La economía global y un panorama algo peor

10 de abril, 2019

Por Ramiro Albrieu Economista

 

El FMI, en su Panorama Económico Global, pintó un panorama algo peor que el reporte de octubre del año pasado. El organismo multilateral espera que el mundo se expanda 3,3% en 2019, 0,4% por debajo de las estimaciones de octubre.

 

Para el caso de Estados Unidos se estima que se agotarán los efectos expansivos de la agresiva política fiscal del presidente Donald Trump y la economía crecería por debajo del 2% en 2020. Aunque poco se dice sobre cómo será esa reversión de política. En particular, el hecho de que la economía estadounidense registre una tasa de desempleo friccional, y ello no acelere decididamente a los salarios, es un misterio que agrega una dosis de incertidumbre al ya volátil esquema de política económica.

 

 

En Europa cada vez queda más claro que el crecimiento de los últimos dos años tuvo un componente cíclico importante que empieza a borrarse: de coquetear con un crecimiento cercano al 2%, se espera que en 2019 crezca apenas 1,3%. Más allá de algunos factores coyunturales -como los efectos de las protestas en Francia o el rezago propio del cambio regulatorio asociados a los vehículos a diésel en Alemania- se trata del conocido “estancamiento secular” que amenaza también a otras economías ya envejecidas (siendo Japón el principal ejemplo). El problema allí parece ser uno de insuficiencia de demanda: antes de la crisis de 2008 un conjunto de países liderado por Alemania crecía sobre la base de vender bienes y servicios a otro conjunto de países también de la región (como España o Grecia). La crisis subprime movió a buena parte de estos países hacia terrenos superavitarios, pero el mundo no está en posición de convertirse en el demandante de esos bienes.

 

En el mundo emergente parece confirmarse la hipótesis del soft-landing para China y un rol creciente para la India en materia de crecimiento global. De todas maneras, China seguirá expandiéndose a tasas cercanas a 6%, lo que continuará alimentando el proceso de convergencia de la economía asiática a los estándares de vida de los países de altos ingresos. India ya crece por encima de China, apoyada en la demografía y una aceleración en la migración hacia las ciudades.

 

Tras caer 18% en 2018, el PIB de Venezuela caerá 25% en 2019 y 10% más en 2020: además, el FMI estima una inflación de 10.000.000% para ambos años y un desempleo de 44,3% y 47,9%, respectivamente

 

Este panorama global supone que no aparecen turbulencias en el corto plazo. Si, en cambio, se acelera la guerra comercial -que ya comenzó a afectar a los flujos de comercio- el impacto en el crecimiento puede ser de magnitud. No creo que estemos en las puertas de una generalización de las políticas de “empobrecer al vecino” que fueron clave para explicar el estancamiento global de los ‘30, pero sí que los países líderes -en particular Estados Unidos y China- deben evitar una escalada en la tensión. También puede pasar que se dispare un evento de “vuelo a la calidad” en los mercados financieros y ello deprima el precio de los activos en el mundo emergente. Un evento de este estilo parece poco probable: el ciclo financiero internacional apunta más a la continuidad del relajamiento monetario y una ralentización en la suba de tasas de interés. De todas maneras, siempre puede haber un Turquía o una Argentina que dispare la demanda de activos seguros a nivel global y desestabilice al sistema financiero internacional.

 

Aún sin que ocurra alguno de estos episodios, el panorama de crecimiento en América Latina es decepcionante. No tanto las economías más pequeñas -como Chile o Perú, que crecerían por encima del 3%-, sino en las tres grandes. En México, las políticas de AMLO -y sus planes para el futuro- han complicado el acceso a los mercados financieros, mientras que en Brasil los mercados apoyan pero la política y la economía doméstica no dan señales de recomposición (a pesar de ello el FMI estima un crecimiento por encima del 2% para nuestro vecino). Y después está Argentina, que luego de muchos años vuelve a ser visto como un potencial riesgo para el resto del mundo. Esperemos que ese riesgo no se materialice.

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