Emi Nakamura, un premio con sabor argentino

7 de mayo, 2019

Por Pablo Mira Docente e investigador de FCE-UBA

 

Una porción no desdeñable de economistas que profesaron en Argentina, huérfanos de teoría aplicable a su país, debieron desarrollar por sí mismos un cuerpo de literatura teórico propio. Autores como Marcelo Diamand, Roberto Frenkel o Daniel Heymann se vieron obligados a redefinir completamente los enfoques desarrollados en los países del norte, a fin de poder resolver situaciones propias de nuestro entorno. Ellos percibieron claramente que en economías como la nuestra existe un problema macroeconómico específico y que la historia argentina provee un conjunto de experiencias para la discusión de política muy complejo y a la vez muy rico.

 

De las patologías que nos afectan, quizás la persistencia de la inflación sea la más estudiada localmente. En otros países, en cambio, no se le presta tanta atención a esta cuestión, en parte porque las economías más desarrolladas están viviendo un largo período, que ya lleva casi cincuenta años, sin casi señales de la inflación como un problema endémico.

 

Resulta curioso entonces que la John Bates Clark Medal de este año, el segundo galardón más reconocido en la disciplina económica, haya sido otorgado a la economista Emi Nakamura. Se trata de una macroeconomista dedicada a las cuestiones empíricas (los tiempos de grandes desarrollos teóricos parecen haberse sosegado) que estudia en profundidad las características de la determinación de precios a nivel muy desagregado.

 

Su trabajo más citado es “Cinco hechos sobre precios: una reevaluación de los modelos de costos de menú”, publicado en 2008 en el prestigioso Quarterly Journal of Economics. Allí estudió los datos de precios individuales del Bureau of Labor Statistics (el Indec de Estados Unidos) documentando entre otras cosas la frecuencia de cambio de los precios. La teoría de los costos de menú indica que si los precios no se mueven lo suficiente como para asegurar una asignación eficiente, pequeñas fricciones que limiten su ajuste (por ejemplo, un alto costo a la hora de cambiar el menú de un restaurante) pueden desencadenar recesiones económicas. Nakamura encuentra que la frecuencia de ajuste de precios no toma en promedio más de cuatro meses, pero al distinguir entre precios “regulares” y “ofertas” encuentra que la mayoría de estos movimientos corresponden a los segundos, y que los primeros cambian apenas una vez al año.

 

Una extensión natural de estas investigaciones tiene que ver con los costos de la inflación. En general, la inflación trae dificultades cuando es muy volátil o inesperada, porque genera transferencias no deseadas entre los agentes económicos. Lo que estudia Nakamura son las divergencias entre precios y costos de reposición, y analiza si las firmas aumentan la frecuencia de sus decisiones de precios en un contexto inflacionario para no perder rentabilidad. Su resultados sugieren que las firmas se adaptan rápidamente a este nuevo ambiente, por lo que la inflación está lejos de ser una solución de política a la hora de crear “mayor volatilidad de precios” necesaria para asignar recursos más eficazmente. Dado que precios y costos se ajustan con relativa sincronización, Nakamura concluye que los costos de la inflación por estos desarreglos son relativamente pequeños.

 

Sin embargo, los hallazgos de Nakamura en materia de ajustes de precios en contextos inflacionarios sugieren que, pese a varias décadas de estabilidad de precios, las firmas están siempre listas para ajustar sus precios de inmediato cuando advierten que sus costos suben. Se trata, ni más ni menos, que de las raíces siempre presentes de la inercia inflacionaria.

 

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