Mercados que pueden mejorar

15 de abril, 2019

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Por Luis Varela

 

Mientras en la calle se vive el gran desconcierto de sufrir recesión con inflación (nadie tiene un peso y los precios siguen subiendo), en el Gobierno se llegó al fin de semana con la sensación de haber cruzado el pantano, y que a partir de ahora quedan por delante situaciones no tan difíciles como en los últimos meses.

 

El alivio en el Poder Ejecutivo viene de un solo semáforo: el dólar dejó de subir. A lo largo de la semana pasada bajó 3,7%, desde el récord de $ 44,96 del viernes 5 de abril achicó hasta $ 43,29 del viernes pasado, con el blue en 43,65 pesos y el mayorista a $ 42,18.

 

El paso atrás del billete obedeció a dos razones bien precisas:

 

1- Por un lado, empezaron las liquidaciones de exportaciones de los productores agropecuarios (se venían vendiendo US$ 40 millones por día y se llegó a ruedas con más de US$ 120).

 

2- Por otra parte, llegó el préstamo del FMI (el martes entraron US$ 10.819 millones), que podrán ser vendidos desde este lunes por el Tesoro de a US$ 60 millones por día para tranquilizar las oscilaciones que tenga el dólar adentro de la banda cambiaria (es dinero para 180 ruedas, puntualmente hasta el 10 de diciembre próximo, día en el que comenzará el próximo período presidencial).

 

Hasta la semana anterior, sin la liquidación de los exportadores y sin dólares para intervenir adentro de la banda cambiaria, en el mercado únicamente había compradores, y el precio del billete no paraba de subir, tanto que se elevó de 40 a casi 45 pesos entre noviembre y la apertura de abril, 12,5% en apenas cinco meses.

 

Esa suba del dólar era uno de los motores que impulsaba la inflación interna (además de los aumentos de tarifas y otros valores, por supuesto). Esta semana se conocerá qué suba de precios calculó el INDEC para marzo, pero según la economista Marina Dal Poggetto “marzo nos da 4,1% mensual y 53,5% anual, y para abril estamos viendo 3,3%”.

 

Se supone que este freno al dólar y algunos ajustes que está haciendo el Gobierno (atados a la negociación que se lleva ahora con el FMI en Washington y a los anuncios que se harán este miércoles para reactivar los sectores económicos más estancados) nos entregará una tendencia inflacionaria más tranquila, que se irá apaciguando a medida que nos acerquemos a las elecciones presidenciales de octubre.

 

Pero si bien el dólar entregó una buena noticia, el resto de las variables financieras siguen mostrando que Argentina sigue profundamente enferma. Por ejemplo, la tasa de los plazos fijos sigue subiendo y el viernes tocó su máximo de todo el 2019: se pagó 46% anual por plata chica y 52% anual por plata grande.

 

Para entender el tamaño de esas tasas solo basta decir que si alguien pone con esos intereses en pesos lo que vale un dólar hoy, debería tener dentro de un año un valor de entre $ 63 y $ 66. Tal es el costo que debe pagar el sistema para que la gente siga guardando pesos sin gastar.

 

Por supuesto, una situación tan inestable genera gran desconcierto y la mayor parte de los inversores está desprendiéndose de activos argentinos. Hasta fines del año pasado se suponía que habría una salida masiva de los valores argentinos hacia junio o julio, pero la situación se enrareció tanto que el paso al costado se anticipó noventa días. Por eso, los bonos y las acciones argentinas retroceden sin parar.

 

La baja en los bonos es tan sostenida que rompe el piso de la “era Macri”. Según el índice del Mercado Abierto, los títulos públicos argentinos bajan 1,7% en abril, 2,5% en 2019 y 22% desde enero del año pasado.

 

Y debe advertirse que estas bajas se dan con diferencias notables. En abril, por ejemplo, no subió ningún bono, y hay bajas muy fuertes en varios papeles sobre todo bonos en pesos: el bono TVPY cae 16,4%, TVPA 15,9%, PARP 14,2%, PR15 12,8% y CUAP 9,2%, todos para abajo.

 

Hasta ahora el Gobierno de Cambiemos venía usando una muletilla: “Todo lo que nos pasa es culpa del gobierno de Cristina Kirchner”. Pero ahora hay un indicador que deja desnudo al PRO: CFK dejó su mandato con un riesgo país de casi 600 puntos, luego Macri lo había bajado a 350 unidades, pero ahora está en 808 puntos (luego de tocar 839 puntos a mediados de la semana pasada).

 

Y la baja de los bonos no es tan fuerte como la caída registrada por las acciones. La semana pasada, mientras las Bolsas de Nueva York y Tokio tuvieron subas mínimas del 0,3%, Frankfurt cedió 0,1%, Santiago de Chile bajó 0,2%, Madrid declinó 0,4%, México achicó 0,7% y, en el fondo de todo, la Bolsa de Buenos Aires cayó 4% y la de San Pablo se desplomó 4,4% (porque a Bolsonaro se le ocurrió impedir un aumento de combustibles en Petrobras porque la inflación brasileña está subiendo).

 

Lo particular del caso es que no todas las acciones suben o bajan en bloque. El Gobierno va tomando decisiones y los precios se disparan para un lado o para el otro. En lo que va de este mes, por ejemplo, la cotización de Polledo sube 53,8%, con Havanna y Quickfood subiendo 3,2% cada una, al tiempo que Boldt se desploma 29,1%, Grimoldi cae 22,8% y Metrogas retrocede 18,9%.

 

¿Podrá continuar esta caída en los valores argentinos? Todo dependerá de la elección presidencial de octubre y de las decisiones que tome el nuevo ocupante de la Casa Rosada. Si hay renegociación adecuada con el FMI, podrá evitarse un reordenamiento de la deuda pública y la falta de credibilidad habrá cesado. Los analistas afirman, convencidos, que los valores actuales no son característicos de un mercado que ve venir un default: “estamos en una situación de estrés, que puede ser resuelta”.

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