resultados provisorios más rápido.

 

¿Qué es lo malo y lo preocupante?

 

  • Que se use software de una empresa privada (Smartmatic, que no tiene los mejores antecedentes de transparencia ni eficacia), del que no se conoce el código fuente y por lo tanto no puede tenerse certeza sobre su funcionamiento.

 

  • Que faltando tan poco tiempo para las elecciones no haya detalles precisos de qué hardware se utilizará y cómo se realizará exactamente la transmisión.

 

  • Que se transmita sólo una imagen (fotografía) del telegrama en papel, cuando podrían además cargarse los datos directamente bajo el control de la autoridad de mesa y los fiscales.

 

  • Que tampoco se disponga del código fuente del software con el que realizará la carga de datos de los telegramas y su totalización.

 

  • Que el escrutinio provisorio siga siendo realizado por una empresa privada.

 

Sobre este último punto es inaceptable que, a esta altura, el Estado Nacional aún no tenga la capacidad de recibir los telegramas y disponer de operadores para realizar la carga de los datos (o, como ya se dijo, mejorar el sistema para que la carga pueda hacerse desde las escuelas). Durante 20 años esta tarea fue hecha por INDRA y ahora se le asigna a Smartmatic (y excedería ampliamente el objetivo de esta nota discutir cuál de las dos empresas tiene un peor prontuario).

 

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Los cambios implementados en la elección de 2019 sólo tienen que ver con la forma de transmitir los telegramas. En nada cambia el manejo de las actas, urnas, documentación adicional ni el escrutinio definitivo.

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¿Cómo podría modificarse transmisión de los telegramas para hacerla más transparente, evitando privatizaciones innecesarias y posibilitando mayores controles por parte de la ciudadanía los partidos? Transmitiendo desde las escuelas, pero no sólo las imágenes sino también los valores, usando además software cuyo código fuente sea público, para que todos podamos verlo (y auditarlo o proponer mejoras). La Provincia de Santa Fe está avanzando en la implementación de un sistema de este tipo desde el año 2016.

 

La Figura 4 muestra cómo quedaría el proceso con este cambio.

 

 

El escrutinio definitivo, como ya se dijo, lo realiza la Justicia Electoral (cuya máxima autoridad de la Cámara Nacional Electoral), con la participación de fiscales designados por los partidos políticos.

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Para su realización consideran las actas (ya no los telegramas) que se encuentran junto al resto de la documentación de cada mesa (padrón con los troqueles, votos impugnados, actas de apertura, cierre y otras adicionales que se hayan labrado) en un sobre que fue sellado por el presidente de mesa (llamado en la jerga “bolsín”), y que fue transportado por las fuerzas de seguridad desde las oficinas del Correo Argentino.

 

Para cada mesa se abre el bolsín, se toma el acta y se contabilizan los valores. Si hubiera algún incidente anotado en el acta o algún fiscal partidario exhibiera un certificado de escrutinio que discrepara con la anterior, se intenta resolver la situación.

 

En caso de existir alguna irregularidad grave en el acta, o si un certificado de escrutinio presentara alguna discrepancia que no pudiera ser resuelta, entonces se procede a abrir la urna en cuestión. Nótese que esta es una situación altamente excepcional, pero aún así todavía hay una instancia más antes de realizar un recuento de los votos.

 

Dentro de la urna debería haber una copia del certificado de escrutinio. Y sólo en el caso en que ese documento tampoco permitiera resolver la situación (si no «desempata» entre el acta y el certificado de escrutinio que difieren) se puede proceder a realizar un nuevo escrutinio de los votos contenidos en la urna. En la práctica, eso rara vez ocurre.

 

Si alguna vez escucha a un político pidiendo que “se abran las urnas y se vuelvan a contar los votos”, o diciendo que “el escrutinio de mesa no es importante, porque en el definitivo se vuelven a contar los votos” sepa que le está mintiendo. Para llegar a abrir una urna tiene que haber una causa bien fundada (por ejemplo, un certificado de escrutinio que tenga cifras diferentes a las del acta), y ni siquiera en este caso está garantizado un recuento.

 

Para un control efectivo los partidos políticos deberían contar con el certificado de escrutinio de cada mesa (o al menos de una gran parte de las casi 100.000 existentes). Además, como resultado del escrutinio provisorio deberían publicarse no sólo los totales por distrito, sino también los resultados individuales de cada mesa (la imagen del telegrama recibido y los valores contabilizados) en un tiempo razonable y en un formato que posibilitara su tratamiento con herramientas informáticas. De esta forma, los partidos políticos podrían detectar irregularidades y realizar las denuncias y reclamos pertinentes (junto con otros problemas detectados) en el plazo de 48 horas establecido por la ley, antes de comenzar el escrutinio definitivo.

 

Así, finalmente, se llega al resultado (legal, oficial, único) de una votación: varios días después de los comicios (usualmente, una semana, con un máximo legal de diez días), que determina quiénes son los gobernantes elegidos por la ciudadanía.

 

La Figura 5 muestra los documentos involucrados en el escrutinio definitivo.

 

 

Claro que las mejoras propuestas al sistema de votación no estarían completas sin incluir un elemento que ha sido reclamado en varias oportunidades por la Cámara Nacional Electoral, sobre el que se han presentado varios proyectos de ley en el Congreso de la Nación y sobre el que varios especialistas y organizaciones de la sociedad civil han reclamado al Presidente de la Nación: la boleta única de papel como forma de emitir el voto.

 

(*) Consultor informático independiente especializado en la introducción de tecnología informática en los procesos electorales






Diario EL ECONOMISTA

jueves 05 de diciembre, 2019
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