Alberto, el CEO de Cristina

20 de mayo, 2019

El anuncio sabatino de Cristina Kirchner despertó (literalmente, en la mayoría de los casos, también) análisis de todo tipo que aún retumban y están lejos de haber acabado. En un país de 44 millones de directores técnicos y economistas, durante el fin de semana todos fueron analistas políticos del único tema del que se habló.

 

El Economista dialogó con algunos de ellos (los que trabajan de eso, claro y han estudiado para tales fines) para conocer sus opiniones sobre algunas de las aristas del “bombazo”. El perfil de Alberto Fernández, el impacto electoral y, sobre todo, el poder que tendrá ante la larga sombre de Cristina si, en algunos meses más, la ciudadanía decide elegirlo Jefe de Estado.

 

El perfil

 

La primera parada obligatoria son él y sus ideas. Además de su paso por el Gobierno de Néstor Kirchner (donde fue una pieza importante, aunque estuvo lejos de ser el conductor de la batuta), su carta de renuncia, allá por 2008, ofrece algunas pistas sobre su pensamiento. Entre los motivos del portazo, esgrime “las locuras internas del Indec”, “los cierres intempestivos de las exportaciones” y, en general, el pase hacia una economía menos transparente e intervencionista. Y recién era 2008…

 

Tendencia que no haría más que agravarse en el segundo mandato de Cristina, ya con Axel Kicillof a la cabeza. “En el segundo mandato no hay elementos para ponderar y, de hecho, tuvo elementos deplorables”, dice Alberto en un vídeo que se viralizó en el fin de semana. “Fue un mal Gobierno”, agregó allí y criticó desde el cepo hasta el aumento de la pobreza, junto con su ocultamiento. Hasta el cierre de esta edición, Kicillof permanecía en silencio y apenas hizo un retuit del mensaje de Cristina. ¿No será el candidato de la provincia?

 

Alberto tiene visiones económicas más moderadas y ubicadas en el centro del espectro. Más emparentadas con la etapa nestorista del kirchnerismo, acaso la mejor en esa área (y otras).

 

“He cuestionado siempre el déficit fiscal, incluso cuando alguno de mis compañeros decían que muchos países tenían déficit fiscal y crecían igual. Es cierto, pero es mejor no tener déficit fiscal. Hay que salir de la falsa disyuntiva entre el populismo y las economías abiertas. Argentina necesita racionalidad en el manejo de la economía”, dijo, en enero, ante La Nación.

 

La decisión también habla de Cristina y su visión de la Argentina que se avecina. Después de todo, fue ella quien decidió el enroque y sería extraño (o imposible) que no haya escuchado las críticas albertistas a sus gestiones ni, tampoco, su recetario sobre qué deberá hacerse desde diciembre.

 

Bajo ese tamiz, que lo haya elegido implica algún reconocimiento tácito a esas críticas o, cuanto menos, que el período 2020-2023 no podrá ser similar a aquel de 2011-2015. Dados los nombres en su cartera, optó por uno racional y dialoguista. A sabiendas de que, desde el 10-D de 2019, se abre una etapa que exigirá más ortodoxia económica y, a la vez, mayor diálogo con los actores internos, y también externos (entre ellos, con el FMI).

 

Las visiones

 

“Lo mejor de la jugada es la sorpresa, sin dudas”, dice el analista político Ignacio Labaqui. “En términos electorales, la presencia de Cristina en la boleta garantiza el apoyo de su núcleo duro. Resta ver si Alberto resulta una figura que sume a votantes moderados”, agrega. Todavía no hay encuestas (serias, cuanto menos) que mensuren el impacto. La lógica indicaría que el piso de Cristina está virtualmente asegurado y la gran novedad es si Alberto hace un aporte, tanto en socios políticos, como en votos. “Las encuestas de los próximos días nos lo dirán”, argumenta Labaqui.

 

Nicolás Solari, director de Real Time Data, da su visión sobre ese tema y dice que hay un trade off. “Por un lado, baja el piso del espacio pero, por el otro, sube el techo. Se diluye parcialmente el miedo que genera Cristina en algunos sectores, pero se parte de una base menos sólida”, agrega y anticipa una campaña con menos radicalización, que podría ser más atractiva para ese votante satelital del kirchnerismo. Sobre el piso más débil, sin embargo, resulta difícil creer que haya huídas del redil electoral kirchnerista porque Cristina no lidera la boleta o tenga una presencia más esporádica en la campaña. ¿A quién votarán, si no?

 

“Dado el timing, 20 días antes del cierre de alianzas y un mes antes del cierre de listas, todo sugiere que Cristina busca forzar a Alternativa Federal a negociar o a vaciarlo de contenido y los próximos días van a ser claves en ese sentido”, dice Labaqui. Curiosamente, el alternativo (o antigrieta) venía siendo el relato más exitoso en los capítulos subnacionales y se refrendó ayer en La Pampa. Además de ese distrito, Córdoba, San Juan, Entre Ríos y Chubut aportaron evidencia en ese sentido. El reloj de arena federal se está agotando (queda una chance el miércoles) y los errores políticos (demasiados candidatos y pocas definiciones) fueron costosos. Con su decisión, Cristina los durmió. El tiempo dirán si los dirigentes y votantes federales recalarán en el binomio Fernández-Fernández.

 

Más allá de la urnas

 

El otro asunto debatido, tan importante o más que el electoral, es quién tendrá el poder. Algo de eso empezarán a ponderar hoy los mercados: si creen que será Cristina quien tenga la sartén por el mango, bajarán, y viceversa.

 

“Dudo que los mercados compren la narrativa de la moderación”, dice Labaqui. Varios motivos abonan su tesis. Por un lado, “Cristina está en el ticket presidencial, es decir, no se bajó”; en segundo lugar, “Cristina es la que manda y el video del anuncio con el ‘le he pedido a Alberto Fernández’ lo dice todo” y, por último, “siendo vice, y si llegara a ganar esa fórmula, estará siempre a un puesto de distancia de ser Presidenta”.

 

En diálogo con El Economista, Ramón Frediani retoma algunos de esas ideas, con más ímpetu y sugiere que importa poco y nada qué piensa el nuevo presidenciable. “Alberto ha demostrado ser fácilmente influenciable y proclive a una subordinación sin límites. Su pensamiento económico, por más bueno que sea, no cuenta pues, llegado al poder, no hará sino todo lo que le indique La Cámpora con puntos y coma, y  si ofreciera resistencia, en horas dejaría de ser Presidente y asumiría ella”, dice Frediani. Sombra similar a la que sobrevolaba en 2015, con la candidatura de Daniel Scioli.

 

No es casual que haya sido, ayer, la primera pregunta de la prensa al ungido candidato. “No habrá doble comando y el que toma las decisiones es el Presidente”, dijo y agregó que, tener a Cristina cerca, es similar a contar con Lionel Messi en el equipo. “Ni Cristina es Perón ni yo soy Cámpora”, dijo, rechazando la comparación histórica.

 

Otro economista, con varias campañas en el lomo, abona esa tesis, también. “Los beneficios de la candidatura ad hoc de Cristina es que no tiene que ir a los debates obligatorios ni tiene que responder preguntas, Además, si la formula pierde, el daño es menor que si ella la encabezara y, si gana el triunfo es de ella”, razona. Así, agrega: “Alberto será un chirolita porque el triunfo es de ella y, va de suyo, ejercerá el poder como decida. Va a hacer lo que Cristina diga”.

 

Por último, Julio Burdman (Observatorio Electoral Consultores) se desmarca de esas lecturas. “¿Alberto Fernández será un ‘Cámpora de Cristina’? No. ¿Y un Dimitri Medvédev, el político ruso que se alternó con Vladimir Putin? Tampoco. Alberto no ocupa la candidatura en reemplazo de una Cristina inhabilitada”, escribió ayer en Tiempo Argentino. “Alberto es un armador de gobernabilidad. Fue uno de los constructores de la Concertación Plural, la coalición política que llevó la fórmula CFK-Cobos al Gobierno en 2007 y, antes había sido un impulsor de la llamada ‘transversalidad’”, recuerda.

 

Amplía: “La segunda característica que constituye la personalidad política de Alberto es que le renunció a Néstor y Cristina Kirchner en plena crisis del campo. Marcó una disidencia de valores: no estaba de acuerdo con lo que sus jefes estaban haciendo en aquél momento. E hizo uso de la principal herramienta que tienen a disposición las personas libres a la hora de disentir. Estuvo distanciado de Cristina cuando ella estaba en su mejor momento electoral, y se acercó cuando estaba en el peor momento. Todo ese trayecto define una autonomía”, agrega Burdman.

 

Luego, en diálogo con El Economista, definió a Alberto como el Chief Excevutive Officer (CEO) de Cristina y, a ella, como la accionista mayoritaria. “Alberto será un administrador de crisis con Cristina como líder del peronismo. No es un chirolita porque las decisiones de gestión las va a tomar él ni será el líder del peronismo porque está ella”, dijo. Continuará…

 

Dejá un comentario