Dólar, deuda y votos

6 de mayo, 2019

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Por Héctor Rubini Instituto de Investigación en Ciencias Económicas de la USAL

 

El abandono de la banda cambiaria fue bien recibido. La semana fue más corta por el feriado del Día del Trabajador, precedido de las medidas de fuerza del día anterior y el volumen negociado en el mercado cambiario no fue significativo mientras que, en el exterior, no hubo gran movimiento en el mercado de deuda, pero prevaleció la recuperación de papeles argentinos y el riesgo país perforó los 950 puntos básicos.

 

El cambio de la estrategia del BCRA permitió borrar de la mente de los inversores el pésimo desempeño de Cambiemos del 29 de abril en Santa Fe y en varios grandes municipios de Mendoza.

 

Además, la semana cerró con buenas noticias desde EE.UU. El 1° de mayo la Reserva Federal no subió la Fed Funds Rate y aplicó una mínima baja (0,05 puntos porcentuales) a la tasa cobrada a las reservas excedentes de los bancos depositados en la Reserva Federal. Por otro lado, el desempleo en ese país fue de del 3,6% (el nivel más bajo desde 1969) y la creación de nuevos empleos en abril (263.000) superó las expectativas de consultoras y bancos de inversión.

 

Mirando a futuro, el dólar y el riesgo país seguirán moviéndose al compás de noticias que seguirán teniendo impacto en las evaluaciones de la capacidad de pago de la deuda para los próximos 4-5 años, la estabilización o no del tipo de cambio y los precios en lo que resta de 2019.

 

En el frente interno asoma la crucial elección del próximo domingo para gobernador y jefes de gobiernos municipales en la provincia de Córdoba. La alianza Cambiemos, que fue decisiva para el triunfo de Mauricio Macri en el balotaje de noviembre de 2015, no existe más. La Unión Cívica Radical se presenta dividida y conserva capacidad competitiva para disputar la municipalidad de la capital de la provincia pero, para gobernador y legisladores, se descuenta un triunfo del Partido Justicialista. La magnitud y diferencia va a ser crucial para las encuestas de opinión y los pronósticos que se van a publicar hasta el cierre de listas de junio. En el plano externo, el factor definitorio del rumbo de tasas de interés, tipos de cambio y volatilidad en los mercados de bonos y acciones será el resultado de las negociaciones entre China y EE.UU., tras la paz acordada el 1° de diciembre pasado en la reunión del G-20 en Buenos Aires.

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Luego de diez reuniones bilaterales, en el día de ayer el presidente Donald Trump anunció por Twitter que el próximo viernes aplicará finalmente la suba de 10% a 25% la alícuota de los aranceles a importaciones de origen chino por U$S 200.000 millones.

 

Para este miércoles los funcionarios de la Casa Blanca recibirán una misión del gobierno chino encabezada por su viceprimer ministro Liu He. Poco se espera en materia comercial luego del anuncio de Trump. Probablemente el foco de las discusiones gire en torno de la situación de la directora financiera de Huawei, Meng Wanzhou, que sería extraditada ese mismo día desde Canadá. El verano boreal asoma con un escenario que prenuncia inevitables réplicas del gobierno chino, algo que también se traducirá en una actitud menos cooperativa (al igual que en el caso de Rusia) para contribuir a una salida rápida de la crisis de Venezuela.

 

La inestabilidad externa puede favorecer a Argentina en caso de que China opte por sustituir al máximo sus compras de soja de EE.UU. por la oferta de Brasil y la de nuestro país. Sin una fuerte desaceleración de la economía china y de la India, el precio del petróleo bien puede seguir subiendo, pasando a ser un factor de inestabilidad con impacto directo en la inflación de nuestro país. En cuanto a nuestras exportaciones, el efecto de este enfrentamiento ser verá con más claridad a partir del próximo año. Hasta entonces quedará más claro el sendero de represalias y contrarrepresalias entre EE.UU y China, el de la cotización del dólar respecto de las demás monedas y el de los precios de las commodities.

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Tanto el sendero de nuestros ingresos de divisas, como el del tipo de cambio, la inflación y el riesgo soberano de la deuda pública se definirán también a partir del próximo año. Definido ya el resultado electoral, todo dependerá de lo que anuncie el futuro Gobierno.

 

Hasta entonces, la volatilidad de tasas de interés, precios de activos y al consumidor, dólar y riesgo país reflejará al menos en parte tres incertidumbres hasta ahora no resueltas: a) cómo será la herencia económica que recibirá la futura administración, b) quienes encabezarán los equipos económicos de los candidatos a Presidente, y c) qué harán frente al estado en que se encuentre la economía el próximo 10 de diciembre. Hasta ahora José Luis Espert es el único que ha hecho publicado 13 objetivos que suponen reformas promercado. Los partidos de izquierda y las distintas ramas del peronismo oscilan en un menú de reformas poco claro, pero con una curiosa coincidencia: ven como inevitable, e unos casos, y en otros directamente promueven una reestructuración de la deuda pública externa.

 

Una reestructuración (o una declaración de default) exige definiciones todavía ausentes: a) sus principales figuras políticas y economistas no han hecho público ningún análisis costo-beneficio de una forma específica de reestructuración o default, b) tampoco una cuantificación a valor presente de la capacidad o incapacidad de pago del Gobierno y de las provincias, c) no han sugerido los nombres de los potenciales negociadores, d) tampoco los de los expertos legales que deberían hacer frente a las presiones, lobbies y juicios de los bonistas que podrían verse afectados.

 

Estamos así en un período de indefiniciones que las autoridades deberían utilizar sin demora para recuperar la credibilidad y la iniciativa perdidas en los últimos dos meses. De no lograrse, será bastante difícil pensar en una mejora sustancial del rumbo de la economía para el próximo semestre, y de las posibilidades electorales del oficialismo para las elecciones presidenciales de octubre.

 

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