Estados Unidos, China y el “desacople”

Estados Unidos, China


Por Esteban Actis Doctor en Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional de Rosario y

Nicolás Creus Director de Estrategia Global en Terragene

 

La compleja interdependencia económica entre Estados Unidos y la República Popular China ha sido sin lugar a dudas una de las notas salientes del proceso de globalización imperante desde finales de los años setenta hasta nuestros días. Tanto en materia productiva como financiera, la vinculación entre los dos países moldeó el sistema económico mundial. La configuración de las Cadenas Globales de Valor, la fragmentación productiva y el proceso de outsourcing (globalización comercial) así como la consolidación del dólar como reserva de valor global y el rol de China como gran ahorrista (globalización financiera) no pueden comprenderse desconectadas de la integración acaecida entre la primera potencia económica mundial (EE.UU.) y la de mayor crecimiento en las últimas décadas que la secunda desde algunos años (China). Hasta no hace mucho tiempo, este proceso era percibido tanto en Washington como en Beijing como un juego de suma variable con dinámica win-win.

 

Sin embargo, el crecimiento sostenido de la economía china, sus ambiciones geopolíticas y principalmente la capacidad del capital chino de disputar las áreas más sensibles de la próxima revolución industrial (5G, robótica, automatización, Internet cuántica, etcétera) han trastocado y modificado las percepciones de los actores. El gobierno de Donald Trump -y parte de las firmas estadounidenses más importantes- conciben que la única manera de enfrentar la competencia de China es con “menos globalización”. El juego ahora parece ser percibido como de suma cero con dinámica win-lose.

 

En este contexto, el gobierno de Trump a instancias de su ala más proteccionista encarnada en las figuras de Steve Bannon y Robert Lighthizer, parece reconocer que ningún acuerdo comercial ni mesa negociadora puede resolver los aspectos centrales del malestar estadounidense, a saber: la falta de reciprocidad en materia de comercio e inversiones, la protección de la propiedad intelectual y el freno en la transferencia de tecnología, la supuesta competencia desleal del capitalismo de estado chino y las sospechas sobre el plan “China 2025” y su intención de dominar la tecnología del futuro.

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Ante este escenario, Washington parece comenzar a aplicar una estrategia de “desacople” que tiene como objetivo revertir y desandar la interdependencia alcanzada. En el otro lado del mundo, Xi Jinping parece estar dispuesto a enfrenar el desafío de autonomizar el desarrollo de China en caso de ser empujado a ello. Los halcones de EE.UU. creen que las actuales interacciones económicas con China deben reducirse considerablemente si el país quiere seguir manteniendo la hegemonía en materia económica y militar. Por su parte, el ala más nacionalista del Partido Comunista de China ve la autosuficiencia como un camino esencial para dominación de la economía y del aparato estatal militar.

 

La primera manifestación del “desacople” asomó en el sector de la tecnología, en particular el de las telecomunicaciones en un contexto de desarrollo de la red de infraestructura de la Quinta Generación de telefonía móvil (5G). La decisión de la Casa Blanca de incluir a Huawei Technologies Co. Ltd. en una lista negra comercial, prohibiendo en la práctica que empresas estadounidenses hagan negocios con el mayor fabricante de equipos de redes de telecomunicaciones del mundo, va en la dirección planteada. Esto le impide a firmas como Qualcomm, Intel y Google seguir haciendo negocios con Huawei al tiempo que obliga a la firma china a buscar nuevos proveedores de insumos y a diseñar rápidamente un sistema operativo para sus teléfonos.

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El “desacople” representa un camino desconocido en la historia moderna. La globalización no conoce antecedentes en los cuales dos enormes socios comerciales hayan entrado en un proceso tal de rivalidad geopolítica capaz de revertir y desandar los niveles de interdependencia alcanzados. Tanto así es que algunas opciones valoradas como altamente improbables hasta hace un tiempo, hoy han ganado espacio en la consideración de algunos analistas, como por ejemplo el peligro de que China haga uso del arma monetaria, liquidando de manera más agresiva sus tenencias de bonos del Tesoro estadounidense.

 

Si bien las condiciones actuales aún no parecen suficientes como para justificar tamaña y riesgosa jugada de parte de China, lo cierto es que los temores entre los inversores aumentan en la medida en que las tensiones se agudizan y amenazan con llevar a las potencias al “desacople”. En tal escenario, los costos de hacer uso del arma monetaria como recurso de última instancia podrían encontrar alguna justificación mayor.

 

En conclusión, por sus consecuencias, la profundización del “desacople” entre EE.UU. y China es sin dudas el mayor peligro que enfrenta el mundo actual. Un proceso de tales características conllevaría un altísimo nivel de incertidumbre y de concretarse, los costos en el corto plazo serían sumamente elevados para ambas partes así como también para las firmas multinacionales y por supuesto para el resto de la economía global en su conjunto.



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